En el amor es ajeno al maltrato
Por amor muere mucha gente, principalmente mujeres, el machismo posesivo en su afán de mostrar cada vez mayores pertenencias y cifrar su poder en la cantidad de bienes o propiedades adquiridas que pueda ostentar, confunde la importancia de ser con la falacia de tener, engañosa mentira que la sociedad ha infundado en la ingenua mente humana estafada por los espejismos de que todos se puede comprar con dinero, creyendo encontrar así la felicidad. De esta manera la relación matrimonial se confunde con la esclavitud o dependencia y puede ser asimilada como una operación mercantil que ignora los sentimientos y desconoce el verdadero significado del matrimonio que significa unión de dos almas bajo la sombra del amor.
Tarde o temprano, generalmente tarde, nos damos cuenta de que la felicidad reside muy lejos del dinero o las posesiones materiales y muy cerca de nuestro interior, vive con nosotros esperando que la dejemos salir en una sonrisa amable o en la alegría de los pequeños detalles y en la paz del espíritu cuando actuamos en armonía con el alma.
El control ejercido durante largo tiempo sobre su presa indefensa ha convencido al supuesto poseedor de la imposibilidad de perder su bien, su pareja en este caso, sin embargo, al temor a perderla lo lleva a ejercer los más absurdos controles despertados por los celos.
La codicia desconocedora de la libertad ajena, la independencia y el libre albedrío enfocado hacia la evolución propia, controla y manipula de manera enceguecida al objeto de su posesión, llegando a excesos de crueldad cuando se enfrenta impotente, espiritual e intelectualmente, sobre todo emocionalmente, a un espíritu libre. En un despertar de la conciencia la víctima decide liberarse y ser ella misma en un desafío extremo para quien ejerce el poder. O simplemente, al llegar el fin de la relación, el apegado no la va a dejar ir fácilmente porque es suya, según él, nadie más puede disfrutarla, y ahí es donde vienen toda clase de retaliaciones y abusos, llegando a veces hasta la muerte
En el momento de darse una ruptura definitiva no valen los temores y toda la lucha y manipulación ejercida para evitar esa coyuntura se juntan a la pérdida, inaceptable para el perdedor. Los defectos se controlan con las virtudes opuestas, la oscuridad sólo será vencida con la luz, la guerra con la paz y el odio con amor, pero amor verdadero, no un enamoramiento emocional representado por apego despersonalizado y el oprobio de la manipulación ejercida para conservarlo, más bien para no perderlo, al contrario, lo que hay que hacer es dejar que florezca en la relación el sentido del servicio y el respeto a la libre autodeterminación.