Crisis del gabinete
La noticia de la semana fue la crisis ministerial que desató el presidente Petro. Por lo que se ha podido saber, el origen del problema fue el contenido de la reforma que promovía el gobierno para el sistema colombiano de salud. Por su ideología de izquierda, el presidente no acepaba que el dinero público que alimenta dicho sistema, proveniente, ya del presupuesto nacional, ya de los aportes de los afiliados, continuara siendo manejado por entidades privadas como lo son la mayoría de las EPS, con lo que la reforma iba a dejar esas entidades sin funciones importantes y terminarían marchitándose y, finalmente, desapareciendo. Con dos consecuencias graves: la eliminación del aseguramiento de la salud (por lo que el sistema se sostendría directamente con dineros del presupuesto nacional) y la imposibilidad de que continúe existiendo la libertad de elección con que actualmente cuentan los afiliados que son, créase o no, más del 95% de los ciudadanos; tal libertad dejaba de existir, ya que se pretendía levantar unos centros primaros de salud de asignación obligatoria para cada ciudadano.
Hubo muchas horas de discusión entre el gobierno y los parlamentarios de los diferentes partidos políticos que veían la disolución de las EPS como una forma grave de deterioro de la situación de los usuarios. Se llegó a acuerdos para salvar las EPS, pero según información de los representantes de esos partidos, una vez logrado el acuerdo, la ministra Corcho o sus auxiliares redactaban una ponencia en la que no se incluía lo acordado, a pesar de las declaraciones del mininterior Prada en el sentido de que tales propuestas se estaban aceptando. Con ello, esta señora hacía quedar mal al presidente, quien confiaba en que las nuevas redacciones atendían los acuerdos. Los partidos hacían declaraciones en las que aseguraban que no respaldaría las propuestas presentadas. Finalmente, Petro decidió cortar por lo sano, dar por terminada la coalición que había logrado constituir para liderar el gobierno, reconfigurar el gabinete con funcionaros de su propia cuerda. Y de paso, quitar de en medio a la Corcho, cuya tozudez e incapacidad de negociación eran, en proporción muy importante, responsables del conflicto.
Es de temer que este fracaso del gobierno tenga como consecuencia un endurecimiento de sus posiciones ideológicas y que, acudiendo a los balconazos y a la presencia popular en las calles, logre sacar adelante una reforma más parecida a las ideas con las que él comulga que a las necesidades reales de la población. ¿Y qué pasará con quienes disfrutaban del privilegio de estar afiliados a las EPS que sí han funcionado bien? Pues, como dice la humilde vicepresidenta Francia, «¡de malas!». Al fin y al cabo, la extrema izquierda cree, y ha creído siempre, en una igualdad que consiste, no en mejorar a los que están mal, sino en desmejorar a los que están bien. Para que todos queden… igual de fregados (con jota).
Y que conste que a las reformas presentadas por el gobierno hay que reconocerles algunas ideas muy buenas, como el fortalecimiento de la salud primaria y el énfasis en las prevención y promoción de la salud sobre las tareas de curación de la enfermedad.
Siguen las corridas
Por quinta vez fracasó en el congreso un proyecto de ley que buscaba convertir a Colombia en un país civilizado, donde se busque el bienestar de los animales y no se considere «cultura» la práctica de su maltrato y tortura pública. Esa derrota que sufren los animalistas, sin embargo, no será definitiva. Por supuesto, se salva por un año más la Feria de Manizales de la importante planeación que tendrán que desarrollar sus dirigentes cuando finalmente se prohiban las corridas, porque éstas son, hoy en día, la base del evento. Cuando no haya toros, lo cual tarde o temprano ocurrirá, será necesario pensar en un conjunto espectacular de espectáculos artísticos, deportivos y culturales, si se quiere mantener el atractivo de una festividad que esperamos que continué siendo una de las mejores en América.
Para orgullo… y nostalgia. Mientras estábamos reunidos preparando las notas para este Aquelarre, nuestro contertulio futbolero nos trae a cuento una historia maravillosa. Ocurrió en 1950, hace ya más de 70 años, y por eso la mayoría de los testigos que tuvo esa historia ya están muertos o han pedido la memoria. Quedan muy pocos manizaleños que recuerden ese extraordinario evento que tuvo lugar en la misma temporada en la que nuestra ciudad celebraba el primer centenario de su fundación. y sus habitantes estábamos plenos de mística y entusiasmo.
En esos años, finales de los 40 y principios de los 50 del siglo pasado, estaba surgiendo en la Argentina una gran cosecha de futbolistas, grande tanto en cantidad como en calidad. Por causa de conflictos en la relación laboral entre esas insignes estrellas del deporte y los clubes de fútbol de ese país, muchos de esos jugadores excelsos salieron de su patria. Colombia, incumpliendo reglas internacionales que regían el deporte, acogió en su seno a muchos de ellos, en diferentes equipos, especialmente en el Club Los Millonarios. En Colombia se jugó en esos años, conocidos como la época de El Dorado del fútbol colombiano, un fútbol de alta calidad, de nivel mundial, perfectamente comparable, y a veces superior, al de los mejores equipos europeos.
En esa época jugaron en Millonarios, por ejemplo, para nombrar solo a tres, porque una lista exhaustiva sería extensísima, luminarias como Néstor Raúl Rossi, Alfredo Di Stéfano, y Adolfo Alfredo Pedernera, jugadores cuyos nombres siguen deslumbrando al mundo después de todo este tiempo.
En ese ambiente de práctica excelsa del fútbol, cuando en Colombia se jugaba, si no el mejor fútbol del mundo, sí uno de los mejores, el Deportes Caldas de Manizales, uno de los dos equipos profesionales que representaban en ese momento a la capital de Caldas, (el otro era el Once Deportivo), se consagró campeón nacional, con 45 puntos, con segundo lugar de ese Millonarios lleno de estrellas que completó 43, y tercer puesto para el Deportivo Cali con 41. El Deportes Quindío aún no existía, el Pereira terminó en el puesto 13 con 23 puntos, y el citado Once Deportivo de Manizales fue colero (puesto 16 con 16 puntos). El goleador de ese año fue el jugadro Casimiro Ávalos del Deportivo Pereira con 27 goles, y el segundo Julio Ávila del Deportes Caldas con 24. El tercero fue Alfredo Di Stéfano de Millonarios con 23. Estos datos fueron confirmados en la entrada Campeonato Colombiano 1950 de Wikipedia, vía Google.
¡Bien por la doctora Cecilia López!
Se había escrito ya esta nota, cuando estalló la crisis ministerial. Vale la pena, sin embargo, resaltar la razón que asistía en el regaño que le pegó a doña Irene Vélez, ministra de Minas, la ilustrada y experimentada ministra de Agricultura y Desarrollo Rural, la prestigiosa doctora Cecilia López, citada por el diario El Tiempo al informar sobre el «gran foro Perspectivas Económicas 2023», según video de YouTube del pasado 20 de abril, quien dijo textualmente: «Como viene la ministra de Minas, yo tengo un mensaje: A mí me enfurece que nosotros los países en desarrollo adoptamos el discurso de los países ricos; entonces nosotros estamos en este momento defendiendo que hay que proteger el mundo, etcétera; y no se dan cuenta (de) que lo que nos están exigiendo a nosotros fue exactamente lo que ellos no hicieron; los países ricos tuvieron la revolución verde, usaron todo lo que nos están prohibiendo que usemos, con lo que lograron la productividad que nos ha sacado del mercado. Y nosotros somos tan ingenuos que repetimos eso como unos loros… La manera linda de decirlo es que la transición energética es imposible sin la transformación, y la transformación productiva. en Colombia, y en la mayoría de nuestros países. es imposible sin la recuperación del sector agropecuario». Lo que falta agregar a esto es que la recuperación del sector agropecuario, y del setor industrial y, en general, de la economía del país, depende de los ingresos de divisas que podamos obtener. Y resulta que las fuentes de divisas con que contamos se encuentran principalmente en las exportaciones de combustibles fósiles que logremos colocar en el mercado internacional.
Por ahora, por supuesto, tenemos abierto un panorama futuro de unos pocos años de producción y de exportaciones. Pero si no firmamos ya mismo nuevos contratos de exploración de esos combustibles, antes de que nos demos cuanta se nos acabarán esas reservas. De modo que, mientras tengamos gas y petróleo (y carbón, aunque nos parezca terrible), la sensatez nos obliga a seguir explorando y explotando esos productos hasta cuando hayamos llegado a esa transformación productiva. No hacerlo así es un suicidio colectivo. No tendremos divisas para sacar adelante el país, ni las grandes cantidades de impuestos, regalías y dividendos que recibe el Estado, en muy altos porcentajes, de la industria petrolera.
Doña Irene no se quedó callada. ¡No faltaba más! Haciendo gala nuevamente de esa testarudez que generosamente difunde, dijo que la doctora López era tan inteligente que, seguramente, había querido decir otra cosa y que, además, la transición energética es una política de gobierno. O sea, que no hay remedio. Vamos a desperdiciar la gallina de los huevos de oro, mientras nuestra economía ,y nuestro desarrollo se sacrifican; y el resto del mundo, no solo no nos lo gradecerá, sino que ni siquiera se dará cuenta, dado lo insignificante que resulta nuestro aporte en términos ambientales, en contraste con el inmenso sacrificio que sí significa para nosotros.
