23 de julio de 2026

VIII En los “sueños de Luciano Pulgar”

28 de febrero de 2023
Por Hernando Salazar Patiño
Por Hernando Salazar Patiño
28 de febrero de 2023

Querido Vicente Pérez Silva:
Sabemos que formado el grupo, lo mencionó al público, Germán Arciniegas, con quien habían tenido debates en una famosa asamblea estudiantil. Silvio Villegas lo corroboró en un artículo de El Nuevo Tiempo titulado En la Cueva de los Leopardos, y el periódico La República, les hizo a todos un reportaje, el 12 de octubre de 1923. Según lo cuenta Villegas, en él dijeron, entre otras cosas: “Los partidos pierden en el poder los hábitos de lucha; nosotros queremos restaurar para el conservatismo su antigua y noble insolencia…Quisiéramos una vasta organización nacional desenvuelta en torno a las ideas tradicionalistas”

Mas la importancia nacional se las dio desde un principio don Marco Fidel Suárez, admirado gramático y humanista, que ya era expresidente, después de haber sido consejero de Estado, congresista, ministro de Relaciones Exteriores más de una vez, y que fue candidato por su partido, dividido entre él y el maestro Guillermo Valencia, quien tuvo también el apoyo liberal, y el republicano, y el candidato radical, lanzado por El Liberal, José María Lombana, para el período 1918 a 1922, en el que fue elegido presidente, y el que Suárez no pudo terminar.

Los futuros Leopardos no alcanzaron a votar, porque apenas terminaban el bachillerato, y la mayoría de edad, entonces, era a los 21 años, lo que pocos jóvenes saben. La administración Suárez tuvo desde el comienzo una terrible oposición de los dos partidos, sumadas las consecuencias de la guerra europea, y la crisis económica que trató de capotear con empréstitos. Pero es innegable que le dio impulso a la construcción de ferrocarriles, a muchas carreteras, su tránsito por el Viejo Caldas a mediados de febrero de 1920, fue inolvidable para sus moradores, lo mismo lo que hizo por otras regiones, sin un solo escolta, que era como caminaba el centro de la capital. Quizá por eso fue atropellado por un ciclista y por un coche de caballos, haciendo liberar a los conductores.  Se creó el servicio de aviación y se dio el primer vuelo en su gobierno, causa suficiente por la que la escuela aérea de Cali lleva su nombre. Puso el teléfono inalámbrico para varias ciudades, lo mismo que el sistema cablegráfico, el muelle de Buenaventura, la apertura de Bocas de Ceniza, y hasta el primer censo nacional que sumó 5.855.077 habitantes en Colombia, más otras obras que hizo durante su obstaculizado y corto ejercicio, por lo que vale la pena señalarlas.

La administración de Suárez comenzó a tener paros y mítines, y es la que sanciona la ley 78 de 1919, sobre huelga, la primera dictada en Colombia. Y se dieron más. Por ejemplo, de Medellín a Bogotá, se extendió la huelga estudiantil de la Universidad de Antioquia, el 16 de mayo de 1921, por negarse el notablato conservador más cerrado, a permitir que se colocara en el paraninfo de la Universidad de Antioquia, el retrato de don Fidel Cano, fundador de El Espectador, lo que no hizo más que agravar la oposición  terrible en la segunda mitad del mandato de Suárez, por parte de los periódicos liberales, de Luis Cano, de Eduardo Santos,  en especial de Alfonso López,  y los jefes de este partido. Esto, con la discusión del tratado con Estados Unidos  sobre la separación de Panamá, y la coalición conservadora y liberal, de Pedro Justo Berrío, Nemesio Camacho y Olaya Herrera, que le dio la vocería al copartidario del Presidente, el  representante Laureano Gómez, para hacerle una serie de acusaciones desde la Cámara por haber vendido los sueldos, para unos préstamos personales que garantizó con hipoteca, fue lo que ayudó a precipitar su renuncia.

El que su permanencia como presidente, podría dificultar la aprobación del Tratado que trabajó desde que era ministro de Relaciones, sumada el alma adolorida a causa del hijo que murió en Estados Unidos, por el que se endeudó para poder traer su cadáver, más las injustas acusaciones, lo inclinaron a resignar su poder en  el designado, don Jorge Holguín, y hasta quiso  devolver sus antiguas condecoraciones, lo que naturalmente no le fue aceptado, porque era todavía el presidente, y digno de serlo. Tuvo sí, apoyo en mucha base popular, por su origen, por su humildad, y su apasionado catolicismo. Pero esas inculpaciones, le provocaron una amargura inacabable, de la que se sacará unas cuantas y sutiles espinas, en la castellana ironía de su obra los Sueños de Luciano Pulgar.

Su antecesor, querido Vicente, el santandereano Agustín Rodríguez Garavito, nos trae en su biografía este escrito de José Camacho Carreño: “Es provechoso recordar qué objetivo originó el grupo de Los Leopardos y bajo qué rasgos políticos nació a la vida pública. Cursábamos unos bachillerato y jurisprudencia otros, en las postrimerías del gobierno de Suárez. La persecución al prohombre había impresionado dramáticamente nuestra juventud y levantado en nosotros un sentimiento de justicia. Lo rodeábamos entonces ofrendándole las primicias intelectuales a trueque de aproximárnosle, para extasiarnos de cerca en la majestad de su vida purísima y en la inmarcesible gloria de su palabra”.

Y nos dice que Camacho Carreño veneraba a Suárez. Para probarlo, cita el que aprecia “un ensayo digno de la más esquiva antología del idioma”  Y usted Vicente a su vez, en la suya, demuestra que este joven de 19 años, fue “el inspirador de este verdadero caudal de conocimientos”, que fueron los 12 tomos de los Sueños de Luciano Pulgar, aludiendo al Sueño del ministerio mixto, que investigó en la publicación original de El Nuevo Tiempo, de octubre 30 de 1923. Dice en este Suárez: “Él fue quien me animó a que escribiera, a lo cual asentí movido por las reflexiones que supo hacerme. Aunque no ha terminado sus estudios, noté desde luego en el joven Camacho Carreño precocidad de buen juicio y discreción, pues me habló desde mi primera entrevista como hombre hecho y formado…Camacho piensa antes de hablar y de escribir, y antes de pensar gusta leer obras magistrales… no descuida tampoco la gimnasia del estilo para lo cual debe leer su media hora de autores modelos”.

Que la que Justino, el interlocutor de don Luciano, llama carta, no lo es, lo descubrió usted, y según juzgó con lógica, es una “Nota cotidiana”, muy pertinente sobre el momento político, distinto al esbozo que incluyó Rodríguez Garavito. Y advierte bien que, desde la primera edición, en 1926, en el Sueño que aparece en el tomo III, y así lo comprobé en la mía de 1954 -procurándome complacido, y deleitoso algunas relecturas-, aquella en la que Camacho Carreño es personificado literariamente en Mercurino Gutinara, haciendo quizá alusión al humanista que fue canciller de Carlos V.

Don Marco Fidel Suárez fue definitivo en la historia de Colombia, en la lengua castellana, en darles ámbito nacional y literario a los jóvenes Leopardos, y en lo que representó para ellos.