23 de julio de 2026

VI  “los leopardos”, por ellos mismos    

4 de febrero de 2023
Por Hernando Salazar Patiño
Por Hernando Salazar Patiño
4 de febrero de 2023

Vicente amigo:

Me satisfice con usted, al volver sobre lo que fueron Los Leopardos, estos seres ejemplares, escritores, políticos y oradores, que desde su juventud universitaria, hasta su muerte, llenaron de inteligencia y buen decir, y por descontado, de honestidad, la política colombiana, por poco más de medio siglo. Creo habérselo dicho en su oportunidad. A mi manera, teniendo en cuenta la vida política y el momento intelectual, cuento de nuevo, reiterando algunos aspectos, y enfocando otros desde mi óptica, la  historia de qué fueron Los Leopardos, y por qué surgieron. El testimonio mismo de sus protagonistas, es la fuente indiscutible que tenemos. Para comenzar, me atengo al del mismo Silvio Villegas, quien fue el primero en hacérmelo saber: “En 1917  conocí a Eliseo Arango en el Instituto Universitario de Caldas. Venía del Chocó magro y pálido, trabajado por el paludismo y por una fiebre eruptiva de conocimientos. Este suceso iba a ejercer una influencia decisiva en mi vida”. Dos o tres años más tarde, recién llegaron a la Facultad de Derecho, “nuestro orgullo intelectual -confiesa Silvio- era diabólico. Arango se arrojaba a la polémica con acento de desafío”.

Conoció a los otros, en la Universidad Nacional, pero sobre todo, en La República de Alfonso Villegas Restrepo: “Su generoso estímulo no le faltó a ninguno. El espíritu pendenciero y mosqueteril de nuestra generación tiene el sello inconfundible del gran diario republicano”. “Conocí a Augusto Ramírez Moreno, primero, y a Joaquín Fidalgo Hermida y José Camacho Carreño, más tarde. Veníamos de distintos polos geográficos y espirituales. Nos reuníamos en un apartamento de la carrera 8, entre calles 18 y 19, a discutir los más variados temas de literatura y de política. El grupo fue bautizado por Ramírez Moreno en memoria de tres ágiles y combativos leopardos, auténtico orgullo de un circo de fieras que visitaba entonces a Bogotá. Germán Arciniegas fue quien primero lanzó el nombre al gran público. Audazmente acepté el reto en un artículo de El Nuevo Tiempo titulado: “En la cueva de los Leopardos”. Nuestra primera manifestación conjunta fue un reportaje en La República, editado en la edición de estreno de sus nuevos talleres.

Silvio cita qué decían entonces: “Los partidos pierden en el poder sus hábitos de lucha; nosotros queremos restaurar para el conservatismo su antiguas y noble insolencia. En política lo fundamental es la ofensiva: la defensa es un accidente. Quisiéramos una vasta organización nacional desenvuelta en torno a las ideas tradicionalistas.” Y el mismo Villegas explicó en el libro que definió su pensamiento juvenil, que “acababa de concluir, en medio del mayor desprestigio, la administración (Marcó Fidel) Suarez. Toda la juventud universitaria se matriculaba en el partido liberal y en el comunismo, no solo por su tendencia natural a defender las causas vencidas, sino porque la prensa de oposición y, sobre todo, el más tempestuoso de nuestros tribunos (Laureano Gómez), había convertido el nombre de nuestra colectividad en sinónimo de infamia. Del caudaloso movimiento doctrinario de 1886, no quedaba sino una “burocracia reumática”, que tenía el poder, pero no los honores del espíritu. Pasada la administración Ospina, que restauró nuestro prestigio administrativo, el régimen ya no tenía servidores sino usufructuarios”. …

A su vez, Augusto Ramírez Moreno, contó en un escrito de junio 12 de 1928, en El Debate: “En un proceso indefinible, pero continuo y seguro, surge perfecta armonía entre Arango, Camacho Carreño, Fidalgo Hermida, Villegas y el que esto escribe… El grupo Los Leopardos queda constituido. Bautizado por nosotros a raíz de una lucha sin cuartel y sin derrotas en contra de la juventud radical, Silvio Villegas  hace al nombre un desenfadado y efectivo reclamo que lo consagra, ayudado por la complicidad de don Alfonso Villegas Restrepo, de Luis Eduardo Nieto Caballero y de Germán Arciniegas (que lanzó ese nombre al público, según Silvio), quienes rehúsan beligerancia a (Abel) Casabianca -entonces digno director de El Nuevo Tiempo- y persigue con adjetivos mortificantes a sus colaboradores”.

Usted cita una desconocida carta de Joaquín Fidalgo Hermida, a su compañero Ramírez Moreno, en la que le dice: “Inicialmente, tú bautizaste el grupo de los tres que dimos en el Conservatorio Nacional de Música la inolvidable carga contra la Asamblea estudiantil de Germán Arciniegas. El nombre lo tomaste de tres elásticos animales que entonces zarandeaban en el circo de una domadora rubia y nervuda que se llamaba Miss Pauline…Tu organizaste aquella expedición del pensamiento tradicional que representamos y que debe salvar a Colombia.”. De no conocerse la ficción política novelada Los Leopardos (Editorial Santafe 1935) de Ramírez Moreno, quien se subjetiviza  en el personaje de nombre Sergio, así como a Silvio se le identifica con el de Claudio, y a Eliseo con el de Antero,  la supuesta carta sería un documento real, pero lo es el libro, y puede tenerse como tal, porque en su ficción, hace el retrato de sus amigos, y el que tiene de sí mismo, que son, con tres más, femeninos, los personajes de la obra.

En su libro, encuentro el poco divulgado recuerdo de Eliseo Arango: “Lo que nos animó en el grupo fue el prejuicio muy defendido en la universidad, de que las ideas conservadoras eran atrasadas, mandadas a recoger. Queríamos entonces, darle una fisonomía intelectual al Partido Conservador presentándolo como amigo del progreso, de la cultura, de la civilización… Como grupo fuimos muy solidarios, indudablemente. Esto no significa que tuviéramos todos el mismo concepto sobre los hombres, los hechos y las ideas. Teníamos nuestras diferencias, pero sabíamos zanjarlas”.

Sigamos a Silvio Villegas: “Nuestro movimiento era esencialmente contrarrevolucionario. Ante el avance del comunismo, encontramos un Estado débil, sin más programa que ceder ante las amenazas de la revolución”. “Aspirábamos concretar en un manifiesto nuestras ideas nacionalistas…. Y aquí define mejor, lo que significaron en el momento de su aparición, cuando apenas rebasaban los veinte años de edad, y comenzaban a graduarse de sus estudios universitarios: “La importancia del manifiesto nacionalista, no estaba solamente en las ideas sino en el gesto. Por primera vez en muchos años de historia patria, un grupo juvenil reclamaba su jerarquía intelectual, quebrantando la costumbre que solo el coro de los ancianos podía dirigirse con autoridad a la nación. Si la juventud está hoy proscrita de los cuadros directivos de la oposición la culpa es suya, porque en las horas críticas se suman a los temblorosos patricios y no a sus intrépidos compañeros.”

Para hacer más objetiva y comprensible la relación de lo que motivó, hace cien años, la formación del grupo llamado Los Leopardos, hecha por uno, el más insistente de sus actores, debemos situarnos en su tiempo, Vicente, y usted, conocedor como el que más, me permitirá sea mi propia visión, acompañada de las memorias del inaugural maestro, Silvio Villegas, eje y sujeto de esta conversación.