21 de junio de 2026

El aquelarre. Un delito fantasma

18 de febrero de 2023
Por La Bruja sin Escoba
Por La Bruja sin Escoba
18 de febrero de 2023

Un delito fantasma. Se encontró el ministro de Justicia un delito clandestino que había permanecido mimetizado en el código penal colombiano, y por el que, estamos seguros, no debe haber nadie ‒o casi nadie‒ que esté, o haya estado detenido en este país.

Se trata del incesto.

Antes de que me caiga el mundo encima, debo aclarar que estoy hablando del incesto pacífico, el que figura en el código penal, que es el que comete «el que realice acceso carnal u otro acto sexual con un ascendiente, descendiente, adoptante o adoptivo o con un hermano o hermana». (Artículo 237 del código). En ningún momento considero como tal el acto sexual entre esas misas personas cuando uno de los dos individuos hace uso de un mayor poder, una mayor fuerza, o cualquier condición que presione al otro y le impida negare si ese es su deseo. Esto ya sería abuso sexual, o violación. Y esos sí son delitos, porque se llevan a cabo por una persona contra la voluntad de la otra.

Pero, si ese no es el caso, ¿a quién le puede afectar el hecho de que dos hermanos, una muchacha bonita y un joven apuesto decidan tener sexo juntos? Si uno de ellos, tuviese (o la tuviesen ambos) una unión marital con un tercero, este último sí podría sentirse perjudicado. Pero eso ya no sería por el incesto, sino por el adulterio. Y conste que ya el adulterio dejó de considerarse delito (en Occidente, claro) y desapareció de los códigos penales.

Visto así, es inexplicable que ese «delito» siga existiendo en nuestro código penal. Es afortunado el hecho de que el ministro de Justicia lo haya encontrado, para tener la oportunidad de eliminarlo como tal y depurar el código.

Cuando Colombia era un Estado confesional, tenía una religión oficial y se entronizaban imágenes del corazón de Jesús en los recintos oficiales, había que aceptar que hubiese artículos del código penal cuyo único objetivo fuera tipificar como delitos algunas actuaciones que, en realidad, eran solamente pecados. Pero en la actualidad, dado el laicismo adoptado por el país de manera oficial, y cuando se tiene una claridad absoluta sobre la separación entre la Iglesia y el Estado, es evidente que son los curas los que deben perseguir a los pecadores, y no los policías y los jueces, cuyos deberes de perseguir y sancionar, deben dirigirse únicamente hacia los verdaderos delincuentes.

Ideología vs. técnica. No quisiera uno tener que hablar cada ocho días contra el gobierno Petro. Pero él se empeña en avivar el debate público, y cada mañana suelta alguna declaración que atrae las críticas de la mitad del país (ahora, tal vez un poco más), que no está de acuerdo con el rumbo que está tomado el gobierno.

Hay que aceptar que a nuestro sistema de salud se le pueden hacer ‒se le deben hacer‒ mejoras importantes. La atención primaria, el énfasis en la prevención y la garantía de que los dineros de la salud no se vayan a alimentar la corrupción, por ejemplo. Pero eso de construir sobre lo destruido (no sobre lo construido como de manera mentirosa, lo habían prometido la señora Corcho y el presidente Petro), no parece ser lo mejor.

Sin duda, el papel de les EPS es trascendental en el sistema, así sea reformado.  No se puede decir que, porque hay 600 pequeños municipios en los que la carencia de servicios de salud es notable, entonces se debe acabar con lo que sí funciona para millones y millones de colombianos, en la mayor parte del país. Esa solución resultaría acorde con la manera como lograban la igualdad los viejos comunistas: donde haya desigualdad, no se mejora la situación de los que están mal, sino que se nivela por lo bajo: se desmejora a los que estén bien, y así se logra que todos queden iguales: igualmente en la olla. Parece que no han aprendido la lección que les ha estado dando el partido comunista chino que, sin dejar de ser una despótica dictadura (pregunten por ejemplo a los a los uigures), ha logrado, esto no se puede negar, un nivel de bienestar general cada vez más notable.

En conclusión, aceptemos que la extrema izquierda ganó las elecciones presidenciales hace medio año, y que van a gobernar con sus métodos. Pero no es explicable que, por seguir a rajatabla la posición ideológica según la cual el sector privado debe desaparecer, el régimen decida apartarse totalmente de la experiencia vivida, de la técnica y de la ciencia que demuestran que, al menos en relación con la salud de los cincuenta millones de habitantes de este país, el sistema de las EPS ha logrado crear un esquema de un valor incalculable. Jugar con el futuro, la salud y la vida de tanta gente sería una irresponsabilidad mayúscula.

Las relaciones con el Perú. 

El presidente de Colombia, Iván Duque, y el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro no podían entenderse. Pertenecían a orillas ideológicas totalmente opuestas y, de alguna manera, sus diferencias los condujeron a un gran aborrecimiento personal. Esa era, al menos, la imagen que proyectaban. Eran irreconciliables, y con su actitud causaron gran deterioro a las relaciones entre las dos naciones, relaciones que apenas están empezando a arreglarse en estos tiempos. Esta situación nos ha dejado una gran enseñanza que debemos aplicarla ahora: entre nuestros países debne existir una gran amistad y amplias relaciones humanas, diplomáticas y comerciales. Pero también un profundo respeto a las decisiones internas de cada uno de ellos sin que los otros intervengan, a no ser en casos como el nuestro, en que hemos pedido específicamente la actuación de algunos estados amigos en calidad de garates de los procesos de paz.

Por lo anterior, es bueno recomendarle a nuestro presidente que mire con benevolencia el proceso peruano y no intervenga en él. Esperemos a que esos hermanos nuestros puedan arreglar sus diferencias. Por más amigo que sea Petro de Pedro Castillo y de su posición de izquierda, no está claro quién tiene la culpa de lo que está pasando allá. Muchos colombianos creemos que la realidad constitucional está de parte del congreso. Petro parece no creerlo así. En todo caso, dejemos que sean ellos quienes finalmente encuentren la solución.