¡Réquiem por el Lago La Pradera!
Es un espejo de agua grande, clavado entre los nuevos escombros del modernismo en pleno corazón del eje cafetero, pero en especial, del municipio de Dosquebradas. De la invasión de constructoras que arrasan, muchas de ellas, tapando ríos y quebradas. Humedales, lagos, exterminio verde.
Hubo señales de la postración del lago, que era visitado por cerca de 4 mil personas semanalmente: el alcalde Diego Ramos, el aspirante a la alcaldía, Miguel Rave, el periodista y precandidato al concejo, Miguel Ángel Correa Bedoya, en una documentada exposición. El Área Metropolitana, guarda espeso silencio sobre la parte de lo que le corresponde.
Hoy, la CARDER, con su director Julio César Gómez Salazar, quien ha estado por estos días revisando el estado de páramos, las aguas de los ríos Cauca y la Vieja, como sujetos de derecho, con la Justicia, se enteró de primera mano, de la muerte del Lago La Pradera.
Con las acciones que emprenderá y esperando que el ciudadano se apropie del mismo, lo sienta y no lo padezca, esperamos su resurrección.
Lo hará mediante hechos sancionatorios y correctivos, que son esperados en medio de la negligencia de por lo menos una docena de instituciones.
Con lo ambiental, han existido perversos compadrazgos en Dosquebradas.
Mucho deja qué decir, las Curadurías, ¡otra vez!, Planeación, Descontrol físico, las Veedurías, Personería, Contraloría, organismos ambientales y expertos que solo buscan contratación o prebendas, para saciar la sed que les arroja la naturaleza. El daño es irreversible. Hay necesidad de acciones ya. Todo el esfuerzo no se lo podemos dejar a la CARDER.
Dosquebradas, merece revisarse con la calidad de las construcciones en marcha y ya realizadas, en esa densificación desproporcionada alimentada por el volteo de tierras y por capitales en fuga.
Pero, mucho deja qué desear, el Concejo de Dosquebradas, juez y parte en este entierro selectivo de lo ambiental.
Llaman, también, en otra dimensión, para prender las alertas por el otrora Club del Adulto Mayor.
Esto, es un requién por el Lago de la Pradera, que se “muere” ante los ojos de todo el mundo. Se “ahoga” en la desidia en el negocio inmobiliario y logístico, que tanto gusta a los nuevos capitales, que sobre los lomos verdes, dejan cicatrices y tatuajes en el alma ciudadana.
¡Réquiem, por el Lago La Pradera!