29 de noviembre de 2022
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Juan Sebastián Giraldo Gutiérrez
Ximena Giraldo Quintero

El aquelarre

19 de noviembre de 2022
Por La Bruja sin Escoba
Por La Bruja sin Escoba
19 de noviembre de 2022

Una apuesta audaz. Esto es lo menos que se puede decir sobre la decisión del presidente Petro de solicitar la participación de José Félix Lafaurie como miembro del equipo negociador del gobierno en las conversaciones de paz que se van a reiniciar con el ELN. El presidente de Colombia y el de FEDEGAN son personas que han estado desde siempre en extremos opuestos del espectro político. La oferta del gobierno, por una parte, y la aceptación del líder empresarial, por la otra, generan la esperanza en un nuevo clima en las relaciones entre las diferentes posiciones ideológicas. Petro arriesgaba un rechazo por parte de Lafaurie, pero este encontró razonable la oferta. Si bien no va a ser el jefe de la delegación, posición que va a detentar Otty Patiño, una persona con experiencia en las negociaciones de este tipo, en las que participó hace años como miembro de la guerrilla del  M-19, y que ahora va a repetir el ejercicio, pero desde el otro lado de la mesa, la presencia de Lafaurie en el proceso dará a la derecha política la posibilidad de intervenir en la negociación y presentar una opinión diferente a la unanimista que podría esperarse de un grupo aparentemente muy afín a los anhelos de la guerrilla y que, por ello, seguramente simpatizará con la contraparte. La voz de Lafaurie buscará atemperar las concesiones que deban hacerse para lograr la desmovilización de los alzados en armas. La esposa de Lafaurie y la derecha colombiana han criticado al líder ganadero por haber aceptado la designación. No se dan cuenta de que, a través de esa decisión, se está permitiendo que también los que sienten temor respecto al posible resultado de estas negociaciones puedan ser oídos en los debates.

El alcalde y Yamid. Después de las numerosas críticas, incluida la nuestra, recibidas por el alcalde de Manizales, Carlos Mario Marín, con motivo del acuerdo firmado con la «república de Liberlandia» para que esta ofreciera cursos gratuitos de inglés a cinco mil jóvenes manizaleños, y después de un silencio de dos o tres días por parte del funcionario, el alcalde dio la cara a la opinión pública y se presentó en el programa de televisión Pregunta Yamid cuyo director, Yamid Amat, le hizo una entrevista sobre el tema.

Marín reconoció la ligereza y la ingenuidad que lo llevaron, a él y a su equipo, a caer en el engaño y a firmar el convenio con el que, afortunadamente, no se llegó a adquirir compromisos onerosos de ninguna clase. De esta nos salvamos. Hay que reconocerle al acalde su arrepentimiento sincero. Errare humanum est, y nuestro alcalde es un ser humano; de todos modos, la ciudadanía espera un mayor cuidado en los contactos que, como alcalde, Marín tendrá que seguir adelantando con gentes de todas las calañas. Lo importante es que algo se haya aprendido de esta experiencia.

Lo que sí parece un exabrupto, y no del señor Marín sino de sus opositores, es la denuncia elevada contra él por una supuesta extralimitación de funciones. El papel que se firmó es un simple memorándum de colaboración para establecer relaciones diplomáticas mutuas, y no pasa de ser eso: un memorándum. La declaración de una simple intención futura. Una intención no es una acción. Nuestro burgomaestre no nombré embajador ante Liberlandia, ni otorgó agreement, distinción o reconocimiento de ninguna clase a algún representante de esa «nación».

Por lo que se sabe, los supuestos funcionarios liberlandeses no pedían a cambio de su generosidad nada distinto al reconocimiento público y el agradecimiento general de los habitantes del antiguo Caldas. Le queda a uno la curiosidad por saber con qué irían a salir luego. Pero, cancelado el incidente, tenemos al menos la tranquilidad de haber salido bien librados; nuestro único costo fue el gigantesco ridículo de nuestra región frente a los colombianos.

Dos temas más se trataron en esa entrevista de Yamid Amat al alcalde Marín. Lo relativo al aeropuerto en Palestina, y el conflicto de La Reserva de Río Blanco.

En cuanto a lo primero, Marín no dio ninguna explicación sobre sus declaraciones al presidente Petro en las que afirmó que la construcción de ese aeropuerto era solo un deseo de las élites manizaleñas y no un anhelo general. En lugar de defender esas declaraciones que efectivamente no podía negar, pasó de agache, se declaró impulsor de la obra y la defendió sin vacilaciones. Pero no fue eso lo verdaderamente importante –y muy grave– en relación con ese tema. El entrevistador comentó que en algún momento el exalcalde Germán Cardona había afirmado que precisamente en la ubicación propuesta para la pista del aeropuerto se encuentran vientos provenientes de dos direcciones diferentes, lo que haría muy peligrosas las operaciones de despegue y aterrizaje. El comentario se quedó sin respuesta y el alcalde reafirmó su opinión en el sentido de que el aeropuerto debe construirse. Si se han gastado 40 años y centenares de millones de pesos en tratar de sacar adelante esa obra, y si en todo ese tiempo no se ha aclarado si ese peligro realmente existe, no puedo imaginarme irresponsabilidad mayor que seguir adelante impulsando la construcción sin verificar lo de los vientos. Por supuesto, esta no es tarea del actual alcalde que ni es meteorólogo ni experto en aeronáutica, sino de los dirigentes caldenses que llevan todos estos años promoviendo el proyecto sin resolver esa duda. ¿Qué tal que algún día Aeropalestina finalmente se construya, pero no se pueda utilizar por la existencia de esos vientos cruzados? No se debe dar una sola palada más en esa obra, antes de asegurarse de que no exista ese problema, ni ningún otro que pueda ser impedimento para la operatividad del aeropuerto. Esto que suena tan obvio, parece que se ha olvidado en lo estudios previos del proyecto.

Y en cuanto a lo de Río Blanco, ese espacio importantísimo para la conservación del medio ambiente y para asegurar el suministro de agua potable del Manizales futuro, el alcalde afirmó que existe ya construida –aunque sin ocupar– una torre en el límite de la reserva, esto es, en la zona de amortiguación. Y fue de la opinión de que a quienes ya invirtieron dinero en ese proyecto, se les debe devolver. Pero, aunque la consecuencia obvia de esa devolución debería ser la demolición de la mencionada construcción, el funcionario no se atrevió a decirlo así. Lo peor que podría pasar sería que se les reconociera su plata a quienes la invirtieron, pero la torre construida continuara allí, de pie, ahuyentando la fauna e invitando a que la »invadan, o sirviendo de sede para alguna dependencia municipal. ¡No faltaría más!

Regulación de la marihuana. El senado de la república está tramitando la aprobación de una ley que permita a los adultos el uso recreativo de la marihuana. Llevamos ya mucho tiempo presenciando el enfrentamiento entre los prohibicionistas y los defensores del libre desarrollo de la personalidad. Esta Bruja no sabe lo que es dar una chupada a un «cachito», o a un «porro» como lo llaman en España, ya que ni siquiera fue capaz de aprender a aspirar un cigarrillo normal, de esos de nicotina. Pero se declara irrestrictamente en favor de que se permita su utilización adulta, mucho menos perjudicial que el consumo de alcohol o de tabaco. Ya es hora de soltar a todos los presos cuya única actuación penal haya sido la tenencia y uso del cannabis. Nos imaginamos que ese sería un gran alivio para el aterrador hacinamiento que existe en las cárceles colombianas. Y los recursos, tanto económicos como humanos, que el país se ahorraría si dejara de perseguir marihuaneros, nos caerían de perlas para adelantar campañas de desestímulo al consumo, y establecer las regulaciones y controles que se requieran para manejar ese comercio. Eso, sin contar el gran valor que se podría recaudar al aplicar tasas impositivas a ese negocio, como ocurre con el alcohol y el tabaco, sustancias cuyo consumo es mucho más dañino, como se dijo arriba, que el del tabaco y el alcohol, que tantas muertes causan, ellas sí, o debido a la pérdida de control que produce una buena borrachera, o por las gravísimas enfermedades que causa el tabaquismo