21 de junio de 2026

La torre de marfil

19 de octubre de 2022
Por Miguel Ángel Hoyos Zuluaga
Por Miguel Ángel Hoyos Zuluaga
19 de octubre de 2022

Ordenar mi filosofía a cambio de desordenar la humanidad, debería ser el inicio central de mi aislamiento ante tanta barbarie. Todo escritor menciona la metáfora de la Torre de Marfil que describen a los autores de la actualidad que, alejados de todos, generan conocimiento que no impactan a la sociedad, producen más para sí mismo que para los demás. No sorprende que al final de la torre habite casandra el presbítero de la mitología griega.

Todos podemos soñar con la filosofía, pero no podemos definirla por su misma complejidad, cada individuo es dueño de su pensamiento, pero no dueño de su verdad absoluta, porque es una asignatura demasiada abstracta.

Escribo porque me hace diferente a los demás, por eso es el discurso bien escrito y hablado, por eso el soñar, el cantar y el reír son inspiraciones netamente humanas.  La exquisitez de ese retiro es la esencia donde el pensamiento empieza a modelar su escritura entorno a las mutaciones de las especies o de los mismos humanos, su talante, su comportamiento, su modalidad de refrendar su historia. Por eso la Torre de Marfil es mi balsa, mi remo, el agua y hasta el aire que impulso mi causa a pesar de aquellos que trabajaron su imaginación bajo la sombra del miedo y la ausencia de la aurora.

Nadie es eterno en el mundo, pero desafortunadamente estamos sometidos bajo el yugo de los mortales esquizofrénicos, que a pesar de su mortalidad tienden a sentirse mejores que los demás. Por eso la filosofía se hizo para sustituir la estupidez y no prolongar la locura.

Una torre de marfil se usa para representar a una persona distante o desconectada de la lucha del mundo, a eso me he referido de que estamos en este planeta para luchar por él, pero existe otro discurso que dice ser el del progreso y el bienestar, pero la oposición llamada globalización tiene unos enemigos y le apuestan a la guerra.

No me siento cobarde, ni evadido de la trinchera. Pero estoy esperando la política del amor, realmente soy consciente de que está lejos de llegar, pero el optimismo debe estar más alto que el pesimismo.

Las ulceraciones del mundo real son fehacientes en todo sentido no podemos ser injustos con los que van a venir en nuevas generaciones en decir que estamos divinamente cuando la verdad es que hemos destruido nuestra misma casa sin ninguna autoridad moral.

Quien se esconde en una torre de marfil es claramente uno que carece de experiencia.

Tenemos una gran brecha entre el conocimiento y la acción política, porque la humanidad suministra más en armas que en alimentos para saciar el hambre que existe en gran parte del mundo actual, porque las dinámicas de la biopolítica son desarrolladas para una mínima parte de la humanidad. Dejemos el marketing y el lobby a un lado y trabajemos sobre lo fundamental que es la erradicación del hambre y la pobreza.

Por eso somos todos responsables de una desgracia universal, por la codicia y el poder que es la espina dorsal de nuestra decadencia.