29 de noviembre de 2022
Directores
Juan Sebastián Giraldo Gutiérrez
Ximena Giraldo Quintero

La leyenda de Anton García de Bonilla

27 de septiembre de 2022
Por Jairo Londoño Franco
Por Jairo Londoño Franco
27 de septiembre de 2022

A la hora del conticinio de la noche por las viejas calles de Ocaña, en Santander del Norte, delineadas con las curvaturas de un péndulo que van formando zetas de la loma a la hondonada: por la Calle de la Amargura, del Embudo, la de San Luis, la del Carretero y la del Cerro de los Muertos, a eso de las dos de la madrugada, se escuchan los cascos de un caballo, repicar galopando sobre el empedrado de esta villa colonial.
Fundada el 14 de diciembre de 1570, por Francisco Fernández de Contreras, poblándose el lugar con 36 vecinos, que ocho años más tarde solo quedan veinte.

Los paisanos que han visto el caballo, tras la celosia de sus ventanas, que es un un tablero calado para cerrar vanos y ventanas de balcones, que impiden ser vistos pero permite ver y deja penetrar la luz y el aire, hablan de un caballo negro, montado por una calavera con sombrero alon, fumando un tabaco largo, que produce un frío intenso a quien lo observa. Es el alma en pena de Don Anton García de Bonilla, caballero español, aficionado a los caballos y dueño de inmensas tierras, que fue condenado a efectuar cada noche hasta el final de los tiempos, una visita al santuario de Santa Rita de Cassia, la santa milagrosa que se venera en la capilla de una calle melancólica de Ocaña.
Él incumplió la promesa después de recibir el milagro de Santa Rita, patrona de los imposibles y de los problemas de amores, que es una de las santas que genera más devoción, él tenía dos hijas enfermas, por cuya salud dedicó a Santa Rita de Cassia, una capilla y prometió una visita semanal, “a cambio” de la mejoría. Se dice, además, que todas las noches salía a recorrer sus “entierros de oro” y sus haciendas, saltando como un condenado sobre los linderos de piedra albarrada, resoplando el vaho de sus belfos, cubierto con negra capa que le caía hasta el suelo, caballero en potro arisco, alados como los vientos, que reventaba las piedras con sus zapatos de hierro.
En la ciudad de Cassia, en la región de Umbría, en Italia, se venera el cuerpo incorrupto de la Santa, donde permanece ella y una reliquia suya.

Cada 22 de mayo se llena de peregrinos que va a depositar rosas y velas en su tumba, El Monasterio de Santa Rita de Casia se encuentra ubicado al lado de la Basílica. Es un lugar sencillo. Se entra al patio, donde un sacerdote cuenta la historia de la vida de la Santa.
Allí se puede ver la legendaria vid y el aljibe.
Ella fue puesta a prueba por la madre superiora del convento ordenándole regar cada día una planta seca y muerta, con agua de un algibe, considerado corrupto, Rita obedeció día con día, y una mañana, la planta se convirtió en una vid que floreció y dio uvas que se usaron para el vino sacramental.
Está noche, el corcel negro y su jinete, cumplirá la cita, de nuevo en Ocaña y los noctámbulos esperarán su paso por las calles ahora pavimentadas,
refugiados en los zaguanes de las casonas eternas.

Saludos Jairoache