18 de agosto de 2022
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Adiós, Otoniel…

5 de mayo de 2022
Por Jorge Enrique Pava Quiceno
Por Jorge Enrique Pava Quiceno
5 de mayo de 2022

Mucho revuelo ha causado la extradición de alias “Otoniel”, sobre todo en líderes de izquierda como Petro, Iván Cepeda, Teodora y demás aliados del terrorismo colombiano. Tratan de invocar un nacionalismo que, en últimas, lo que esconde es el temor de que algún día sean ellos quienes tengan que responder por sus actos ante tribunales sobre los cuales no tengan injerencia o no puedan manipular a su antojo. Es decir, dejan al descubierto su pánico porque saben que lo que en Colombia es digno de admiración e impunidad, en otros países sí es castigado con severidad y rigor, y ellos pueden ser objeto de sus tribunales.

Porque, ¿qué diferencia hay entre “Otoniel”, y Timochenko, Iván Márquez, Santrich, “Tornillo” y demás terroristas que fungen de congresistas en Colombia después de dejar una amplia estela de crímenes atroces? ¿Qué diferencia hay entre un crimen cometido por un paramilitar, y el cometido por un guerrillero o militante fariano, del ELN o de la Primera Línea? ¡Ninguna!

Pero en Colombia, con el solo hecho de declararse militante de un grupo clandestino de izquierda, o de un grupo asesino guerrillero, o de alguna organización criminal que auxilie la Primera Línea o el terrorismo fariano, se produce un mecanismo de impunidad que salta desde algunas curules del congreso, pasando por muelles sillas de magistrados de las diferentes cortes, hasta acabar en decisiones de organismos Internacionales que garantizan el respeto por los derechos humanos de los terroristas de izquierda, pero condenan al Estado cuando cumple con la obligación de defender a sus ciudadanos de estos criminales.

Por eso se justifica la extradición y, lejos de lo que puedan esgrimir Petro, Cepeda y sus secuaces, en Colombia no hay garantías de resguardar la verdad que ellos supuestamente reclaman. ¿O sería inventado el temor de que a “Otoniel” lo fueran a liberar mediante acciones violentas o procedimientos jurídicos que algunos personajes, entre ellos los mencionados, trataron de esgrimir desde diferentes ángulos? Porque aún no se borran las imágenes de Cepeda ayudando a Santrich a burlarse de Colombia entera, hasta provocar su fuga a Venezuela. ¿Esta es la verdad que defienden los petristas? ¡No! Esta es la justicia que prefieren los terroristas, porque saben que en Colombia sí pueden manipular los procesos y proveerse de la impunidad que han armado con calculado tacto, y que los protege independientemente de la atrocidad de sus actos.

¿Acaso Santrich no se “fugó” con toda su verdad después de haber intervenido en el Congreso de Colombia, retando cínicamente a los ciudadanos y ostentando una recua de seguidores lacayos dentro del recinto congresional? ¿Acaso no fue Cepeda quien más lo defendió y posó orgulloso a su lado, retando él también a la justicia y a los colombianos decentes (así les duela), y hoy es el mismo que se indigna por la extradición de su amigo “Otoniel”?

Vuelvo a preguntar: ¿qué diferencia hay entre “Otoniel”, con miles de homicidios a cuestas, miles de violaciones de niños, miles de kilos de cocaína producida y exportada, miles de actos terroristas perpetrados, y miles de crímenes en su prontuario, y Timochenko, Catatumbo, Victoria Sandino, Lozada, Criselda Lobo, Santrich, etc., con prontuarios por Petro y por los cuales fue condenado? ¡Ninguna! O, tal vez sí: que los de “Otoniel” hacen parte de un acervo judicial que lo llevará a pagar varios años de cárcel, mientras los de Petro le han servido es para escalar en su vida política, a través de una vergonzosa impunidad, y hoy estamos corriendo el riesgo de caer en sus garras gracias a una democracia contra la que él ha atentado a lo largo de su vida.

Por ahora, entonces, disfrutamos de la partida de “Otoniel” a un país donde sus acciones quedarán limitadas, y hasta donde sus amigos, que hoy lloran su partida, no podrán llegar. Y guardamos la esperanza de que esta extradición sea el inicio de un desfile de criminales que paguen, ¡por fin!, por todas sus aberraciones, en esos lugares donde no tengan influencias algunos de nuestros “padres de la patria”.

 

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