¡Réquiem por Dosquebradas!
Dosquebradas, como segundo municipio del Risaralda, es una mentira. De manera paradójica, en este nuevo aniversario de la Pacha Mama, ha mostrado “sus peladuras”.
Como ciudad, sigue convirtiéndose en pueblo fallido. Le falta dirigencia y debe ir en su búsqueda. Va a la baja. La política está en crisis y los resultados electorales así lo demostraron.
Desde las urnas y con el llamado a personas que tengan reconocimiento público y respeto por las instituciones, deben salir en su salvación.
Con debate civilizado y escuchando muchas voces ciudadanas. Priorizar la orgía de intereses que se mueven o revuelcan entre el pantano, para hacer la profilaxis requerida. Para instalarle un dique. Freno a la hemorragia.
Hay por ahí, un puñado cierto, de precandidatos blandos que en vez de propuestas quieren chequera gorda para ampliar feudos, aumentar el desastre que nadie parece atajar al vaivén de sus egos. Una credencial de concejal no puede ser un simple activo para reclamar catapultarse como piloto ciego en la penumbra.
La política en Dosquebradas – salvo escasas excepciones -es una cloaca que también hay que limpiar. Está contaminada, culposa. Es una diatriba a la decencia y a la ética.
Estamos en la cuenta regresiva ante tanto desorden y anarquía que pulula. Ante urbanizaciones que surgen contra natura. La sociedad civil debe colocar orden a los malos días que le siguen esperando. Es un esfuerzo surgido desde diversas instituciones y desde la sociedad civil desfondada. Una sembratón moral para construir alianzas fuertes que no la dejen sucumbir ante la vorágine espesa que la acecha.
Dosquebradas debe contar desde la gobernación con mayor presencia para corregir desvíos.
No sé cuantos años, algún exgobernador motivado por las aberraciones de esa localidad, no dudó en calificarla como “una ciudad en obra negra”. Súmele a la polémica molesta, el desorden y el grave deterioro ambiental que sacude su extenso verde.
El Alto del Nudo, es un ícono que se desploma, que se cae a pedazos, se escuchó en el Concejo y donde llovieron acusaciones de riesgo en presencia de los Curadores que, como ciertos cuadrúpedos, su respuesta fue de “mú”. Inaceptable, pero nada entendible cuando el Concejo de Dosquebradas, no quiere cerrar los ojos ante el abrazo canalla de cerros que caen, de construcciones que se erigen con dudas y de negocios modelados por el caos, la confusión. De quebradas que corren ante la llegada tarde del ciudadano en su lamento de muerte. Las están matando.
Un silencio aberrante, agresivo, desafiante y peligroso, cuando no hubo respuesta o argumentaciones, a los reclamos hechos públicos por el director de la CARDER, Julio César Gómez Salazar.
Que no se tome el debate como una agresión al nombre del alcalde actual ante la catástrofe que corre por ríos y quebradas. Por las Marcadas, por sus cerros, por sus altos, por sus árboles y cultivos que escasean, por el déficit de reforestación.
No se podrá ocultar el problema de la movilidad – como ocurre, es cierto, en muchas ciudades – que desnuda aún más la realidad que la agobia.
A Dosquebradas, le queda la responsabilidad de alzar sus voces para no ir en la procesión hacia el cementerio. Antes que llamar al ¡réquiem por Dosquebradas!