El amor libera
Amar a quien nos ama es fácil, lo difícil es amar a quien no lo hace, el secreto del amor verdadero no depende del exterior, es nuestra propia producción, la conquista de la armonía entre los opuestos; sólo la luz del amor puede iluminar la oscuridad producida por el odio.
El bien y la equidad identifican al amor, el respeto por el pensamiento ajeno, el afán permanente por mejorar brinda la seguridad de que ayudamos a otros beneficiándonos a nosotros mismos. Aprender de los demás fortalece las virtudes, similar al río que aumenta su caudal con los afluentes que desembocan en su senda.
Pasajeros del mismo barco, debemos asegurarnos de llegar a puerto seguro, cuidar la embarcación es reparar a tiempo el más mínimo daño, convencidos de que a todos beneficia.
El perdón ha de ocupar el lugar de la antipatía y el odio, es fácil alcanzarlo si nos situamos en la posición de la persona odiada, invirtiendo los papeles escuchamos y respondemos. Aceptando y respetando la opinión del contrincante fortalecemos el aprecio y alentamos la tranquilidad.
Nos enfrentamos a dos sentimientos que se rechazan entre sí, amor y odio, ambos nacen en la misma cuna, pero no pueden vivir juntos, a la vez, es el uno o el otro. Actuando con amor es imposible causar ofensas, su poder no hace diferencias, es integral, convoca todas las fuerzas para el bien, el camino se limpia y se ilumina. ¿Quién no precisa de la luz y de un sendero libre de obstáculos?
No podemos cansarnos de entregar amor y paz, virtudes implícitas a la existencia y a la perdurabilidad y convivencia. Da lo mismo a la naturaleza si entramos a un círculo de odio o uno de amor, la elección es nuestra, igual las consecuencias.
Amar es una disposición generadora de ambientes afectivos y tiernos, llenos de confianza y seguridad, transmisores de la sensación de seguridad y de certeza; es andar con los pies en piso firme, proceso que filma en la visión un medio amable.
El amor, para ser sincero, necesita ser constante, sin caer ni doblegarse ante circunstancias adversas; honradez, sinceridad e integridad son formas que lo enaltecen.
Entregar lo mejor desde el corazón y la mente es dar con discernimiento, no buscando recompensa, quien lo hace se vuelve mercenario, mirar hacia arriba, envidiando al pájaro que vuela, no prohíbe ayudar abajo; el hombre labra su propia huella con sus actos, la historia recopila y los recuerda.
Amor es intención de hacer el bien con la atención puesta en su aplicación en cada acto del presente, sin fijarnos en la actitud ajena; eso es iluminación, así como al día es intrínseca la luz, al amor lo son la bondad y la justicia.
Quien conduce la lámpara no puede hacer nada diferente a iluminar con ella, guiándonos con su resplandor limpiamos la senda de emociones negativas: venganza, rabia, ira, y envidia despavoridas huyen, buscan ansiosas la cueva oculta donde los rayos no penetren y afecten su débil sensibilidad, incapaz de enfrentar la insistente fuerza del amor.
El amor vence las dificultades, abre puertas y cura enfermedades del cuerpo y de la mente. Es la mayor fuerza y la más brillante luz, su existencia es inherente a la vida, nunca deja de manifestarse, existe a pesar de las tinieblas, absorbidas en su refulgente dimensión.
JHGG