Sed joven en las urnas
Mientras Colombia devora candidaturas presidenciales y el sopor de las elecciones para el Congreso, se ven opacadas por la turbiedad de ciertos pactos, Colombia joven tiene sed en las urnas.
Proclamas, diversas, pero en el fondo con olor a reclamo. A clamor general para un país que no los excluya. La sociedad del oxígeno. Del renacer.
El 5 de diciembre de este año marca historia y revive el peso de más de 7 mil listas inscritas y más de 40 mil aspirantes
Desde diversos sectores han sido marginados. El gobierno pasa por encima de ellos y son códigos para llenar estadísticas pero en el silencio de sus mandatos, son olvidados. Residuales con rabia y miedo.
Bienvenidas sus voces, sus experiencias, sus expectativas dobladas por enigmáticas y paradójicas campañas en el reclamo justo de empleo, educación y oportunidades.
Muchos de ellos, entre 14 a 28 años, son los ciudadanos del despojo. Del olvido. “Las ideas no tienen valor sino se llevan a cabo”.
Bienvenidos los liberales, los conservadores, MIRA, la U, Dignidad, fuerzas independientes, partido comunista, POLO, organizaciones juveniles, grupos cristianos, evangélicos. El voto que anhela otra Colombia desde la perspectiva democrática, desde la institucionalidad y lo programático para cambiar costumbres políticas.
Un voto contra la corrupción y el desengaño. Contra la brutalidad de un Estado desigual, inequitativo, perverso.
Cuatro años de esperanza desde los Consejos Municipales de Juventud, interviniendo en sus propias políticas públicas y dinamizando la ciudad que esperan. De nuevos sueños. De esperanza, en medio de espacios democráticos que les han retirado. Que les han cercenado.
Bienvenida la generación consciente y comprometida que llega bajo el influjo de movimientos políticos, sociales, independientes, organizaciones juveniles marcando territorio en la búsqueda de un solo fin en sus agendas: que los escuchen desde la esfera de lo público, lo privado y de las decisiones.
Ellos no quieren que nadie les regale nada sino que les respeten sus espacios desde el territorio. Hacer sentir a la generación del porvenir.
Es un reto para la Registraduría Nacional del Estado Civil que mide el clima electoral de una Colombia en ebullición y de tragedia.
Se siente la sed de los jóvenes en las urnas. Ojalá que la democracia que abordan no sea una caricatura de una política vieja, desgasta y corrupta, a la que tarde o temprano deben enfrentar.