7 de julio de 2026

La letrina electoral

19 de septiembre de 2021
Por Álvaro Rodríguez Hernández
Por Álvaro Rodríguez Hernández
19 de septiembre de 2021

El país encerrado en la polarización, busca sacudirse del lenguaje de escándalo, que se escucha.

Las descalificaciones, brotan como una necesidad de imponer sandeces a falta de ideas. La política requiere hoy otro coro para asustar y como analgésico, vender miedo y verbo duro. Lenguaje coprológico.

Cabe desacreditar, desconceptuar, para apurar voces huecas y ácidas, en detrimento del escenario político, convertido en gallera.

De allí que se hable más de fracturas y mecánica en movimiento que disfrazan la encrucijada que viven donde hay déficit de ideología.

Varios aspirantes, en ese surtido donde se cuentan más de 35 aspirantes, se muestran con expresiones vergonzosas en el tinglado en que han convertido los retazos de política que quedan en los pocos partidos sin formato que viven del pasado. De discrepancias amontonada a lo largo de la historia y del vaivén de las urnas.

Muchos buscan cómplices y no aliados para actuar por Colombia con desprendimiento y no pensando en negocios. Por eso, con razón, se mueve la tula con desparpajo. La pasean con utilidad de casino. De registradora. De empresarios del voto llenos de autoritarismo y corrupción.

Escasea la voluntad política y se perdió la responsabilidad de los partidos. Se falla en estructurar y organizar a la militancia que nada resuelve y que se ampara en ambiciones personalistas.

Mientras ello ocurre el Consejo Nacional Electoral, se pasea.

El voto es el mejor poder para combatir a malos candidatos. Para depurarla de gastadas máquinas electorales.

 

Otros creen que la política está cargada de politikones, en donde piden “buscar otro marrano”.

Muchos se dejan seducir por el afán mediático para colocar en escena su fanfarronería. Hay una jactancia de ideas que menoscaban la marca del producto que venden sin “precio sugerido al público”. Digo, al elector.

Parece un acordeón que se estira al mejor postor.

No hay política coherente sino de rupturas. De deslealtades como esencia trágica y real del mal momento que registran las ideologías alquiladas, de centros y extremos. De matices extraños sin diferencia alguna y mucho menos con fondo.

No podemos seguir eligiendo perversos representantes con sus conmilitones que divagan por la política como vagabundos bien pagos.

Mucho menos que sean producto de la letrina electoral que menoscaba el patrimonio democrático por recortado que esté.

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