21 de mayo de 2022
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La economía naranja

19 de septiembre de 2021
Por Augusto León Restrepo
Por Augusto León Restrepo
19 de septiembre de 2021
​Este artículo lo suscribo en la mañana del jueves 16 del presente mes, antes de irme a tierra caliente a templar mis carnitas y mis huesitos, que también los tengo, pues el «frío infernal»- oxímoron se llama esta figura- de Bogotá, desplaza a cualquiera, así seamos viejitos paramunos, criados y levantados en Manizales.
A estas horas el Presidente de los colombianos Iván Duque Márquez debe haber almorzado con Su Majestad, el Rey de España, y recibido la Gran Cruz de Isabel La Católica, que también luce en el pecho de Álvaro Uribe Vélez, Andrés Pastrana Arango y Juan Manuel Santos Calderón, entre otros, lo que puede dar idea de la trascendencia de la condecoración. Duque la recibirá del Rey Felipe IV, Gran Maestre de la Orden. Es posible que, en contraprestación, nuestro presidente le haya entregado una espectacular moneda recordatoria de su período y que según las fuentes oficiales no vale más de treinta mil de los pesos nuestros. Una singular morralla. Ojalá no se le haya ocurrido.
 Pero en serio. Estos son actos protocolarios que ni dan ni quitan. Como las condecoraciones que otorgan nuestro Congreso, el presidente y a veces las fuerzas armadas. Las medallitas terminan en cajones de los escaparates, o si las señoras de los galardonados son juiciosas, en lobeznas vitrinas en salas y bibliotecas frente a las cuales las visitas pasan sin romperlas ni mancharlas. Las vitrinas. De manera que no vale la pena ofuscarse por la concesión de las preseas. Somos leves briznas de hierba en las manos de Dios, como le gustaba repetir a Laureano Gómez, citando a Kempis.
Como tampoco hay que vaciar tan de seguido y a todas horas al Presidente porque se le haya ocurrido a él, o a un acucioso asesor, que debería aprovechar la Feria del Libro de Madrid, para que lo graduaran de intelectual. Lo que natura no da, las ferias del libro no acreditan. El mono, aunque se vista de seda, mono se queda. Del Dr. Duque no conocemos sino un libro que escribió al alimón con el Dr. Felipe Buitrago Restrepo. Al Dr. Duque lo conocemos. ¿O no?  Del Dr. Buitrago, recogimos que es economista, egresado de la U. de los Andes. Que fue viceministro de cultura, que trabajó en el BID en el departamento de asuntos culturales al lado de nuestro presidente; que hasta hace poco fue su asesor y que es su amigo, y que viaja con frecuencia en el avión presidencial. O sea que es casi como un su hermano.
A última hora se supo que Duque no estará como escritor en la susodicha feria. Que canceló en su agenda la presentación del segundo tomo de su Economía Naranja. Que de pronto, va a aparecer por allá, pero de sorpresa. Lo que es políticamente correcto. Aun cuando en aras de la neutralidad, creemos que no debían suspender el acto. Las ferias no deben ser excluyentes. Y deberían permitir la exposición de las ideas de los que piensan diferente, en general. Esto en sí mismo, me parece una contradicción. Solo se permite el ingreso y la difusión de las obras de los que no son neutrales. Nada. Los neutrales, sí lo que dicen es argumentable y bien escrito, deben tener tribuna. Como también los presidentes que dicen cosas que nos repelen o que las hacen sin rubor ni pena. Hay que defender la democracia, Maestro.
Por último, me parece que si uno no está de acuerdo con un régimen o con un gobernante no debe exigir ni aceptar invitaciones oficiales representativas. Los escritores consagrados, pueden viajar con sus propios viáticos o con los que les proporcionen sus editoriales. Los otros, deben aguantarse las ganas de mostrarse, si es que son incluidos. ¡Ah maluco que deben pasar gastándose la platica del gobierno del que uno es crítico!
Pero ésta no es la discusión. Lo que debe censurarse es la descalificación y la exclusión. Las excusas bobaliconas de los embajadores y funcionarios de turno, en vez de aclarar, confunden. Y reabren el debate sobre la cultura oficial, la del Estado, la que se trata de imponer desde la cúpula, uniforme y laudatoria. Dictaduras de todas las ideologías han querido dirigir y atraer a la inteligencia. Esa es la tentación a la que no se puede sucumbir: a la literatura, al arte y al pensamiento oficiales. El pensamiento, la cultura, carecen de amarras. Y su expresión. Esta es la libertad. La que no admite tregua alguna en su defensa.