El periodista independiente (XVIII)
(Serie de cartas dirigidas al experimentado periodista, Orlando Cadavid, co-fundador de Colprensa y Eje 21, director de cadenas radiales y maestro de muchos reporteros sobre historia de la prensa por los 100 años de La Patria)
Orlando:
Por sobre todas, esta es la oportunidad que buscaba con usted, para relatarle la significación que tuvieron los que en mi concepto, fueron los tres más grandes periodistas que leyó Manizales en el primer cuarto del siglo XX: Pedro Luis Rivas, Jorge S. Robledo y Oscar Arana. Llenaron con sus publicaciones, artículos versos, campañas ciudadanas, críticas, rebeliones y amor por esta ciudad, las mentes de todos, dando lugar a discusiones literarias, políticas y cívicas, en la pequeña gran ciudad de Manizales. Sobre el proceso de lectura que se daba entonces, pensaba iniciar esta carta. Porque habrá lectores que se lo estarán preguntando, con razón. Pero pienso que la ocasión se dará más tarde. Y debo avanzar con usted en lo prometido.
En “El Eco Juvenil”, que sacaban los estudiantes del prestigioso colegio Santo Tomás de Aquino, cuando Pedro Luis Rivas era, según sus palabras, discípulo “del glorioso maestro don Jesús María Guingue”, encontró la incitación de la que iba a ser su principal actividad, pero allí también le apareció su primer obstáculo, y fue la guerra civil de los Mil Días, en la que los jefes militares del ejército del gobierno les hicieron desocupar a los alumnos, el local en el que hacían su periódico. Los mismos uniformados, los juntaron con otros de su edad, para que les trajeran armas de la lejana Honda.
De modo que los estudios interrumpidos desde que los inició con doña Eudoxia Ocampo de Hoyos, la madre del famoso padre Adolfo Hoyos Ocampo, que le enseñó a leer al pequeño Pedro Luis, quien había llegado de cuatro meses apenas, de Vahos, nombre antiguo de Granada, Antioquia, y los siguió en la escuela pública que dirigió don Arcadio J. Herrera, paisano suyo también, mas con los que alcanzó a hacer en el interrumpido claustro, fueron suficientes para despertarle la avidez de formarse a sí mismo, la que pasada la experiencia bélica, lo hicieron independiente.
Trabajó en el comercio con su padre y aprendió el arte de la fotografía a la que se dedicó un tiempo. Y su amor por los libros, lo llevó a instalar librería. Lo ganó la literatura. Ignacio Puerta y Jaime Arana, directores de las páginas literarias de El Ruiz (1905), le recibieron sus primeros escritos, pero fue con la selecta compañía de Jesús Arenas, el novelista y poeta, con el que inicia la publicación cultural más importante de esa década, junto a la de la Revista Nueva, y cuya impronta continuaba con nombres más nuevos. Se llamó Albores, que en realidad comenzó la apertura de los que venían tras esa generación que le dio alas a la inteligencia y que partió y rompió con el Sur de Antioquia, para emprender su propio vuelo.
El primer número de febrero de 1907, abrió con la primera de las Siluetas Literarias, la de Aquilino Villegas, a la que siguieron la de Samuel Velázquez, la de Victoriano Vélez, las de los más admirados por los directores y por los caldenses de esos años. A éstas, en los números que alcanzaron a sacar, le siguieron otras, las de casi todos los miembros del consejo de la Revista Nueva que los precedían, con notoria generosidad, no exenta de sus precisas distancias. Estas dos revistas literarias, nos revelan el clima mental que vivió Manizales en los iniciales diez años del siglo pasado, y explican la altura con la que se celebraron en la pequeña capital, las fiestas del centenario de la Independencia, sus relaciones con el resto del país y la destacada posición que ocupaba en todos los frentes.
Por eso es recordable el hecho que produjo un gran remezón en Colombia, y es que aunque también en ella colaboraban los escritores de Medellín y vecinos, la aparición de Albores en febrero de 1907, le hizo pegar un grito en el cielo al renombrado general antioqueño Rafael Uribe Uribe, quien les escribió una carta tremenda a los directores Rivas y Arenas, censurando como Platón a los poetas, con la que incitó la muy nombrada polémica nacional entre industria y poesía: “Dejen la revista, dejen la literatura, y tomen otro oficio” les aconsejó.
La vena periodística se acendraba en el joven Pedro Luis Rivas. En ese mismo año, que como veremos, fue de asombrosa proliferación periodística en Manizales, participó en la fundación de El Remo (1906), de Eleázar Gómez Latorre y Ricardo Mejía, de intención burlesca. La oposición a Reyes continuaba en esta forma. Una vez se dio su caída, colaboró en el Eco Republicano (1909), en El Criterio (1909), en Crepúsculos (1910), un periódico juvenil que fundó su hermano Vicente Rivas, en Arlequín y Pierrot (1911) de Oscar Arana, en Lampos (1912) de Carlos Patiño y en casi todos los de sus amigos. Fue el tiempo en el que se formó el nuevo gobierno de Ramón González Valencia primero y el del republicano de Carlos E. Restrepo, con el general Ramón Jaramillo de gobernador, quien vinculó a Rivas Salazar como oficial de hacienda y a poco ya estaba de jefe de la sección de Minas y Baldíos.
El general Jaramillo, del que Rivas dejó un certero retrato, quiso seguir con él cuando los violentos sucesos de Ibagué, y Villegas Restrepo lo llamó a la redacción de El Tiempo, pero no aceptó permanecer en Bogotá y solo aceptó escribir para este diario, como también crónicas para El Espectador, pero su coherente republicanismo, lo empujó a dedicarse por entero a su vocación periodística. Escribió en las publicaciones mencionadas, teniendo en cuenta la circunstancia de que el Departamento de Caldas quedó conformado definitivamente y la Asamblea comenzó a funcionar.
Fue en 1910, antes de las fiestas del centenario de la Independencia, en el que se fue conformando el grupo de intelectuales en los que la literatura, la conversación y la bohemia, primaban. Casi todos fundadores, directores, o colaboradores de las publicaciones de esos años, y en el que la poesía ocupó el sitial de honor. Integraron el Círculo Bergerac, que tenía su himno, de romántico atrevimiento y mucho humor. A él pertenecieron, Pedro Luis Rivas, el poeta Jorge S. Robledo, que fue su fundador, y Oscar Arana, los tres grandes periodistas a que me he referido, con otros jóvenes que constituyeron la brigada intelectual de la ciudad.
