25 de mayo de 2022
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La conspiración

12 de agosto de 2021
Por Por Oscar Jiménez Leal.[i]
Por Por Oscar Jiménez Leal.[i]
12 de agosto de 2021

No se trata de La Conspiración de que da cuenta la novela del norteamericano Dan Brown —el mismo del Código Da Vinci que tanto éxito tuvo en su momento—, en donde están en juego la política espacial de los Estados Unidos mediante la privatización de la NASA de ganar la elección presidencial el senador Sexton, y la propia reelección del presidente en ejercicio. Una bien tejida conspiración que da al traste con la candidatura presidencial del senador puntero en las encuestas, merced a la equivocada entrega a la prensa de documentos que comprometían la recepción de recursos para su campaña provenientes de los beneficiarios de la privatización de la NASA, a pesar de haberlo negado. Tampoco versa sobre La Conspiración Septembrina de la cual salvó milagrosamente su vida el Libertador-Presidente y resultaron injustamente condenados a muerte el general Santander y el almirante Padilla y herida de muerte la Gran Colombia.

Aquí se trata de la supuesta conspiración inspirada en la investigación por la financiación ilícita de la campaña presidencial del presidente Samper que, si no fuera por la alta alcurnia del personaje, no merecería ocuparse de ella por tratarse quizás de una simple coartada defensiva.

En efecto, en su libro Aquí estoy y aquí me quedo,[i] con informaciones de oídas, señala literalmente que “a principios del mes de mayo de 1996, el embajador Gelbard, Subsecretario del Departamento de Estado para Asuntos Internacionales de Justicia, se habría detenido expresamente en Madrid después de un viaje a Viena. El propósito de la escala era el de entrevistarse con el embajador De la Calle y bendecir su aspiración a sucederme en caso de que, como Gelbard preveía, se produjera mi retiro. La reunión se celebró furtivamente en la residencia de la embajada de los Estados Unidos en España, no lejos de nuestra embajada”.

En el encuentro y según los espías que señala sin nombrarlos, “De la Calle expresó su inquietud por el fallo absolutorio que se veía venir en la Cámara de Representantes. Gelbard le manifestó que tenía línea directa con el fiscal Valdivieso y que esperaba que una decisión adversa en el caso de los ministros, especialmente en el de Serpa, podría debilitar y cambiar el rumbo de mi juicio ente el Congreso. Asimismo, anunció que en los siguientes días Washington tenía pensado amenazar con retaliaciones económicas si yo resultaba absuelto.

De la Calle, de acuerdo con la misma versión, se había comprometido a conseguir un pronunciamiento de algunos magistrados de la Corte Constitucional respecto a la vigencia del Tratado de Extradición suscrito entre Estados Unidos y Colombia, lo cual implicaba su aplicabilidad inmediata. También aceptaba propiciar un pronunciamiento desfavorable a la campaña por parte del presidente del Consejo Electoral Oscar Jiménez, recomendado suyo, respecto al asunto de los topes electorales legales para la financiación de las elecciones presidenciales de 1994”. (…) «A los pocos días se produjeron y publicaron las declaraciones amenazantes del gobierno de los Estados Unidos, como lo había anunciado Gelbard. Después tres magistrados de la Corte Constitucional declararon a favor de la vigencia constitucional de la extradición y el presidente de la Corte Electoral se pronunció a favor de la investigación en curso sobre la violación de los topes electorales”.

Las inexactitudes samperistas resultan notorias, si se tiene en cuenta que el pronunciamiento no fue mío,  sino del Consejo Nacional Electoral que, por la unanimidad de sus miembros —como era su obligación legal y constitucional—, abrió investigación administrativa contra la campaña que llevó a la presidencia al doctor Samper con presencia comprobada de dineros vitandos, y se abstuvo, al mismo tiempo, de vincular al Vicepresidente por haberse  demostrado  de manera fehaciente la ausencia de participación en los hechos investigados. Tampoco acierta el autor citado cuando afirma que fui recomendado para el cargo por el Vicepresidente De la Calle, pues en verdad fui postulado por la junta de parlamentarios liberales que presidió el senador Juan Guillermo Ángel Mejía y elegido por la unanimidad de los integrantes del Consejo de Estado en Pleno, dada mi condición de Conjuez de ese alto Tribunal.

Para fortuna de la verdad histórica, Humberto De la Calle en sus Memorias [ii]Dispersas, aclara el dislate con su propio testimonio, según el cual:

“El señor Robert Gelbard, Subsecretario de Estado para asuntos de Narcóticos de los Estados Unidos, de quien se había tejido la leyenda de que conspiraba para atajar a Samper, hizo una parada en Madrid. Por interpuesta persona concreté una cita con él, la cual tuvo lugar en la embajada estadounidense. La idea era hacer un balance de la situación. Me pareció obvio que, dadas las funciones suyas y las mías, nadie iba a ser tan tonto para abordar temas que pudieran calificarse de conspiratorios. No tenía yo ninguna prevención en esa materia. Por su parte, Gelbard, seguramente temeroso de que yo albergara alguna idea equívoca, tan pronto cruzamos los respectivos saludos me dijo: “La posición oficial de los Estados Unidos es que la crisis desatada por la financiación de las campañas con dineros de la mafia es un asunto que deben resolver los colombianos”. El presidente Samper en su libro Aquí estoy y aquí me quedo sostuvo que esa fue una reunión clandestina en el marco de lo que él denominaba “la conspiración”. Nada más alejado de la realidad”. Y para desvirtuar la acusación, expresa: “No hubo un solo congresista de los que me acompañaban que hubiese recibido una invitación de mi parte para votar por la condena de Samper. No asistí a ninguna reunión para promover la salida del Presidente”.

De tal manera que la supuesta conspiración solo existió en la imaginación del Presidente de entonces, porque de haber existido en la realidad, habría determinado no la renuncia de Samper sino el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado, de acuerdo con la línea investigativa propugnada por la familia Gómez.

 

[i] Samper Pizano Ernesto, “Aquí Estoy y Aquí Me Quedo”, Ancora Editores, Bogotá 2000, página 170.

[ii] De la Calle Humberto, “Memorias Dispersas”, Penguín Random House, Primera Edición 2021, páginas 202,203.