21 de mayo de 2022
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La actual crisis y el legado de Galán

18 de mayo de 2021
Por Clara Inés Chaves Romero
Por Clara Inés Chaves Romero
18 de mayo de 2021

Entre los innumerables males que tenemos como país y como sociedad, le achacamos al Congreso de la República algunos de ellos, cuando el problema no es esta institución sino  los partidos políticos, como lo decía Luis Carlos Galán; la dificultad no radica en esta corporación sino en la crisis de los partidos que no han sabido responder a los nuevos desafíos sociales y se han alejado de las necesidades y del sentir de una nación.

Hoy cobra vigencia su tesis al decir: “Colombia está dominada por una oligarquía política que convirtió la administración del Estado en un botín que se reparte a pedazos”, y con ello se aumenta la corrupción, se debilita la justicia y se incrementa la inequidad entre otros males.

Negar que en río revuelto hay personas que pretenden acabar con la democracia es imposible, pero también es cierto que no se puede desconocer que las marchas que se han venido dando en el país desde el 28 de abril tienen un significado de injusticia social, de rabia, de impotencia, de una necesidad por tener una esperanza en un mejor futuro para todos los colombianos y en particular para las nuevas generaciones que no se ven identificados en el Estado que poseemos; por ello se requiere una negociación partiendo de la base de que todos ganen, tanto la institucionalidad -porque se fortalece la democracia – como la nación colombiana; y para ello, es importante ponerse en los zapatos del otro y saber leer sus sentimientos, necesidades y sueños para interpretar la realidad y  responder  con grandeza a estos nuevos desafíos.

Por eso Galán dijo hace muchos años que: ““Los jóvenes deben entender que el poder no se obtiene por concesión generosa del que lo posee. Solo el Pueblo puede y debe otorgarlo y solo lo hace cuando el aspirante a merecerlo se organiza debidamente”. Eso significa que los jóvenes deben dar una lección de civismo y organización para que los caminos de entendimiento se abran y para que los obtusos en el gobierno aprendan de ello.

Es importante diferenciar los vándalos del clamor de los jóvenes y de la sociedad en general. Nuestra constitución nos permite actuar de conformidad frente a los delincuentes que pretenden deslegitimar las marchas sociales. El imperio del Estado de derecho debe mostrarse con ética y responsabilidad para ganar la confianza de los colombianos en el gobierno y en la institucionalidad que se ha visto fraccionada gracias a la polarización, a los odios y a la desinformación, por no querer asumir una responsabilidad histórica y política como lo han hecho los grandes líderes en el mundo como Ghandi, Churchil entre otros, quienes entendieron la realidad y buscaron la paz y la unión.

Galán entendió en su momento la crisis institucional que para aquel entonces Colombia ya vivía, por ello dijo: “Si modernizamos nuestras instituciones y nuestras conductas políticas para integrarnos como una verdadera Nación unida y solidaria, nadie ni nada podrá detener el progreso de Colombia”. Esa unión solo se hará con la inclusión de todos los colombianos y entendiendo la nueva Colombia que el pueblo colombiano reclama para el bien común.

Hemos vivido en una continua violencia y, como lo decía Galán, “(..) nos han enseñado que la intransigencia y el fanatismo solo conducen al dolor y a la frustración. Es la hora de un nuevo contrato social y de hacer realidad la paz que nos merecemos.

No podemos seguir echándole la culpa de todas nuestras desgracias al narcotráfico y a los grupos guerrilleros, pues ellos no existirían si los políticos de turno hubieran entendido que el país requería desde hace décadas de una equidad social, infraestructura, servicios públicos, etc. que permitieran a todos los connacionales una mejor calidad de vida.

Decir que lo que pasa hoy en día es por culpa de los acuerdos de paz  es egoísmo y miopía pura, pues  lo único que pretenden dichos acuerdos es la modernización del país.

Aquellos que acostumbran echarle la culpa a otras personas y a las circunstancias no son verdaderos líderes y solo demuestran con ello la miseria del poder que con sus egoísmos no quieren que el país se desarrolle y llegue la paz, pues la guerra y la ignorancia les producen quizás más dividendos para sus mezquindades que un país justo y equitativo.

(*)Exdiplomática y escritora