Cambio de paradigmas
Un paradigma es lo que a fuerza de creencias aparece ante nosotros como el modelo, tipo o ejemplo digno de imitar, la mayoría de las veces es el resultado de la imposición, la tradición, el impacto social y el poder. Usos y costumbres impuestas en el subconsciente colectivo como verdades, controlando nuestro destino, la percepción de la vida e incluso las creencias, descalificando todas las demás sin aceptar argumentaciones. El paradigma sólo dejar de serlo cuando viene otro paradigma y lo reemplaza, es decir cuando salimos de la zona de confort.
Las costumbres convierten a la sociedad en esclava. Los seres humanos actuamos con los ojos vendados o sin capacidad para mirar a los lados y ver el mundo con sus diversos colores. El paradigma es la ley: la única verdad. Se manifiesta en los usos y costumbres, resultado de una fe ciega en principios considerados como únicos. Es la autoridad que controla y delimita hasta nuestra percepción misma y todo en lo que creemos. El paradigma no solo define lo que es verdadero, sino que descalifica y rechaza cualquier opción que lo contradiga. ‘Toda cuestión en la vida está expuesta a dos opciones:
la equivocada y la mía’, sería la actitud del fanático, fiel a su paradigma. Afortunadamente un paradigma deja de serlo cuando es desbancado por otro paradigma, lo cual sucede cuando abrimos los ojos y miramos a los lados, arriba y adelante, vemos el sol y el brillo de la luz, descubrimos la belleza del universo y todo lo que nos ofrece y que antes desconocíamos por la incapacidad de ver, oír, mirar hacia los lados y ver el resto del mundo.
El político sectario que sólo ha visto una sola forma de dirigir el país puede descubrir, al cambiar de paradigma, que hay otras alternativas y diversas concepciones para hacer política. El objetivo de buscar el poder, supuestamente es porque está interesado en el estudio de la ´cosa pública’, para ello debe entender de manera consciente que hay otras visiones de Estado y su desarrollo, de solucionar las principales necesidades de la población, denominadas necesidades básicas: educación, vivienda, salud y vías, empleo, protección y seguridad. Existen diversas concepciones porque diversa es la humanidad y la dinámica del aprendizaje nos dice que si queremos aprender algo nuevo debemos buscar donde no lo habíamos hecho antes.
El mismo guerrillero descubrirá, al cambiar de paradigma y salir de la zona de confort, todo lo que la vida civilizad y democrática le ofrece, en la constitución y las leyes encontrará muchas de las aspiraciones que pretendía alcanzar con las armas. Verá los nuevos riesgos y el desafío que significa superarlos le ayudará a descubrirse a sí mismo, verá cualidades intelectuales y altruistas, descubrirá el amor filial y las ventajas de la vida en familia, posibilidades de educación, progreso y emprendimiento imposibles de disfrutar durante su vida en la clandestinidad. Si nuestra vida anterior ha sido el fruto del paradigma de la guerra hagamos un giro interior y coloquemos en su lugar el paradigma de la paz, dejando que ella sea la que controle, limite y defina nuestros actos. Si procedíamos movidos por el odio es hora de aprovechar mejor la vida y darle campo al amor, reemplacemos la crueldad y la venganza por el sentido de unidad.
No podemos seguir esperando la enfermedad, la cárcel o la muerte, entre tantas desgracias personales o familiares que causamos con nuestros actos, en cambio de ello darnos cuenta de lo equivocado de nuestro paradigma y ver en el cambio la gracia divina que proporciona la oportunidad de renacer y sentirnos nuevos, es decir, reencarnar sin necesidad de morir, para quienes creen en la reencarnación.
*Fuente: Emociones en la sombra, Giraldo Jesús Helí, Amazon
JHGG
Bogotá, mayo 22 de 2021