20 de mayo de 2022
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No es la tributaria, es el Gobierno de Duque.

28 de abril de 2021
Por Alejandro Loaiza Salazar
Por Alejandro Loaiza Salazar
28 de abril de 2021

A medida que la pandemia cobraba fuerza, y el desorden en la provisión de las pruebas de detección del COVID, así como el salvaje mercado de los elementos biomédicos en el mundo era noticia, se auguraban meses de espera por la tan ansiada vacuna, y con ello un inevitable golpe económico para la economía global.

La ya frágil estructura financiera colombiana no iba a escapar de este terrible golpe económico, el sistema tributario nacional ha requerido por muchos años una reforma  estructural, que como la reforma a la justicia, ha sido postergada año tras año, y en cambio presentan paños de agua tibia, para dos columnas estructurales de la arquitectura institucional del país, que requieren profundos y urgentes cambios.

La radicación de una reforma tributaria era inevitable, estructural o no, se requería de mayores ingresos en el corto plazo, no solo para soportar el faltante producto de la pandemia, sino para solventar un poco el enorme hueco fiscal que deja el gasto estatal, frente a la huella que deja la corrupción y el pésimo manejo tributario en el país. Sin embargo, los tiempos no daban, o por lo menos no para un gobierno cada vez más desprestigiado.

Duque tuvo una oportunidad de oro que dejo pasar, la posibilidad de hacer una eficiente gestión, o por lo menos una administración regular de la crisis de salud, lo que le permitiría mejorar en imagen, sin embargo hizo todo lo posible para que no fuera así.

En Chile por ejemplo, el Presidente Sebastián Piñera enfrento a finales del año 2019 una crisis institucional de enormes proporciones, generada por multitudinarias protestas, que inclusive obligaron a la renuncia de todo su gabinete. Piñera quien tenía una popularidad finalizando el 2019 del 6%, paso a Febrero de 2021 a un 24%, pésima percepción, pero indiscutiblemente una absoluta mejoría de imagen para un gobierno que se creía no aguantaría todo el periodo, entendió que por lo menos algo debía de hacer bien, hoy es ejemplo en distribución de vacunas.

En cambio Duque, a pesar de cientos de advertencias, no atendió los reclamos, no escucho consejos, y no viro el barco que debía tomar un nuevo rumbo para no estrellarse con el iceberg de la ingobernabilidad.

El presidente hizo todo lo que podía para que su administración saliera mal, y ahora el descontento ciudadano no solo le cobra factura en las encuestas, sino en las calles, en un momento en donde las personas prefieren salir a manifestar su descontento a pesar del riesgo, que seguir en el cómplice silencio de una pésima administración.

Claro que se necesitaba una Reforma Tributaria, pero no para seguir beneficiando a los todo poderosos banqueros agremiados en la ANIF, sino para eliminar las enormes exenciones, no para comprar billones de pesos en aviones de Guerra, sino para dotar de hospitales y escuelas a la nación, no para seguir incrementando cuotas burocráticas en altas consejerías, embajadas y procuraduría, sino para contener la descarada corrupción y abuso de algunos indolentes y criminales funcionarios públicos.

Ya la Reforma tributaria no resiste argumentos técnicos, ya se convirtió en un pulso político de cara a las próximas elecciones, esperando servir como discurso para algún grupo político que se adjudique la renuncia del ministro, o por lo menos el retiro del Proyecto, generando una profunda inestabilidad al interior del gobierno, a más de un año de entregar un eterno periodo.

Duque lo hizo mal, y ya hasta su partido le da la espalda, basta con leer las columnas y declaraciones de algunos que como Rafael Nieto o Fernando Londoño, tienen como estrategia desconocer a su propio invento; Aquel que decía Uribe.

Este Gobierno pasara con mucha pena y ninguna gloria, figurara en los anaqueles de la historia como aquella que no deberá de repetirse. Triste final para el Uribismo, un movimiento caudillista que pudo haber aportado algo positivo para la historia, pero que la avaricia y codicia por el poder, le impidió conformarse con un inmerecido rotulo para su líder, el del Gran Colombiano.

Twitter: @AlejandroLSFD