Un adiós para Rossi
De adolescentes tuvimos la oportunidad de ver el mejor fútbol de todos los tiempos. El virtuosismo, el profesionalismo y la entrega de los llamados cracks de ese tiempo, hacían de cada equipo a los que pertenecían un conjunto balompédico de carácter casi que invencible.
Era la década del 70, y en la mente de muchos se buscaba con premura al digno sucesor del rey Pelé. Beckembauer, Cruyff, Zico, Platini y Maradona se disputaban la admiración de sus connacionales y la de los críticos extranjeros en dicha aspiración.
Pero la mentalidad del futbol-espectáculo cambió y la táctica reemplazó la magia de esos semidioses con guayos de taches, para entregarnos el futbol-resultado, más soso, menos agradable a la retina, con el propósito no sólo de ganar partidos sino campeonatos, que, al fin de cuentas, es lo que le interesa a la afición y a los dueños del equipo (también a las empresas de publicidad).
Una demostración de ese futbol-resultado nos la dio Enzo Bearzot con su “squadra azurra” en el Campeonato Mundial de España 1982. Esa selección italiana mostró un 4-3-3 (para mí sigue siendo la formación que más le aporta al espectáculo) digno de todos los respetos, esquema que fue variando de acuerdo con las necesidades de cada compromiso. Con un gran arquero como Dino Zoff, que inspiraba todo tipo de confianza bajo los tres palos, un cuarteto posterior ordenado, disciplinado (con un Claudio Gentile dispuesto a borrar cualquier asomo de genialidad del contrario, como lo demostraron sus “marcas” sobre Maradona y, luego, sobre Zico, en dicho Mundial), lo mismo que su medio campo bajo la batuta de Franco Causio, y adelante Conti y Tardelli acompañando al gran Pablito Rossi. Ese equipo, de un regular comienzo en ese Mundial, terminó siendo el campeón del mundo al ganarle la final 3-1 a la selección Alemania de Schumacher, Rummenigge y Litbarski, y en donde formó con un 5-1-3-1, demasiado cauteloso pero que respondía a las expectativas de Bearzot, más contando con la presencia goleadora de Rossi, el “bambino de oro” italiano, a la postre el máximo anotador de dicho Mundial.
Paolo Rossi, nacido en Santa Lucía, un pueblito de Toscana, en 1956, se caracterizó desde niño por su “olfato goleador”, un privilegiado a la hora de anotar, después de todo la mayor satisfacción en el futbol es el gol. De equipos modestos llegó a importantes clubes del mundo, al convertirse en uno de los mejores jugadores italianos en el Mundial de Argentina 1978. Pero en 1980, Rossi conoció los sinsabores de la derrota al ser sancionado e inhabilitado de cualquier competencia futbolística por dos años, tras el escándalo del “Totonero”, en el que fue acusado de ser uno de los apostadores, algo que siempre negó.
Su consagración vendría en el Mundial de España 1982, en el que se coronó goleador con 6 anotaciones, fue campeón del Mundo con su selección y le marcó tres goles al que, sin lugar a dudas, fue considerado el mejor equipo de ese Mundial, la selección Brasil de Sócrates, Toninho Cerezo, Júnior, Falcão y Roberto Dinamita, en uno de los mejores partidos vistos en todos los mundiales, que ganaron los italianos 3-2 y les valió continuar en pos de la anhelada copa.
Pero no solamente el “bambino de oro” se destacó en la selección de su país, sino que a nivel de clubes también tuvo una gran figuración, como fue su participación en la Juventus de Turín en 1982-1983. Una verdadera constelación de estrellas, en donde, además de otros cinco compañeros titulares de la selección campeona, ficharon al francés Michel Platini y al polaco Zbigniew Boniek, ganaron dos Scudettos, una Copa de Italia, una Copa de la UEFA, una Supercopa de Europa y una Copa de Europa.
Luego de ese gran periodo, que podríamos llamar post-Mundial 82, Rossi fue al Milán y luego a otros equipos no tan notorios como los anteriores, para retirarse definitivamente en 1987, a los 31 años de edad. Aunque dejó del futbol activo, esporádicamente se desempeñó como comentarista deportivo para algunos canales locales.
El pasado 9 de diciembre de 2020, a causa de un cáncer de pulmón, el gran Paolo Rossi dejó de existir a la edad de 64 años, en la ciudad de Siena (Italia), y aunque fue todo un ídolo en el mundo del balompié, su muerte pasó desapercibida, debido, en gran parte, a que el 25 de noviembre del mismo año, falleció Diego Armando Maradona, un verdadero genio y artista con el balón entre sus pies; tan solo opacado por la marca implacable de Claudio Gentile, en ese memorable partido entre argentinos e italianos, el 29 de junio de 1982 en el estadio de Sarriá, en Barcelona, y que perdieron los argentinos 2-1.
Aunque nos parezca inaudito, la noticia de la muerte de Maradona, un verdadero acontecimiento mundial, opacó la del no menos famoso Paolo Rossi (QEPD), al que recordaremos siempre los amantes del buen futbol y su máxima alegría: el gol.