23 de julio de 2026

La Universidad de Jaimes

14 de marzo de 2021
Por John Jairo Vera Ospina
Por John Jairo Vera Ospina
14 de marzo de 2021

Año tras año, existe una gran pugna de todas las universidades del planeta por estar en el ranking de las mejores del mundo, conocido habitualmente como Clasificación de Shanghái (Shanghái Ranking) o ARWU (Academic Ranking of World Universities), ya que se trata de un listado recopilado por un grupo de especialistas de la Universidad Jiao Tong de Shanghái (China), so pretexto de elevar el nivel de las universidades chinas con respecto a las mejores del mundo en “investigaciones científicas duras”.

Entre los parámetros utilizados para lograr dicha cuantificación están: 1) Número de ganadores del Premio Nobel o la Medella Fields, que hayan sido formados por dicha universidad o trabajen para ella, 2) Número de investigadores altamente citados en 21 temas generales, 3) Número de trabajos citados en los índices del Science Citation Index y Social Science Citation Index, y 4) “Producción per cápita”, o sea la puntuación obtenida por todos los indicadores anteriores dividida en su número de académicos de tiempo completo.

Ahora, analizando estos indicadores vemos las dificultades que para una universidad nuestra representa estar en dicho ranking, el cual lleva varios años siendo liderado por las universidades de Harvard, Stanford, Cambridge y el MIT. En Latinoamérica son tenidas en cuenta, aunque ocupando puestos mucho más abajo de las antes citadas, universidades como la de São Paulo (Brasil), la de Buenos Aires (Argentina), la UNAM y el Tecnológico de Monterrey (México). La Universidad Nacional de Colombia (UNAL), indiscutiblemente la mejor del país, ocupó el puesto 748 entre las mil mejores universidades del mundo.

Tiene algo de lógico, desde todo punto de vista, que nuestras universidades estén en seria desventaja frente a las universidades del llamado primer mundo, después de todo, no todas ellas cuentan con los recursos suficientes para tener dos o tres ganadores del premio Nobel como sus profesores (hasta difícil verlos aquí como ocasionales), y, aunque durante los últimos años se ha incrementado el número de grupos de investigación, su producción académica –existen casos bien interesantes– sigue estando muy por debajo en cantidad y credibilidad con respecto a las primeras diez o veinte instituciones clasificadas en Shanghái.

Lo cierto del caso es que muchas universidades se precian de haber tenido entre sus alumnos o como profesores, a reconocidos intelectuales, escritores, investigadores de novedosas tecnologías, incluso, a políticos de respeto a nivel nacional y regional. Muchas de estas universidades, en su afán por tener algún grado de notoriedad, apelan a otorgar doctorados “Honoris Causa” a muchos de estos personajes, así los mismos no respondan con creces a lo que dicho título representa y exige. Todo sea por incrementar en varios miles de pesos el valor de la matrícula.

Pero, situándonos en la realidad más cercana de los colombianos, seguimos siendo un país tercermundista en muchas clasificaciones del mundo –incluso la de Shanghái–, aunque algunos “pavos reales” no quepan en sus ropas y, en vez de caminar, leviten, por obra y gracia de sus títulos universitarios, cargos desempeñados y sus buenos dividendos mensuales, y no podemos sustraernos a los eventos políticos, económicos y sociales que sacuden nuestra vida diaria.

Uno de estos eventos corresponde a la investigación que fue trasladada a la Fiscalía General de la Nación, como producto de la renuncia del senador Uribe Vélez a su cargo, y con la cual se le quitó potestad a la Corte Suprema de Justicia para investigarlo por los presuntos delitos de “soborno a testigo en actuación penal y fraude procesal”. Pues, bien, ante la poca credibilidad que genera para muchos colombianos la imparcialidad del actual Fiscal General, Francisco Barbosa, según el mismo “el más preparado a su edad para dicho cargo”, éste delegó a Gabriel Jaimes, fiscal coordinador de la Fiscalía Delegada ante la Corte Suprema de Justicia, para que fuera el encargado de asumir dicho proceso.

Pero Gabriel Ramón Jaimes Durán, un abogado santandereano egresado de la Universidad Santo Tomás de Aquino de Bucaramanga, con especialización de la misma universidad y una maestría de la Universidad Sergio Arboleda de Bogotá, con más de 25 años de experiencia, en donde se destacan sus funciones como  Procurador Delegado ante la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia y magistrado auxiliar del Consejo de Estado, acaba de pedir la preclusión de dicho caso.

Uno, como un simple ciudadano de a pie, no le queda más que ponerse a pensar qué pudo motivar a un fiscal experimentado como Jaimes, a tomar dicha decisión, olvidándose del cuantioso expediente que le remitió la Corte Suprema de Justicia, en donde se incluían todo tipo de pruebas testimoniales, inspecciones judiciales, interceptaciones telefónicas, grabaciones y registros fílmicos, que señalaban la presunta participación del expresidente como determinador de los cargos imputados.

Si eso nos sucede a muchos ciudadanos, qué podríamos pensar de quiénes han sido los estudiantes del fiscal Jaimes en su rol de profesor universitario. ¿Será que siguen creyendo en la sapiencia que sus títulos y años de experiencia le otorgan?, o, por el contrario, ¿podrán creer que en su decisión encontró algún resquicio de favorabilidad o tomaron fuerza otros factores “ajenos” al sano ejercicio del derecho? Todas estas no son más que conjeturas que nadie, sólo él, podría verificar como ciertas.

Ahora, volviendo a nuestro tema inicial, ¿será que la universidad de Jaimes se encuentra en el ranking de Shanghái?