18 de enero de 2022
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La ruina conservadora

13 de diciembre de 2020
Por Álvaro Rodríguez Hernández
Por Álvaro Rodríguez Hernández
13 de diciembre de 2020

El partido conservador –como el filósofo Pambelé – ganó pero perdió en Risaralda.

Pueden mostrar cifras claras en la Asamblea pero están y siguen partidos. En el concejo de Pereira, igual. En Risaralda, perdieron alcaldías y sucumbieron con el poder contundente que tenían con gobernador abordo.

Los Parlamentarios no se pueden ver y la masa corre con el afán diario de rebaño. Igual los concejales y en la Asamblea, lo mismo. Ahora, quienes hicieron el daño, muestran patente para lanzarse a la Cámara sin rubor alguno pero con el apretar de dientes de la militancia.

La línea de mando hoy, no manda. Falta timón. Va y viene sin protocolos. Sólo interesa en esa perspectiva reglada: senado y ganar con la señalada, gobernación.

Pero pese a ello y bajo el calor navideño, buscan una conciliación directa, rápida, para demostrar falsos y peligrosos acuerdos de reacomodo que los empujan contra la voluntad de sus inspiradores. Más cuentos para lo que viene mal.

El conservatismo en Risaralda es un partido mal formulado. Mal planteado. Sin diagnóstico posible. Con inventario de tienda. Apretado de clientela, burocratizado pero sin ideología pese a los nuevos liderazgos surgidos pero que no pelecharán por la estructura cerrada vigente.

Leyendo a fondo el libro Unificación, de José Daniel Trujillo Arcila- partido  que “marcó historia”,  de la escasa literatura política compilada en Risaralda   y mirándose en el espejo, es un remedo lo que existe.

La pregunta clave surge en la  presentación hecha por el abogado Néstor Javier Arango Arias: ¿sirve de camino  de retorno para las nuevas generaciones  de líderes de Risaralda?

Parodiando al ex congresista y ex diputado, en la actualidad concejal del otrora poderoso ´vaticano´conservador, Cèsar Franco, este es un partido mudo.

Que surgió – hablo de Unificación, en medio de la élite que representó en muchas respuestas y escenarios –  por la “necesidad que sintieron de rescatar a Risaralda”. Hoy, este partido conservador es un mal ejemplo.

Es un partido en desorden, sin catadura, mudo, con déficit de líderes como lo puntualiza Franco, con realidad cierta. Deben renunciar sus orientadores, advierte en la línea de ascenso en la carrera electoral donde se maneja la operación electoral.

Hoy los partidos y movimientos con muy contadas excepciones, son empresas electorales concebidas  y puestas en marcha para obtener provecho económico para sus fundadores y sus dirigentes, precisa la nota de presentación de Arango Arias.

El Conservatismo, nace, crece, se reproduce y de pronto ¡estalla!

¿Alguien lo puede salvar de la ruina? ¿Surge otro frente azul de combate? Otro ¿Unificación, como carburante o purga?

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