10 de junio de 2026

¿Qué decía Serpa como candidato presidencial?

9 de noviembre de 2020
Por Jorge Emilio Sierra Montoya
Por Jorge Emilio Sierra Montoya
9 de noviembre de 2020

En 2006, Horacio Serpa Uribe emprendió la que sería su tercera y última campaña electoral como candidato presidencial, enfrentado al entonces aspirante a su reelección, el Presidente Álvaro Uribe Vélez, quien de nuevo lo derrotó, igual que cuatro años antes.

En plena campaña, Serpa concedió esta entrevista para mi libro “¿Qué hacemos con Colombia?”, publicado por Editorial Planeta, la cual lo promovió como El libro del año electoral, más aún por abordarse allí, al decir del subtítulo, “los grandes debates económicos con los principales dirigentes del país”. 

Reproducimos, a continuación, el texto completo de la entrevista, cuya única modificación es de tiempo, ahora en pasado, dado el reciente fallecimiento del popular y controvertido dirigente liberal.

Introducción

“Una escuela diferente”: El estilo de Horacio Serpa Uribe era de combate, a veces agresivo. O de carácter, diría él. Así, cuando le dije que los economistas más prestigiosos y los medios empresariales del país no solían respetarlo en temas económicos, contestaba en tono enérgico: “Primero dígame quiénes son los economistas más prestigiosos y por qué tienen prestigio, cuáles son los medios empresariales a que se refiere y qué significa en este contexto la palabra respeto”.

En realidad, admitía que “los economistas neoliberales” no lo quieren, actitud que justificaba con creces: “Hacen  bien, pues representa una escuela diferente”. Y aclaraba, como cerrando la discusión: “Para mí la economía es una ciencia muy importante, al servicio de la política. Y yo estoy en la política al servicio de la equidad. Por eso no nos entendemos”.

Renovación del liberalismo: Eso era por el lado económico. En lo político, también recibía fuertes críticas de sus detractores, aún dentro del su partido, quienes afirmaban que él representaba a la vieja clase política.

“Yo sí represento algunas viejas ideas liberales”, afirmaba, aceptando en principio los cargos. Sólo que tales ideas -precisaba- son nada menos que “la igualdad, el respeto a las libertades individuales y la economía al servicio del bienestar”.

Y para no dejar dudas al respecto, convirtiendo su defensa en ataque, decía, a modo de confesión: “Soy también un hombre de experiencia, conocedor del mundo contemporáneo”, aludiendo no sólo a su amplio recorrido en la vida pública sino a su paso por la Organización de Estados Americanos -OEA-, donde fue embajador.

“No se olvide, además, que la renovación del partido liberal tiene mucho que ver con mis iniciativas y propuestas”, sentenciaba al oído de sus críticos.

No son cosas de maquinaria: Creía que su esperado triunfo electoral no sería por la maquinaria liberal, la misma que parecía estar a su servicio de tiempo atrás, sino por sus condiciones personales, académicas y políticas, conocidas de vieja data. “He sido un buen liberal y tengo todas las condiciones para dirigir al país”, expresaba sin rodeos y con honda convicción.

El optimismo, de otra parte, le acompañaba en sus convicciones. “Sé que el pueblo -aseguraba- me va a dar, por fin, esta oportunidad por la que sigo luchando con el mayor entusiasmo”. Era tan optimista que descartaba no llegar algún día a la jefatura del Estado, a diferencia de Álvaro Gómez Hurtado, cuya candidatura fue siempre derrotada.

“Lula -recordaba- luchó cuatro veces; Allende, cinco; Tabaré, tres, y Belisario, cuatro. A Lincoln lo derrotaron siempre, pero perseveró y llegó a la presidencia de su país”.

“Voy a conseguir la paz”: La referencia al proceso de paz con los grupos guerrilleros era obligado en su caso, teniendo como telón de fondo la política de seguridad democrática del Presidente Uribe y los avances en tal sentido, en la lucha contra la subversión, que por lo visto fue factor decisivo en la reactivación económica del país a través, por ejemplo, de una mayor confianza para la inversión.

“¿Usted cree estar en mejores condiciones que el Presidente Uribe para adelantar un proceso de paz con las Farc?”, era la pregunta de rigor. No lo pensó dos veces para responder. “¨Por supuesto. Y no sólo con las Farc sino con los elenos (del Ejército de Liberación Nacional, ELN) y los paramilitares”, dijo, como si descartara de antemano que un segundo mandato de Uribe, con más represión, sometiera por completo a los grupos violentos”.

“Yo sí conozco el almendrón”, anotó en frase que muchos sabrían interpretar.

“Tengo la experiencia, los conocimientos, el carácter y el buen juicio que se requieren para lograr la paz. Yo la voy a conseguir”, aseguraba.

LA ENTREVISTA

Cambiar el modelo de desarrollo por uno nuevo que enfrentara la desigualdad, reestructurara la deuda externa pública, duplicara el salario mínimo y sacara adelante la contrarreforma laboral, era la principal propuesta económica de Horacio Serpa en su programa económico de gobierno.

Y claro, eso iba acompañado de fuertes críticas al Presidente Álvaro Uribe, a quien calificaba de neopopulista, no sin poner en tela de juicio los resultados de su política social y el plan de ajuste a las finanzas públicas.

Tesis polémicas, como se verá a continuación.

Gobierno para todos

-J.E.S.: Su programa económico es ante todo un programa social. ¿Lo es, en verdad?

-H.S.U.: Le concedo el beneficio y el derecho de la duda. Pero sí, es cierto: mi propuesta es esencialmente social. Propugno por el cambio del actual modelo de desarrollo por uno nuevo que exprese mi sueño social, que es la lucha contra la desigualdad, por una política que genere más crecimiento y distribuya más equitativamente sus beneficios, por un gobierno para todos, no para unos pocos como ahora.

¿Incluso el énfasis en la política social es porque el actual gobierno (de Uribe), en su opinión, la dejó en segundo plano, sin los positivos resultados que todos esperábamos?

Este gobierno no tiene política social. Puso en práctica lo que ahora se llama el neopopulismo, signado por una permanente puesta en escena de los actos de gobierno, una suerte de asistencialismo, sin brújula, como política social. Ello no es bueno en un país que es el segundo de Latinoamérica en desigualdad. Lo social, que es lo de la gente, lo del diario vivir, es el gran talón de Aquiles de Uribe.

No obstante, los defensores del gobierno destacan sus avances sociales (en educación, salud, vivienda, etc.), con cifras en mano. ¿Usted no cree en esas cifras?

Esas son cifras del gobierno, de Planeación Nacional, de los ministerios, cuya credibilidad es cuestionada por analistas serios e independientes. Ya verá usted el debate sobre las estadísticas de pobreza que acaba de anunciar el DNP. Hay que rescatar la respetabilidad de las cifras y las estadísticas. En mi gobierno logrará que el Dane sea una entidad autónoma para que no siga abusando de la credibilidad pública.

“Muy a la colombiana”

¿Usted es el llamado a liderar en Colombia un gobierno de izquierda, como los que se han ido extendiendo en América Latina?

Sí, represento lo social, el cambio y la convivencia. Muy a la colombiana, voy a poner a nuestro país a tono con lo que está ocurriendo en el resto de la región.

En síntesis, ¿por qué le parece malo el neoliberalismo? ¿Acaso no tiene aspectos positivos, dignos de destacarse?

El neoliberalismo ha sufrido una estruendosa derrota histórica en todas partes, favoreció a los poderosos, concentró la riqueza y el ingreso, generó mayor desigualdad y pobreza, sirvió de auxiliar al autoritarismo y produjo ingobernabilidad.

¿Qué le ha gustado de Uribe en el manejo económico?

Le digo más bien lo que no me ha gustado: que puso la economía al servicio de los ricos. No tenemos una buena economía, pues no ha servido para todos. No ha generado empleo. El gran capital está contento, pero no la clase media ni los pobres.

Para algunos analistas, presentar a Uribe como candidato de los empresarios, y a usted, el de los trabajadores, busca atizar la lucha de clases en el país…

Más allá de lo que piensen “algunos analistas”, la realidad es que Uribe trabaja para unos pocos, y yo voy a trabajar para todos, entre ellos, por supuesto, para los trabajadores. Hay que hacer una contrarreforma laboral porque la reforma de Uribe fue inequitativa y, además, fracasó. No produjo un solo empleo.

Más deuda y más pobreza

¿En su gobierno no estaría dispuesto a renovar el acuerdo con el Fondo Monetario, en nombre de la soberanía nacional?

En mi gobierno se manejará la economía con responsabilidad e independencia. Tendremos buenas relaciones con los organismos internacionales, pero el interés nacional primará en todas nuestras actuaciones. Al FMI hay que tratarlo con reticencias, pues sus errores han sido manifiestos.

De hecho, los niveles de deuda pública en Colombia son preocupantes. ¿Qué hará usted al respecto? ¿Refinanciar la deuda externa? ¿O declarar la moratoria, como Argentina?

Me preocupa el nivel de la deuda y, especialmente, que ésta no haya servido para atender el desarrollo social. Hay más deuda y más pobreza. Hay que reestructurarla para que su atención no requiera más del 20% del presupuesto de gastos. Hoy es del 37%.

Ante el alto déficit fiscal que aún se tiene, habría que seguir recortando el gasto público, lo cual sería poco probable en su caso por la anunciada política socia…

-Me voy a preocupar por aumentar los ingresos de la Nación para que haya más inversión social. Lo que acabo de decir de la deuda mejora la posibilidad del gasto, el cual será priorizado. Y voy a acabar con la guerra. Imagínese usted lo que ello permitirá en materia de política social.

¿La reforma tributaria estructural no puede contemplar el aumento de impuestos, en especial para los sectores populares de menores ingresos?

En impuestos habrá cambios, no lo dude, pero no al estilo Uribe, quien sólo piensa en impuestos para los pobres y rebajarlos a los ricos. Al contrario, propiciaré una reforma tributaria a fondo, progresiva, para que paguen los que tienen y los que ganan. Tenemos que sincerar la cuestión tributaria, eliminando exenciones, deducciones, beneficios fiscales y subsidios que no se justifiquen en equidad.

¿Usted desmontaría el plan de ajuste? ¿O piensa, de todos modos, que es preciso hacerle algunos ajustes? ¿Cuáles?

¿Cuál plan de ajuste? Sólo mire las cifras fiscales. Propiciaré, como ya dije, un nuevo modelo para equilibrar las cargas. Ello implica que los más necesitados y la clase media no sean los que paguen el plato en materia de ajustes. Hay que salirse de la dudosa ortodoxia que quiso vestirse de verdad única y universal.

Duplicar el salario mínimo

¿Insiste en su propuesta de duplicar el salario mínimo al término de su cuatrienio, aunque los críticos afirmen que semejante medida puede elevar la tasa de desempleo al subirse de manera desproporcionada los costos laborales de las empresas?

Desde luego. Propiciando el crecimiento de la economía, aumentando la productividad, sensibilizando a los empresarios, repartiendo en equidad los beneficios de la economía, es posible lograr un gran aumento de la capacidad adquisitiva del salario mínimo. Lo voy a hacer, como lo hizo Fernando Henrique Cardoso en Brasil.

¿Dicha propuesta no es populista? ¿Usted no lo es?

Es una propuesta viable y equitativa. El país no aguanta que los más ricos aumenten sus ganancias anuales el 40 y el 50% o más, mientras los pobres sólo tienen reajustes salariales del 6%. Eso es injusto y aumenta la desigualdad. Mi propuesta es popular, no populista. Populista es el manejo mediático que hace Uribe.

(*) Ex director del diario “La República”. Magister en Ciencia Política y en Economía de la Universidad Javeriana.