En Defensa de La Mujer.
Es triste saber, que en Colombia, el mayor ingreso de divisas corre por cuenta de mujeres, obligadas en el exterior, bajo indignantes e inhumanas presiones de tortura a la explotacion sexual; mujeres sin derecho al regreso a su país, indocumentadas, vetadas ante la sociedad y destinadas a un trabajo forzado denigrante y sucio.
Los Tratados que buscan mantener por encima de cualquier pretexto el cumplimiento de los derechos de las mujeres, y en general del ser humano, conllevan una responsabilidad personal, social y política, toda vez que dar cumplimiento a ellos es iniciar procesos de formación a través de una educación inclusiva, activa, en el respeto al otro, en la solidaridad que nos hace hermanos.
El tema de la explotación sexual de mujeres, niñas y adolescentes, es un problema educativo porque la formación en Derechos Humanos no hace parte del currículo ni de los planes de estudio necesarios desde los primeros años de la infancia.
Es un problema social porque su efecto conlleva a la degradación del ser, a la esclavitud sexual y a la exclusión y esto incide en la familia, en los miembros del hogar, que educados en esta cultura de violación a los derechos humanos, estan afirmando un concepto de ser humano y de ciudadano muy distante de lo que deberia ser como garante que es del desarrollo integral de su país, de su nación.
Es político porque es el resultado de la desprotección y la indiferencia de los gobiernos, no hay entes gubernamentales definidos desde la misma organización del estado de derecho para que se ejerza veeduría, fiscalía y control del delito de trata de personas y se establezcan acciones desde el mismo ente judicial con miras a penalizar con condenas altas y ejemplares a quienes optan por ejercer este trabajo de tortura y de indignidad hacia el otro.
En Colombia funciona, en gran proporción, la economía del rebusque dadas las condiciones de desempleo y de exclusión en el que se ha tenido a la mujer y en especial a mujeres de comunidades vulnerables, carentes de los mínimos derechos de supervivencia: así se ha germinado un caldo de cultivo para la trata de personas, en gran medida mujeres jóvenes, adolescentes y niñas .
¿Que futuro ofrece el gobierno a las mujeres de este país cuando es frecuente el asesinato y violación de mujeres y niñas, cuando no hay una política de estado que contrarreste este problema, cuando no hay oportunidades que les permita a las mujeres supervivir y sacar adelante a sus hijos a través de un trabajo digno y justo?.
Es ahí donde los mercachifles de la dignidad humana entran a ofrecer empleos jugosos que entusiasman a niñas y mujeres que bajo la presión del desempleo, de la miseria, optan por salir del país así se enfrenten a un mundo desconocido y denigrante.
El problema de trata de personas es un tema de nunca acabar, originado en la desprotección de un estado que desconoce los Derechos Humanos, afincados en la igualdad, la justicia, la equidad, las oportunidades de un trabajo decente, una educación transformadora del ser y una convivencia capaz de generar economías activas y corresponsables.
Es un problema nacido en la indiferencia de los gobiernos, de los ejecutores de la justicia, de los medios de comunicación, de los entes políticos, que en muchos casos, son quienes permiten que este doloroso trato se haga realidad en nuestras mujeres, en sus hogares y son quienes abanderan esta actividad y la transforman en una economía de miedo, de esclavitud, de maltrato, de abuso.
¿Hacia dónde vamos?
No sabemos, porque lo que se mueve entre la desprotección y la indiferencia son nuestras mujeres, obligadas por el desempleo, la discriminacion salarial, la violencia intrafamiliar, el maltrato, la explotación laboral, en fin la exclusión de las oportunidades de vida a las que tienen derecho y no se les ha reconocido.
La violación a los derechos de las mujeres, en el aterrador comercio de trata de personas, es un cáncer que está minando la vida de los hogares, de sus mujeres y con ellas de sus hijos, de toda Colombia.
Mientras que nos ocupamos de problemas irresolubles de este país y nos dejamos influenciar de las propuestas de enfrentamientos y rencores, de odios y fanatismos, estamos dejando pasar de largo el abuso de nuestras mujeres, de nuestras niñas y adolescentes; se las están llevando muy lejos en un viaje sin regreso, dejando aquí, un país inerme ante las injusticias y los abusos porque muchos de sus habitantes solo tuvieron tiempo, oídos y corazón para responder ofensas, defender la maldad, idear amenazas, amedrentar a los buenos y empoderar a los malos, apoyar la injusticia, la corrupción y atacar desde los estrados más altos al resto de ciudadanos de bien que nos honramos de ser colombianos y sentimos en el alma una necesidad inmensa de volver a los caminos que un día nos erigieron como una nación digna y gloriosa.