3 de marzo de 2021
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Homenaje póstumo del poeta Rubencho a Pastor

30 de julio de 2020
Por Rubén Darío Arcila
Por Rubén Darío Arcila
30 de julio de 2020

Como en los buenos clásicos, Pastor Londoño alcanzó los noventa – el tiempo reglamentario – y jugó el adicional a plenitud, minuto a minuto. La memoria le alcanzó – en reciente entrevista – para recordar el mejor gol de sus históricos relatos, por allá en la década del setenta:

«El Campín estaba abarrotado de público a pesar de la fuerte lluvia que cayó esa tarde sobre Bogotá. A falta de siete minutos para el final, América ganaba el partido 2 – 1 y la ilusión de clasificar se desvanecía. El rojo logró empatar pero la victoria parecía lejana con el correr de los minutos».

Transcurría el tiempo de adición y llegó el milagro. Recúpero tomó un balón en mitad de la cancha y envió un pelotazo al borde inferior izquierdo, sobre el arco norte del «potrerito de la 57», como decía Carlos Arturo Rueda, y allí justamente apareció el goleador e ídolo argentino Carlos Alberto Pandolfi  con un particular salto, el impacto de cabeza superó al arquero, ante una mala salida, y el balón entró llovido lentamente. Estalló la ciudad y el canto del gol fue atronador en la voz de Pastor. Se inflaron los globos de seda de todos los paraguas y aquella garganta privilegiada quedaría eternamente grabada en el alma de los bogotanos.

Le estaba «tirando a los cien años», nos confesó, cuando sonó el pito del juez supremo, el Galileo como él lo llamaba, y el partido se dio por concluido. Hace unas semanas, en plena pandemia, Pastoriza estuvo muy animado departiendo con los Narradores de América, programa Youtube, donde pasó de lo lindo con Hernán Peláez y los demás colegas de la época. Pastor y Peláez marcaron un antes y un después en la radio deportiva colombiana: la pareja por excelencia.

Ya viajó el último Mohicano, el hombre que cierra el ciclo de esa generación brillante de narradores que comenzó en 1950 con el fútbol y el ciclismo narrados por El Campeón Rueda.

Arriba están esperándolo Joaquín Marino, veo uno, Gabriel Muñoz, veo dos, Eucario, veo tres, Perea, veo cuatro y Alberto (el Padrino)…Alberto VO5.  Un lote completo de estrellas que tienen su propio cielo.

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