16 de mayo de 2022
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Colmados de floreros de Llorente

20 de julio de 2020
Por Celmira Toro Martínez
Por Celmira Toro Martínez
20 de julio de 2020

Los Colombianos, parece que nos hemos quedado detenidos en el 20 de Julio de 1810 cuando, un criollo fue a pedir prestado un florero al Español Gonzalez Llorente; un acto, en apariencia irrelevante, que desató un enfrentamiento entre criollos y españoles y culminó en la independencia de Colombia

Este día, nos cuenta la historia, los criollos de entonces, se valieron de la negativa del Chapetón Llorente a prestar su florero para iniciar una revolución en repudio al exceso de impuestos y el mal manejo político y social de las autoridades del Virreinato.

Hoy 210 años después, ¿no encuentra usted, similitud entre el ayer de los criollos y el hoy de nosotros?

La única diferencia es que en ese entonces había hombres y mujeres capaces de defender sus derechos, de denunciar los abusos y de no aceptar la tiranía y la esclavitud, esa misma situación que muchos compatriotas nuestros y en general el grueso de la población colombiana vivimos en estos momentos.

Entre 1810 y 1819 periodo de la emancipación colombiana surgieron hombres y mujeres capaces de enfrentarse al gobierno de entonces y sin miedo desafiaron a la Corona y como un pueblo unido se expusieron a todo, hasta la muerte y  reclamaron sus derechos.

Hoy hace falta un Jose Acevedo y Gomez, el Tribuno del Pueblo, quien El 20 de julio de 1810 se alzó entre la multitud enardecida para hablar del mal gobierno y las exigencias del pueblo por igualdad de derechos y encabezó sin miedo la firma del Acta de Revolución.

Urge hoy un líder de la talla de Jose María Carbonell quien se encargó de desplazarse por diferentes barrios y movilizar a cientos de personas hacía la Plaza Mayor para protestar por el dominio que venían ejerciendo sobre el pueblo víctima de tanto atropello; se necesita hoy, mujeres con la valentía y la decisión de Antonia Santos, Policarpa Salavarrieta, Simona Duque y Manuela Beltrán, mujeres que lo sacrificaron todo por la independencia de nuestro país.

Ese grito de independencia, dice la historia, se dio el 20 de Julio de 1810, pero parece que fué sólo un grito porque las voces de libertad 210 años después, no se oyen; están silenciadas por amenazas a líderes sociales y defensores de derechos humanos, por persecuciones políticas, por el miedo a ser despedido de su trabajo, por abusos de poder en contra de los más vulnerables, en fin, tantos gritos de libertad atorados en la garganta de este pueblo colombiano agobiado por tanta corrupción, tanta violencia, tanta infamia.

Para los habitantes del Virreinato de la Nueva Granada, en 1810, hoy República de Colombia, el detonante de la rebelión fue un florero: «El Florero de Llorente»; para nosotros, hoy, habitantes del mismo país, nos sobran los Floreros de Llorente , la diferencia es que el de Llorente era una obra artesanal hermosa, de lujo como para decorar una mesa en una celebración importante; nuestros Floreros de Llorente, que son muchísimos, no sirven de decoración sino de ignominia, de injusticia,  de vergüenza.

Florero de Llorente es  la compra de votos en las campañas presidenciales.

Florero de Llorente es la Ñeñe política engavetada en las oficinas de la Fiscalía, de los jueces de turno.

Florero de Llorente es Odebrecht y sus millonarios sobornos a la clase política y dirigente del país para aceptar el desangre de los recursos del estado, sin que hasta el momento se haya hecho justicia.

Florero de Llorente es la violaciòn de las niñas indígenas por miembros del Ejército bajo el silencio cómplice de los altos mandos y del mismo gobierno.

Florero de Llorente es el aplazamiento continuo de indagatorias a altos funcionarios del pais señalados de acciones dolosas en contra de la población civil: masacres, desplazamiento, narcotràfico, apropiación del patrimonio económico y malos manejos durante sus gobiernos.

Florero de Llorente es la venta indiscriminada de los bienes del estado, de sus acciones y las negociaciones por debajo de la mesa entre el gobierno y los grandes industriales, terratenientes y banqueros.

Florero de Llorente es un Congreso, con mayoría de corruptos y vendidos; ajeno al deber de legislar en honestidad, verdad y justicia; es su ausentismo reiterado a las sesiones de trabajo parlamentario sin que se ejerza medida alguna de control; es la mermelada que exigen para poder legislar, el irrespeto y la irreverencia

hacia el país cuando pretenden elegir como presidente de su corporación a alguien que está en proceso de investigación por la justicia.

Dicen que todo tiempo pasado fue mejor y quizá halla razón en afirmarlo; lo único cierto es que esos criollos y plebeyos de entonces tenían más pertenencia y eran más conscientes de los abusos y desmanes de los gobernantes, que nosotros y  decidieron, juntos, reclamar como pueblo el restablecimiento de sus derechos pisoteados por el gobierno de entonces.

Ellos se valieron del incidente del florero para rebelarse y actuar y lo lograron, entonces, ¿porque nosotros después de tener tantos floreros de Llorente negados no hemos podido cambiar el rumbo de este barco que amamos y que se encuentra en una tempestad incontrolable?

Nos falta ver con los ojos del alma, sin sectarismos, ni apasionamientos, la realidad que vivimos y unirnos, todos, como los hijos de un mismo país para defender nuestros derechos y cambiar  el rumbo nefasto que nos amenaza y así tomar decisiones que nos ayuden a salir en victoria.

¿Será que necesitamos más razones, más Floreros de Llorente para poder actuar como un solo corazón por nuestros derechos, por la conformación de un país, de una Colombia digna y libre, soberana y autónoma; esa Colombia que merecemos tener y disfrutar?

Una Colombia de honor, respetada por la comunidad internacional y valorada como la nación que supo un día, en una obra ciudadana de gratitud y amor por su Patria, dar ese grito de libertad, de independencia y soberanía en un acto de rebeldía con los corruptos, aquellos que desangran al estado, los que comprometen y venden la Patria en el mismo recinto de la democracia, los que apoyados en el Poder y las Leyes la han enlodado y mancillado.

El cuento hermoso de la independencia es una falacia; solo hemos cambiado de Amo, de nombre: esa Nueva Granada de 1810, es esta misma Colombia de ahora, habitada ya no por esos criollos y nativos líderes de la rebelión histórica que hoy celebramos sino por sus descendientes, hombres y mujeres emprendedores, aguerridos, lanzados, seguros, querendones y alegres, esta generación que hoy puebla este país hermoso, nuestra tierra: El paraíso soñado que Dios nos dió como un regalo inmenso, único e irrepetible.