5 de mayo de 2021
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Apuestas por la vida.

19 de julio de 2020
Por Celmira Toro Martínez
Por Celmira Toro Martínez
19 de julio de 2020

Para nadie es desconocido la difícil situación que estamos viviendo, sin embargo el comportamiento de muchos es cada vez más indolente, más irresponsable.

Una cosa es buscar sobrevivir en medio de este aislamiento, otra es desconocer el horror que se esconde en cada lugar, en cada acción, en cada ser y no entender que esta tarea de protegernos es de todos, sin poner resistencia, sin dar razones ni excusas.

Quizá en nuestro actuar irresponsable somos portadores de muerte, eso es lo que tenemos que asimilar como una lección de honestidad, de respeto por el otro y entender de una vez por todas que los controles son un deber y cada uno de nosotros los debemos cumplir por el bien no sólo de los nuestros sino de toda la humanidad.

Ya nuestra familia no son las personas de nuestra casa, de nuestra herencia, ya no son los amigos ni los compañeros de trabajo, son todos los seres del mundo, cada ser que encontramos en nuestro diario vivir, dependemos de todos y somos también responsables de todos.

No se entiende cómo se vive tan tranquilo con una amenaza tan grande a nuestro lado.

Cada día las cifras de contagiados y de muertes son alarmantes, las cifras van en un aumento exponencial; cada día que pasa es como un acercamiento a una tragedia sin remedio que da miedo.

Para el gobierno lo más importante es restablecer la actividad económica en todos sus aspectos ya que las pérdidas diarias para el país son billonarias; lo que no se entiende es como se equipara la economía con la vida de todos sus habitantes.

Que pesar, estamos ante una jugada de tahures, en las que querámoslo o no, somos

perdedores,sí están las apuestas por nuestra vida ante la realidad que vivimos.

¿ A quien salvar?, misión nada fácil para el personal médico enfrentado a esta decisión apocalíptica, ya parece que nuestra vida, siempre en manos de Dios ahora está como un número de chance jugado al azar en las decisiones de unos profesionales de honra que tendrán que elegir a quien salvar mientras que los otros, indemnes y solos firman su acta de defunción anticipada.

El 19 de Junio y el 3 de Julio, fueron días decisivos en el contagio del Covid, detrás del día sin IVA que para el gobierno significó ingresos, ganancias, ventas excesivas, recuperación de la Economía, para el país que trabaja, que fabrica, que produce alimentos, que maneja los vehículos de transporte masivo y de carga, para quienes realizan labores domésticas, para los pequeños vendedores de las plazas de mercado, esos todos quienes son los agentes de producción real del país y que se guerrean la vida en las calles, fue un atropello, una irresponsabilidad, una indolencia.

No hubo impuestos del IVA y las gentes tuvieron el permiso absoluto de lanzarse a los centros comerciales a obtener la ganancia ,que su gobierno en un acto de disfrazada generosidad, en busca de beneficiar a los más poderosos, les ofrecía como en un festival callejero de circo.

Es evidente que quienes asistieron a este evento de horror fueron precisamente las clases más vulnerables del país para quienes esta rebaja les significa una ganancia, una oportunidad nunca vista y en su búsqueda se expusieron al peligro.

El IVA se transformó en contagios sin límites, en UCIS al borde del colapso, en hogares víctimas de esta imprudencia al ver a sus allegados en peligro de muerte y sin solución alguna de salvarse; todo un país, de ricos y pobres expuestos sin remedio al tan temido virus que según los científicos, irá en avance por mucho tiempo más.

Las localidades en alerta ahora en Bogota son habitadas por gente trabajadora, asalariada, de mínimos ingresos, no son Chicó Norte, Rosales, Country, ni el Nogal porque sus habitantes no tienen que salir; pueden, gracias a Dios, quedarse en sus casas y resguardarse del peligro, porque son ellos los dueños de las empresas, de los bancos, se desempeñan en altos cargos y cumplen funciones que pueden desempeñarse desde casa y sus ingresos mensuales no corren ninguna amenaza; son precisamente las poblaciones vulnerables quienes ahora están en peligro de muerte.

Lo que no hemos querido entender es que esta amenaza no distingue de clases, ni de credos, se lleva al que encuentra y todos estamos en peligro.

Nos llegó el momento de actuar con responsabilidad y con decoro; dejar nuestros egoísmos y darnos a la tarea de ser un guardián de la salud y bienestar del otro.

Entender de una vez por todas que mi vivir, mi sentir, mi actuar están sometidos al respeto y cuidado de los otros.

Ya se acabo la idea de yo hago lo que quiero, así soy yo y usted no sabe quién soy yo para entender que yo soy lo que me obliga la vida irremplazable del otro, que no puedo hacer lo que quiero porque este capricho me puede llevar a la muerte y a la de muchos; llegó el momento de vivir para los demás, de cuidarlos, de protegerlos de sentir que su vida es mi vida y la vida de todos.

Qué Dios se apiade de este país que amamos tanto.

Porque nosotros, estamos, según esta realidad que se avecina, destinados a presenciar un juego de azar en el que se sortearà nuestra vida.