19 de junio de 2026

Las langostas consumieron todo

16 de abril de 2020
Por Jesús Helí Giraldo Giraldo
Por Jesús Helí Giraldo Giraldo
16 de abril de 2020

“La octava plaga de Egipto fueron langostas. El viento se mantuvo hasta el día siguiente, trayendo un enjambre de langostas. La nube cubrió el cielo, arrojó sombras sobre Egipto y consumió el resto de los cultivos egipcios, acabando con todos los árboles y las plantas”. (Éxodo 10:1-20)

La Langosta es un insecto que consume a su paso los productos básicos de la agricultura, por consiguiente, es una de las plagas más temidas por los campesinos debido a los efectos devastadores y desoladores que deja su paso por una región.

En Filadelfia, Caldas, apareció por primera vez en 1878, esto dice Luis Ernesto Henao en su libro Memoria cotidiana y vida económica (Filadelfia 1840-1920)[1], Talleres Litográficos de Editorial Andina, Manizales, 1998, agudizando el estado de pobreza de sus habitantes que padecían una de las crisis políticas más duras de Colombia, reflejadas en el pequeño poblado con seis años de haber surgido a la vida municipal.

A finales del año 1905 el municipio fue atacado nuevamente por enjambres del insecto destructor, agotando la alimentación de la población campesina y urbana y la del municipio en general. Las primeras nubes de langosta cayeron en los potreros de Silverio García, en las afueras del casco urbano, en la vía a Cantarrana, donde hoy está el colegio de secundaria.

Como grandes nubarrones estos animales ocultaban la luz del sol y con su ruido ensordecedor angustiaban a las personas que a su vez quedaban sumidas en la más grande hambruna.

Los cultivos de yuca, plátano, fríjol y caña panelera eran arrasados a su paso, la comida básica de la población era agotada por el animal que destruía las ramas y plantas, prefiriendo los retoños tiernos, dejando sólo las hierbas de sabor amargo.

En 1906 se repitió la invasión abrumadora, las langostas, en proporciones espantosas, contaminaban el ambiente y producían fiebre en muchas personas, quienes aminoraban el efecto de la picadura con tratamientos de limonada caliente y una píldora de Quinina.

A nivel nacional el caso era repetido en muchas regiones:

“Las invasiones de la langosta en el presente siglo tuvieron un efecto devastador sobre la agricultura colombiana, creando desórdenes económicos, sociales y políticos. En la región del suroeste de Antioquia existen testimonios orales que dan cuenta de invasiones en 1906, 1909, 1916, 1918-20, 1926, 1928 y una pasajera en 1936. De ésta se dice que sólo se escuchó el zumbido característico de la plaga al volar y se vio la nube de langostas en el firmamento que pasó de largo sin asentarse esta vez”. Banrepcultural, Red Cultural del Banco de la República de Colombia. Credencial Historia No 63[2] (1.995).

Durante meses la plaga atacó la zona urbana, la rural, incluso la misma selva cercana a la población, dejando desolación y devastación total. En cuestión de horas derribaba plataneras y pastos, causando una verdadera calamidad pública, al dejar a los campesinos sin comida y sin productos para llevar al mercado.

-Hay que acabar con este bicho-, replicaban los campesinos y lo repetía todo el pueblo, incluidas las autoridades municipales, con ese fin se constituyeron grupos de vecinos para perseguir al animal, aprovechando cuando aún no tenía alas, en estado de polluelo o saltón, para darle caza antes de que empezara a volar y se hiciera más difícil su alcance.

El jefe de la administración municipal, alcalde Francisco Cadavid, reunió a todos los funcionarios y les ordenó que ellos, en compañía de los hombres mayores de 18 años, tenían que dedicarse a construir zanjas, o chambas, de una vara de ancho y otra de profundidad, en los linderos de las fincas y hasta allí barrer los polluelos y los huevos, tapando los huecos con tierra, piedras y otros materiales, para impedir la reproducción y crecimiento de la nociva plaga.

Al enterrar los huevos de langosta se evitaba que fuesen consumidos por las aves de corral ya que esto producía un sabor asqueroso en la carne de la gallina, agravando el problema alimentico.

En mayo de 1906 el alcalde divide el municipio en varios distritos y al frente de cada uno nombra un director que debería estar informando a las autoridades, y a la recién constituida Junta municipal contra la langosta, sobre el avance en la persecución y destrucción del insecto.

El esfuerzo no dio los resultados esperados por las autoridades y la comunidad en general. La plaga siguió causando daños durante todo el año 1906 y los habitantes del municipio se vieron obligados a cambiar de costumbre alimenticia para aprovechar lo poco que les dejaba el avance destructor, teniendo en cuenta que el gusto por alimentos de origen agrario era similar para ambos, langostas y personas.

Era tan grave la hambruna que la gente buscaba las plantas que desechaban las langostas y se alimentaban con ellas, las familias aprendieron a comer la hierba de nombre Culantrón, hervida con agua y sal. También acudían al cogollo niñito de iraca revuelto con huevo y sal, transformado por arte de la necesidad en rico alimento, a veces con un hueso de res combinado con hojas de rascadera o calabaza hacían caldo para toda la semana, el bejuco denominado bambú fue otra de las recetas alimenticias acogidas ante la necesidad de ingerir algo que mitigase el hambre de adultos y menores.

La invasión de langostas no se detuvo, durante años continuó causando ruinas, siendo necesaria la intervención del gobierno nacional. La ley 19 del 7 de octubre de 1911, sobre extinción de la langosta, dictada por el Congreso de Colombia, estableció que los gobiernos seccionales debían brindar apoyo a las juntas municipales para extinguir la langosta, obligando a gobernadores y alcaldes a conformar organizaciones colectivas en las regiones.

Como Filadelfia era el último distrito donde había más abundancia de langostas, a pesar del esfuerzo de sus habitantes por erradicarlas, el alcalde ordenó a todos los individuos mayores de 15 años trabajar 4 horas diarias en el combate contra el insecto, resultando también inútil.

[1] Este libro sirvió de fuente de información al autor para elaborar la presente crónica sobre las langostas

[2] La edad de la langosta, la plaga bíblica no ha desaparecido de Colombia. Molina Acevedo Luis Carlos. www.banrepubllicacultural.org