7 de marzo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Juego de Tronos

23 de julio de 2019
Por Jaime Lopera
Por Jaime Lopera
23 de julio de 2019

El término poder, como sinónimo de fuerza, capacidad, energía o dominio, puede referirse a: la capacidad de hacer o ser algo; La capacidad de ejercer un dominio hegemónico sobre uno y/o varios individuos; La habilidad de influir sobre uno y/o varios individuos; Indica la autoridad suprema reconocida en una sociedad. Generalmente, el poder influye en el comportamiento, ya sea en pensamiento o en el actuar de una sociedad[1].

Si nos atenemos a la anterior definición, el poder es sinónimo de la capacidad para ejercer dominio sobre una o varias personas. En tal virtud, el ejercicio del poder afecta el comportamiento de los seres humanos de tal manera que facilita u obliga muchas conductas negativas que atentan contra los derechos individuales y que se diseminan en toda la sociedad.

A juzgar por las reseñas de Juego de Tronos, que he conocido en varias publicaciones especializadas, esta serie de HBO fue la más vista en la historia de esta empresa y en la historia de este tipo de series televisivas. Sin embargo, lo preocupante de ella no son sus escenarios, ni sus personajes, ni su ambientación, ni su vestuario o su música de fondo, ni mucho menos los lugares donde fue filmada. Estas características formales son propias del lenguaje cinematográfico y sirven para engalanar el argumento de fondo con imágenes de alta aceptación y enorme impacto. Lo que en verdad ocurre en este filme no es la lucha por uno o dos tronos, sino una lucha por el poder.

Por lo general, el juego del poder es peligroso: casi siempre hace daño a otros. No es un juego neutral, ni inofensivo; es temerario y complicado. Y quien está dispuesto a jugarlo se expone ser herido. Es como subirse a un ring de boxeo: una vez pasadas las cuerdas y ya en la lona, lo primero que se recibe es un guantazo. Si sobrevive a los primeros, quizás es posible que resulte ganador sin ir a la enfermería. Por cierto que los ganadores suelen ser pocos y los derrotados son miles. En este campo electoral se habla de ganar-perder como la principal consigna del poder, y no de ganar-ganar que es la principal consigna de la solidaridad.

Todo lo que los libros han descrito sobre el poder, desde Maquiavelo hasta Robert Greene, son los métodos para lograr cambios en los demás, ya sean de actitudes, de creencias o de comportamientos. Y es ahí, en los cambios en las personas, donde radica lo nocivo de la serie: el mensaje de que el poder hay que conseguirlo como sea, y hacerlo servir en el propósito de hacer de los demás no solo unos esclavos (como ocurre en la pantalla) sino también unos resignados cuya autonomía queda prácticamente cancelada.

El ejercicio del poder sobre los demás se hace por la vía persuasiva o por la vía coactiva. Si es mediante la forma coactiva, se cae fácilmente en el autoritarismo que por lo general anula el pensamiento del otro. Como el autoritarismo genera temor (unas veces aterrador, otras veces menos), el temeroso suele mantenerse en silencio para no crear más problemas. Este nuevo estado silencioso se llama sumisión.

Desde este punto de vista, no podemos resignarnos a aceptar esta serie porque se trata de una exaltación del poder y la formación de sumisos. Haciendo a un lado todos los juicios de valor respecto del poder, lo que en verdad se debe examinar son las consecuencias del mensaje acerca del uso del poder para alcanzar todo tipo de satisfacciones de una persona o de un grupo. Si bien es cierto que el poder es legítimo cuando se alcanza mediante los métodos democráticos (el voto popular), no es menos cierto que el poder se vuelve abusivo cuando excede sus alcances, es decir, cuando se apropia de algo opresivamente y de modo autoritario.

Si la exaltación del poder es la consigna de Juego de Tronos, entonces el mensaje camina en una dirección equivocada. La serie tiene “el efecto de reclutamiento” porque atrae a muchas personas a comportarse del mismo modo que los héroes o villanos de la serie (tema que ha sido muy estudiado por A. O. Hirschman en sus estudios sobre los conflictos sociales). En términos de la filosofía política uno tiende a pensar que debe ser leal a los valores igualitarios y democráticos: pero la exaltación del poder es una contradicción con dichos valores y por lo tanto esta serie ofrece un ejemplo impropio. Como dice Walzer, si todos los grupos son portadores de valores, es el grupo familiar que la mira el que más puede absorberlos y diseminarlos.

Suponemos que habría dos probables maneras de ver esta serie: (1) como una confirmación de una cultura apegada al poder, que no rechaza el machismo dentro del mismo mundo de referencia de los espectadores que examinan el argumento de El Padrino; o (2) como un estímulo a esos televidentes para que se siga aceptando el uso del poder y la violencia como garantía de éxito y de importancia. Si Juego de Tronos sirve para legitimar una conducta aceptada por la sociedad colombiana hacia la violencia (al punto de decirse que a la gente miraba la serie con simpatía y complacencia), entonces es comprensible la afinidad con la serie sobre Pablo Escobar y todas las demás que se ocupan del mismo argumento.

Y para ir mucho más allá, la globalización necesita muchos tipos de trabajadores manuales o intelectuales para continuar organizando el mundo. En otras palabras, la globalización necesita sumisos y ellos se producen abundantemente con el autoritarismo. Es imposible predecir lo que ocurre en los hogares colombianos donde el 47 por ciento de los padres acuden a la correa o a las chanclas para manejar la inconformidad de sus hijos. Pero, mientras más sumisos sean, mucho mayor es el control social que los autoritarios tienen sobre esas personas y eso conviene a la contratación laboral y a los sindicatos.

Finalmente, en el lenguaje de la paz los términos más conocidos son hoy los de cooperación, solidaridad, apoyo y tolerancia. La avalancha de episodios de Juego de Tronos apunta hacia otros términos como batallas, muertes violentas, incestos, despojos y aniquilación. Desde muchos puntos de vista esta serie es antagónica con una “paz estable y duradera” y con el factor ganar-ganar. Mientras más disociados sean los individuos y las familias, más fuerte se hace el Estado como factor de unidad y menos esa “unión social de uniones sociales” que predicaba Rawls.

Julio 2019

[1] Serra Rojas, Andrés. Diccionario de ciencia política. México D. F: Fondo de Cultura Económica, 1998.