El burnout y la depresión laboral
El diario El Tiempo publicó el pasado 31 de mayo una nota editorial donde resalta que la organización Mundial de la Salud haya aprobado, en su asamblea anual, celebrada en Ginebra, después de diez años de haber sido sometida a su estudio, la revisión de la clasificación internacional de enfermedades. Como es de conocimiento médico, la clasificación contiene cincuenta y cinco mil códigos únicos para traumatismos, enfermedades y causas de muerte, que son la guía para manejar los temas médicos en todo el mundo.
¿Qué tuvo de trascendente esta nueva reunión de la asamblea de la Organización Mundial de la Salud? Sin duda, todo. Pero hay algo que llama la atención: considerar como un mal autónomo la enfermedad conocida como burnout. A partir del 2022, esta enfermedad que es más conocida como síndrome del trabajador quemado, que es un trastorno “relacionado con el estrés crónico en los espacios laborales”, se convertirá en una enfermedad profesional.
¿Qué significa lo anterior? Que esta enfermedad que según las estadísticas puede comprometer a 1 de cada 10 trabajadores de una empresa se visibiliza, permitiendo atacar “el subregistro y las injusticias que padecen los afectados, que terminan sufriendo en silencio”, con consecuencias devastadoras. Considerarla un mal autónomo asociado al trabajo y al desempleo, les permitirá a quienes la sufren recibir mejor atención.
Coincidencialmente, esta semana un sitio en Internet especializado en riesgos psicosociales publicó en un corto artículo las diferencias entre el burnout y el estrés laboral y la depresión. Allí se afirma que “el burnout puede ser considerado como un tipo de estrés prolongado”. Y se agrega que “si bien el agotamiento mental o emocional está presente en la mayoría de las definiciones de estrés, las actitudes negativas, el distanciamiento personal y la baja realización personal no se encuentran en los síntomas clásicos de la definición de estrés”.
Con esa explicación, el portal aclara que si bien es cierto todos los trabajadores pueden sufrir estrés, en principio sólo sufrirán burnout “aquellos trabajadores que estén inicialmente motivados e interesados y que les guste su trabajo”. El burnout tiene un claro origen y evolución laboral, mientras la depresión se puede originar y afecta a todas las facetas de la vida.
El editorialista de El Tiempo dice que el burnout en un “desgaste asociado al impacto crónico de las emociones negativas en el trabajo”. Se caracteriza por el poco interés del trabajador en hacer las tareas encomendadas, el bajo rendimiento, la irritabilidad, el cansancio, el insomnio y el cinismo laboral (no querer hacer nada). Señala también que como en Colombia no está catalogada como una enfermedad profesional su inclusión en la clasificación Internacional de enfermedades abre el camino para modificar las normas que permitan su incorporación en el listado oficial de patologías laborales.
El portal en Internet arriba citado indica que algunos autores han encontrado que en las fases iniciales del burnout “hay un afrontamiento activo antes de sentir frustración, -cosa que no ocurre generalmente en la depresión-. Agrega que se ha encontrado una importante relación “entre el nivel de agotamiento emocional y el nivel de depresión”, Sin embargo, señala que no hay relación entre ésta y los niveles de actitud cínica y de baja realización personal que se dan en situación de burnout.
El Tiempo finaliza la nota editorial diciendo que es un buen paso lo acordado en la asamblea anual de la Organización Mundial de la Salud porque obliga a las entidades de salud a realizar “imperiosos ajustes en aseguramiento, prevención, manejo de los factores de riesgo y, por supuesto, las definiciones financieras, para cumplir con incapacidades, indemnizaciones y las pensiones derivadas de esta patología”, que en mi concepto es totalmente distinta a la depresión y al estrés laboral.