24 de junio de 2022
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«Allá en la Guajira arriba»

19 de julio de 2018
Por José Miguel Alzate
Por José Miguel Alzate
19 de julio de 2018

Por JOSE MIGUEL ALZATE

Cualquiera podría pensar que este es el título de un vallenato de Rafael Escalona. De uno que habla sobre cómo la fragata Almirante Padilla se tomó a Puerto López para combatir el contrabando. Pero no. No se trata del tema musical que inmortalizó al Tite Socarrás, el hombre que buscando hacerse rico intentó contrabandear café desde ese pueblo hasta Curazao en una embarcación que fue  interceptada por la fragata de la Armada Nacional. Ese vallenato es más conocido como El Almirante Padilla, aunque Escalona, en el momento de componerlo, lo tituló “El Tite Socarrás”. Se trata aquí de una excelente novela escrita por un profesor de la Universidad del Valle, Oscar Perdomo Gamboa, publicada por la Editorial Caza de Libros.

“Allá en La Guajira arriba” es una novela donde se narra el hecho mencionado en el párrafo anterior. Todo porque habla de cómo Rafael Escalona se conoció con el Tite Socarrás. Fue después de una pelea en un prostíbulo de Valledupar. El hombre que atravesaba el Río Paraguachón transportando whisky de contrabando protagonizó una zambra en el interior del negocio porque alguien sugirió que no era capaz de satisfacer a una mujer. Como llamaron a la policía para que detuviera el boleo de botellas, los dos personajes aprovecharon un descuido de la autoridad para volarse. Ya en la madrugada se encontraron, borrachos, en un parque de Valledupar. Ahí nació una amistad que llevó al compositor oriundo de Patillal a intentar hacerse contrabandista.

La novela de Oscar Perdomo Gamboa tiene una estructura que le permite al lector conocer tres épocas diferentes en la historia de Colombia. Por un lado, el tiempo de la independencia. A través de un personaje que fue protagonista de la gesta, el Almirante José Prudencio Padilla, nos devela cómo fue el enfrentamiento con las tropas españolas para obtener la libertad. Por el otro, la voz de un cantante de vallenatos nos cuenta sobre la Colombia actual, esa que está en manos de una clase política corrupta, que se apodera de los recursos del Estado. La tercera es la época en que Rafael Escalona surge como compositor. Aquí un narrador omnisciente va contando sobre los enamoramientos de tres personajes que tienen en común una debilidad: las mujeres. Los tres dejan amores por todas partes.

Dos cosas atraen al lector en la novela “Allá en la Guajira arriba”: la rigurosa investigación histórica sobre la vida de José Prudencio Padilla y lo que un acordeonero le cuenta a una mujer sobre la realidad de Colombia. En el primer caso, Oscar Perdomo Gamboa debió haber consultado en cantidades de libros sobre el héroe riohachero que con su experiencia como hombre de mar impidió la toma de Cartagena por los españoles. En el segundo, porque a través de un personaje innombrado, que sueña con convertirse en afamado cantante vallenato,  el autor narra detalles para muchos desconocidos sobre cómo nacieron esas canciones que cuentan historias de La Guajira y el Valle de Upar. Los dos tiempos narrativos permiten entender por qué Colombia es un país de contrastes.

¿Qué debe destacarse en esta novela que ganó la convocatoria Estímulos a la Creación Artística de la Ciudad de Cali? Tres cosas: el excelente lenguaje, la experimentación en técnicas narrativas y la rigurosidad histórica. En este sentido, “Allá en la Guajira arriba” es una novela que atrapa al lector desde la primera línea debido a una fuerza poética deslumbrante, a unos monólogos concebidos con arte literario, a una narrativa moderna que introduce en el texto las voces de los personajes. Solamente en los segmentos donde aparece Rafael Escalona asoman los diálogos. En los tiempos donde habla el acordeonero se utiliza la referencia directa a Lissette, la mujer que escucha con atención lo que el hombre le dice sobre los amores del Almirante Padilla, y por qué lo admira.

La novela es un paralelo entre dos personajes que sueñan con una Colombia digna. El Almirante Padilla, un hombre orgulloso de su etnia Wayú, que lucha para conseguir la libertad de su pueblo y muere por defender sus ideales. Y un acordeonero fracasado, admirador del almirante, que tiene una visión clara sobre la realidad social del país. En los dos está explícito el deseo de luchar para construir una Colombiia con justicia social. José Fulgencio Padilla luchó por la libertad, aunque al final fue sentenciado a muerte, acusado de insurrecto porque respaldó en la Gran Convención de Ocaña a Francisco de Paula Santander. Simón Bolívar firmó el decreto. El acordeonero porque en sus palabras está reflejado el pensamiento de un hombre que fustiga con rabia a quienes detentan el poder.