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Le falta Manizales

11 de mayo de 2018
Por Julio César Ortiz Gutiérrez
Por Julio César Ortiz Gutiérrez
11 de mayo de 2018

 

 

Julio César Ortiz Gutiérrez

 

 

 

Alejandro Ordóñez Maldonado, santanderiano raízal, brillante seglar y agresivo disidente de los dos últimos concilios vaticanos, nunca se imaginó que su operación administrativa y disciplinaria contra Gustavo Petro podría terminar en semejante tsunami electoral y político llamado la Colombia Humana, quien actúa como protagonista principal en la ruta más notoria hacia la Presidencia de la Republica.

Los amigos políticos de los últimos años de Alejandro, comensales frecuentes en los ostentosos salones sociales de Bogotá, lo habían convencido de que el camino de su santificación y de su entrada solemne en el cielo, pasaba por el sacrificio del demonio con cola, encarnado en el ex guerrillero comunista y ateo, que gobernaba la capital del país desde el palacio Lievano en la Plaza de Bolivar.

Sus asesoras delegadas, algunas de muy nobles raíces manizalitas, no cesaban en la tarea de proyectarle las acusaciones y las sanciones ejemplarizantes contra el nefasto izquierdistav, guerrillero consumado, secuestrador amnistiado y patético castrochavista.

Columnistas de todos los diarios y medios capitalinos avalaban la sanciones con las que se dejaría a semejante peligro, dotado de una dialéctica fina y maciza, por fuera de la política por más de cuatro periodos presidenciales con lo que sólo podría aspirar cuando tuviera edad de retiro forzoso. Censuraban a sus abogados, esculcaban su vida profesional, la de sus esposas y la de sus hermanas para encontrar cualquier hecho o acto que pudiera salpicar al hoy ex alcalde Gustavo Petro.

Los titulares de las viejas y caducas concesiones del aseo capitalino, también dueños de los jugosos contratos del transporte masivo y del recaudo de los boletos o tarjetas electrónicas de transporte masivo pusieron todos sus recursos en las campañas enderezadas a defenestrarlo o a sacarlo de la vida política. Los astros alineados y la muy buena asistencia legal, la independencia de los jueces y del Sistema Interamericano de Derechos Humanos lo dejaron inmaculado en el partidor de la carrera presidencial muy a pesar de la excomunión de los beatos de Colombia.

A pocos días del cierre de la campaña política para la elección presidencial en Colombia, el destituido e inhabilitado exalcalde de Bogotá llena todas las plazas públicas que visita, acompañado de gentes de todos los estratos, principalmente jóvenes estudiantes y profesionales de diferentes niveles económicos y de todos los estamentos. La asistencia de observadores, seguidores, admiradores, curiosos, vagos, vendedores, antiguos e históricos anapistas, funcionarios públicos locales, son una verdadera tormenta humana que desafía predicciones, proyecciones, estadísticas, encuestas y editoriales escritos y radiales.

Egresado del Externado de Colombia, la sólida doctrina económica del petrismo es moderna y clásica, se nutre del materialismo crítico y de la dialéctica analítica, se ubica bien lejos del marxismo de Estado y bebe del más serio radicalismo liberal americano. Pos moderno programático, adopta las doctrinas de los millenials, progresista obsesivo y libertario experimentado, Petro despierta los sentimientos dormidos de una sociedad cercada políticamente y bloqueada institucionalmente que quiere definir y ocupar espacios de identidad estructural y de mínimos éticos que aseguren buenas condiciones de convivencia más allá de los juglares y del folclorismo provinciano.

El discurso humanista de Gustavo Petro despierta en los jóvenes colombianos sentimientos de identidad global, los invita a enrutarse o enrrumbarse por los caminos de la diversidad, de la tolerancia, de la creatividad del rap, del freestalear, del grafiti, emociones inéditas para la política en este medio siglo.

En esta semana Gustavo Petro concentró decenas de miles de ciudadanos del eje cafetero; comenzando por Cartago llenó las plazas de Armenia y de Pereira como lo ha hecho en Neiva, Monteria, Barranquilla, Valledupar,Sincelejo, Bucaramanga, Piedecuesta, Sogamoso, Cali, etc.

Sin duda los jóvenes son su más numerosa concurrencia y lo hacen con intensa vocación. Así sucede ahora cuando se citan los debates públicos abiertos entre los candidatos presidenciales en esta campaña. En ese periplo político novedoso y sorprendente del candidato Gustavo Petro, le falta Manizales, debe hacerlo pronto para que se mida en esta noble plaza y para que rompa prejuicios antidemocráticos de las elites de siempre. Éstas, que, al parecer, se han dividido entre quienes dicen quién debe ser el elegido o entre quienes dicen quién es el mejor, se han decantado rabiosamente contra Petro como lo hicieron desde los inicios de su gobierno en la capital de la Republica. Allá no pudieron sacarlo disciplinariamente y menos en el ámbito de la Superintendencia e industria y Comercio y la Procuraduria General.

De nuevo le llegó la hora de la verdad y ese candidato debe programar su presencia en Manizales para cerrar su gira por el eje cafetero a la que de seguro, concurrirán los jóvenes como en todos los sitios visitados.

Profesor de Derecho Constitucional
Abogado