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Carta de Mario Arias a los directores de EJE 21

13 de julio de 2017
Por mario arias
Por mario arias
13 de julio de 2017

Crónica de una censura anunciada

Por: mario arias gómez´

Fresco como el Johnnie Walker, continúo impertérrito -libre de ataduras-, la irrupción exponencial desde el blog http://articulosmarioariasgomez.blogspot.com.co/ y las redes sociales -que de alguna manera sustituyen el monopolio ejercido por décadas por la prensa, hablada y escrita- la tarea profiláctica de glosar el acontecer nacional e internacional, examinar descarnadamente la conducta de los falsos profetas y redentores, alejado de sordinas, con un patrón mínimo de autenticidad, ética, olfato y respeto absoluto por el lector, manera de interpretarlo y obtener su confianza,  irradiadas en las comentarios y observaciones hechas en pro o en contra.

Vendedores de ilusiones en los que cada vez menos cree la gente, mamada con lo que pasa en el país. Población que no traga entero, ni la seduce los cantos de sirena de los efímeros dirigentes que andan tras someterla -costumbre inveterada- a sus caprichos y anhelos, mediante granjerías con las que arropan a los matreros traficantes de la información, razón -es doloroso decirlo- para que el pueblo no se fíe de políticos, ni de los medios de “comunicación” -con honrosas excepciones-.

Temeraria y peliaguda faena, que sin ambages, ambición, cálculo o pretensión alguna, adelanto con fe, modestia, algo de coraje, sin odios heredados, basado en el ejemplo y enseñanzas de maestros como Joseph Pulitzer, exitoso periodista que dispuso en su testamento, un generoso importe de su fortuna, para la creación de los prestigiosos premios, PULITZER, con el que son galardonados los mejores periodistas -que se hacen no nacen-, que no alcanzarán los mediocres, dudosos, sesgados y tibios practicantes periodísticos.

Las redes sociales facilitan -en tiempo virtual- el intercambio inmediato de información que la cohorte de corifeos -vendidos al mejor postor- les queda difícil manipular, pegados como viven al cordón umbilical de la pauta, que les permite yantar y  lleva a la soterrada censura, ejecutada en favor del mandamás de turno, que les monitorea el idílico guion que difunden los mencionados impostores por la paga, lo cual desdora la profesión más noble del mundo, trocada -al decir del peruano Luis Miró Quesada- en el más vil de los oficios. Serviles y laxos gacetilleros -que no formadores de opinión- que ignoran que la primera obligación del periodista es investigar los hechos, encontrar la verdad, soporte del trabajo honrado.

El lóbrego comportamiento de estos arbitrarios y espurios aplasta-teclas, es caldo de cultivo de la creciente crisis que padece el país, quienes desconocen que el art. 20 de la Constitución y 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, amparan la libertad de opinión y expresión; la información veraz e imparcial; la difusión sin limitación ni censura; la de fundar medios masivos de comunicación. Basado en ello, luego -como dijo Gilberto Alzate- que se me cayeron “el pelo, el palo y las ilusiones”, mi esfuerzo es un aporte elemental a la memoria histórica de Caldas.

Principios defendidos con uñas y dientes por un puñado de épicos periodistas de antaño, cuando los vieron amenazados: Alberto Lleras, Roberto García-Peña, su nieto D’Artagnan, Calibán, Klin, la dinastía de los Cano (Fidel el fundador del Espectador (1887), padre del gran Guillermo (asesinado), bisabuelo del actual director del mismo nombre, Alberto Galindo, Álvaro Gómez, José Restrepo, Arturo Abella, Daniel Samper, Juan Gossaín, entre otros. En 1894 el General Rafael Uribe declaró: “La prensa no debe ser sometida a una legislación distinta a la propia, que protege y guía al ciudadano común y corriente en el leal ejercicio de sus derechos”.

Una prensa libre, no debe casarse con nadie, lo cual no entraña que tenga que inhibirse de defender su línea editorial. Debe velar sí por los seres anónimos que no dominan los espacios mediáticos. Impericia instrumentalizada por inescrupulosos, cuyo oficio es desinformar, distorsionar, maniobrar, aupados por innombrables y proclives intereses que afectan la credibilidad. Dijo Sartre: “Todos los medios son buenos cuando son eficaces”.

Los objetivos de la prensa libre de sombras, parece una quimera, la que la brilla hoy por la ausencia de grandeza, roída por la codicia de ‘periodistas’ disfrazados de mercaderes, escudados bajo mentirosas reservas morales y legales, careta con la que ejercen una caricaturesca e infantil censura, justificada –dizque- en un aparente “enfoque de carácter personal y retaliatorio”. -sic-. Un medio serio, consciente del servicio de profilaxis que presta a la sociedad, ante el disenso, que enriquece y anima la controversia, acude a la trillada y recurrente excepción: “El presente escrito no representa la opinión ni el pensamiento de la dirección”. Punto. Diversidad que lo hace digno del preciado epígrafe a conquistar: “ser conciencia y voz del pueblo”.

Libertad de expresión e información, hostigada por estos apáticos, iletrados, cegatos y empíricos escribidores prepagos, lo que amerita un frente común, contra la evidente tentativa de restringir derechos reputados como fundamentales. Un periodista equilibrado -enseñan las escuelas de formación- escribe sin dobleces, como si hablara en la calle, o en cualquier cenáculo -público o privado-. Parto de la base que la objetividad absoluta no existe, al estar influenciada por el sitial en que el comentarista se coloca, lo cual no excluye -guardadas las formas-, la sagrada misión de cumplirle al lector.

Nuestro fortuito y ridículo censor, ignora -de seguro- el papel que cumplió la tragedia griega en tiempos de crisis de la civilización helénica. Se personificaba entonces al aire libre, en el espacio público, lo sucedido que pudiera volver a ocurrir, para que no se repitiera. Un medio de comunicación -en mi modesto y sencillo sentir-, para no duplicar la triste historia de vivir subyugado al poder político, económico y social, debiera hacer lo mismo. En el caso en comento es pedirle peras al olmo.

Cada vez que en el último año tuve la oportunidad -única e irrepetible- de ponerme frente a la fatigosa hoja en blanco, hube de tener presente ­ -conocido el almendrón- la profética, absurda y trasnochada censura. Espada de Damocles qué por convicción, no me ablandó, acobardó o arredró, fortalecido por una frase de antología del británico George Orwell, que llevo tatuada en el alma: “Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son relaciones públicas”. Descanse en paz señor inquisidor.

Bogotá, julio 12 de 2017