13 de junio de 2026

“Marcha triunfal”

21 de junio de 2017
Por mario arias
Por mario arias
21 de junio de 2017

Por: mario arias gómez

Título que tomo de la composición poética, “Marcha Triunfal”, de Rubén Darío (1867-1916), ‘Príncipe de las letras castellanas’, creador del modernismo literario en lengua española. Poema cuya fuerza descriptiva eleva el espíritu, qué es lo que considero ha ocurrido en las distintas visitas hechas a Caldas por el muy apreciado y valioso Efraín Cepeda, invitado por el diligente e infatigable Arturo Yepes, recibidos por la vieja guardia conservadora del centro, occidente y centro-sur, escoltada por las juveniles, lozanas e invencibles reservas, como de otras fuerzas políticas. Variado ejército cuyo paso marcial es testimonio de un fehaciente y reverdecido ánimo, oráculo de triunfo, de futuro propicio.

Encuentros en los que, Cepeda-Yepes, han ambientado la alianza política de gran aliento que los une, forjada en favor de los débiles, los sin voz, oprimidos y vulnerables, del medio ambiente, desarrollo sostenible, respeto a la diversidad, la cuidadosa administración de los bienes públicos, optimización del gasto, priorización de la paz, de la lucha contra la corrupción, exclusión, inequidad, nepotismo, maltrato animal. Trastornos sociales arraigados en la nación.

Alianza acoplada a la premura de proveer al expósito conservatismo, de una dirección acatada, brillante, honesta, jovial, lúcida, con trayectoria y peso electoral. Curtida hoja de servicios -probada y limpia- que exhibe, Cepeda Sarabia, que engendra confianza, virtudes que lo acreditan para ser el próximo Presidente del Congreso. Valores esenciales en el ejercicio público, extraños hoy en la desacreditada fauna política actual.

Política fresca -con mayúscula-, sinónima de paz, integrada a fuerzas antípodas al desasosiego de la guerra, la polarización, que propende por la búsqueda de oportunidades para el pueblo, el combate de la miseria, el abandono de la provincia menospreciada, desfallecida y relegada, como acaba de suceder con el plan 51×50, que dejó incomprensiblemente por fuera a Marulanda, Marquetalia, Pensilvania, Samaná, municipios asolados por la guerrilla, el paramilitarismo. Proyecto concebido para subsanar los daños colaterales del conflicto y que los envanecidos impostores, que alardean de su influencia con la cúpula del poder, olvidaron.

Para maquillar su falta de gestión, han montado un show mediático en los termales El Otoño, con el ministro de Hacienda, en el que harán cosméticos anuncios de inversión, patinados calladamente antes, por Arturo Yepes, con ayuda de Cepeda, opuestos -con razón- a que se siga arrojando los impuestos, al barril sin fondo en que se convirtió el quimérico aeropuerto de Palestina. Elefante blanco trocado en inagotable fuente de prevaricación, cuyo trasfondo conlleva un exorbitante y fétido nido de ratas, que con creces supera el afrentoso “Robo a Caldas”, baldón colgado al otrora “Departamento modelo de Colombia”.

Escándalo cuyo protagonista es el foráneo advenedizo, Francisco Cruz, apadrinado por el viejo uribismo -Adriana Gutiérrez, Mauricio Lizcano, Hernán Penagos y otros, luego que se les hundió como candidato a Gobernador. Gracias a que el derecho estira o encoje de acuerdo a sus argucias, conveniencias y circunstancias, se encuentra libre de polvo y paja. Carcoma, fruto de la irreflexiva chifladura de la devastada élite manizaleña, empecinada en la faraónica obra, a pesar de las “afugias” fiscales, mientras el campesino no tiene por donde sacar sus productos y enfermos, pues las vías fueron borradas por el crudo invierno.

Alianza que busca expiar el pasado -referente de chanchullo y contubernio-; espolear la ciega, sorda y muda justicia; aleccionar a los irritados electores para que castiguen en las urnas a los patrocinadores de las tropelías, que se niegan a la renovación y regeneración políticas, idénticos al decrépito vivo -con cara de bobo- que supone resucitará con los pases mágicos que le administrará el insubstancial chamán Pastrana. Sainete al que podrán asistir los “agradecidos tontos” que paguen cien mil pesos. Resurrección que trae aparejada un nuevo castigo electoral, lo que confirma la premisa de Marx: “La historia se repite dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa”.

Cepeda Sarabia, es ejemplo de limpieza, rutilante estrella que reluce en el ennegrecido firmamento de la política, quien se comprometió a combatir el concierto para delinquir, empoderar la educación, inversión social, generación de empleo lícito en Caldas. Promesas reiteradas en las precitadas visitas que proseguirán en el Norte, Oriente y Villamaría. Difícil tarea, la de cumplir la palabra empeñada, sin defraudar la confianza depositada por Yepes Alzate.

Acepto -para terminar- la impotencia para expresar certeramente la contagiosa y patética alegría y euforia, reflejadas en la “Marcha triunfal”, evidentes en la estremecida audiencia qué en medio de loas y vivas, abarrotó el club Pekes de Chinchiná, para escuchar la homilía de los jefes. Incapacidad que suplo con la riqueza del inmenso y melifico vocabulario -en toda la expresión- del poema épico citado. Repertorio qué con aire suave de pausado giro, acomodo para reseñar y exaltar apropiadamente el histórico evento en comento. Encuentro que -guardadas proporciones- me permite rememorar, emocionado, las legiones romanas al pasar por debajo de los arcos triunfales, al regresar triunfantes, Julio César a Roma tras la campaña de Egipto, Napoleón a París, tras Austerlitz, Wellington a Londres, tras Waterloo. Perdón por el exceso.

No estoy seguro, si fue Tolstoi quien dijo: “Allí donde terminan las palabras, empieza la música”. Metáfora que me sirve para rematar la pincelada que proyecta y encumbra al equipo que lucha, codo con codo con Arturo, por el partido de sus afectos, sin que importe -llegado el caso- morir por la patria. Brigada que retrata la surrealista “Marcha Triunfal”, paradigma de cómo el nicaragüense, logró captar en sus versos el retrato del cortejo militar, valiéndose del sonido y ritmo, el redoble de tambores. No hay duda que “ciertas poesías que contienen una musicalidad tan patente, que parecen una partitura, en la que las palabras serían las notas, los versos los acordes y la rima el compás”.

Manizales, junio 21 de 2017

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