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¡Pobre Venezuela!

5 de abril de 2017
Por mario arias
Por mario arias
5 de abril de 2017

Por: mario arias gómez

Afligido sollozo que provoca la progresiva crisis por la que atraviesa la  amada, apurada, hambrienta y pésimamente gobernada, patria chica del libertador. Dificultades y aprietos que mantienen en permanente alerta a Colombia, por la  presentida y grave  amenaza -siempre latente- que para su seguridad representa la desafiante e impetuosa fiera acorralada que acecha, sin saber a qué horas, cómo, ni cuándo va a atacar al estoico e inalterable vecino, si se toma en cuenta los jadeos y agónicos estertores por los que pasa Maduro, urgido por desviar los reflectores del mundo, puestos sobre su censurable conducta, de la que no extrañaría que en cualquier momento resolviera desatar un insospechado conflicto -nada descartable- como cortina de humo que disipe o diluya la tensión que hoy vive, fruto del golpe de estado impetrado. Crisis que ha venido preparando con el alocado, delirante e irreflexivo campamento montado -a conciencia- en Arauca, con izada de bandera incluida, intimidantes sobrevuelos de naves de guerra, y el insólito cierre fronterizo.

Presidente Santos: El que tiene enemigos no duerme. Guerra avisada no mata soldado. Urge estar -por precaución- con ojo avizor. Apena la creciente falta de garantías a la oposición y el desabastecimiento del otrora paraíso envidiado, donde conservo fraternos amigos que pareciera inspiraron el poema de R. Kipling (1865-1936): El milésimo hombre, “…que estará siempre a tu lado, hasta el pie del patíbulo y todavía después”. Bello país al que alegóricamente le cayó la roya, el turbio y enigmático socialismo siglo XXI, algo peor que las siete plagas de Egipto juntas, que fueron diez, según la Biblia -Éxodo 5:1-5:9, 7:8-7:13-.

Se sabe que la era contemporánea se inició en 1789 con la Revolución Francesa y que continúa aún. En los últimos 18 años, Venezuela incubó la peor tragedia, el chavismo, empotrado mediante prácticas clientelistas y paternalistas, que la convirtieron en una caldera social al punto de estallar, lo que traerá inevitables consecuencias para Colombia. Era que siglos atrás engendró la Revolución Industrial; el desarrollo y arraigo del sistema capitalista occidental; la lucha contra el colonialismo; la proclamación en 1776 de la Asamblea Nacional Constituyente francesa, inspirada por la declaración de independencia estadounidense, y el espíritu filosófico del siglo XVIII. El 9 de julio de 1789, dio inicio a la Revolución gala, que promulgó el 26 de agosto de 1789, la declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano -libertad, igualdad, propiedad, seguridad, resistencia a la opresión-, ampliados en 1793 y agregados en ese mismo año a su Constitución, traducidos en ese año al castellano, por A. Nariño.

Etapa en que se acentuaron las desigualdades sociales y económicas; los medios masivos de comunicación -televisión, radio e internet- tuvieron su mayor auge; floreció el fenómeno de la globalización -comercio, turismo, etc.-; se abolió la esclavitud en 1863, que tuvo su efecto al final de la Guerra Civil de 1865. Brinco varios siglos adelante, para encontrar en 1999 el ascenso al poder del golpista H. Chávez, quien al poco andar -como Castro en su tiempo- desnudó su rostro de sátrapa, que empolló el “castro-chavismo”, a cuyo alero florecieron sumisos gobiernos de izquierda en américa, doblegados por dudosa ideología, el desprecio por los valores democráticos. Tiranía incubada por el intercambio de subsidios por votos, origen de la bancarrota de la rebautizada R. Bolivariana, convertida en un apocalíptico y dantesco infierno, agrandado “in extremis”, por un incompetente, ignorante y miserable bufón, subyugado por la codicia, estupidez e imbecilidad.

“Virtudes” que la mudaron a una vergonzosa mascarada democrática. Engañifa que entró -qué duda cabe- a una inexorable fase terminal, principio del fin, del bellaco, indigno, rufianesco, ruin, vil, rastrero y tragicómico absolutismo, apodado “Chávez-desgracia”. Dictadura cuyo operador político e incondicional títere, es el Tribunal Supremo de Justicia, verdugo de la democracia, que lejos de cumplir con el mandato de garantizar “la supremacía y efectividad de las normas y principios constitucionales”, se prestó para anular la Asamblea Nacional, a través de sentencias supraconstitucionales que llevaron a asumir sus facultades, desaparecer la inmunidad de los miembros, “mientras persista la situación de desacato e invalidez de las actuaciones”.

Lo cual franqueó la raya que rebosó la copa, al tomar la última decisión -sin guardar las formas-, publicada a medianoche -hora propicia para el crimen-. Celestinos tarambanas, investidos de magistrados, que no se arredraron para usurpar y cercenar las funciones y facultades del Poder Legislativo, las que endosó al iletrado y rústico dictadorzuelo, de baja estofa. Acción política, con amplia y profunda implicación legal y agudo eco mundial. Golpe de Estado, repudiado por los demócratas del mundo, que con horror advierten, cómo miles de venezolanos, apurados por el hambre, hurgan en los vertederos, en busca de un pedazo de pan o de comida descompuesta.

Tragedia humanitaria que sucede ante la impasible mirada de la perjura fuerza pública, puntal de la abominable, aborrecible y execrable dictadura que inmutable ve morir, de enfermedades agravadas por la desnutrición y falta de medicinas, al esclavizado pueblo, atemorizado por la violencia, guarecida por las milicias -lumpen social-, pagas por el bravucón, el opresor de marras que controla todo el aparato estatal, junto al pusilánime, capo de capos, Diosdado Caballo, hombre fuerte del régimen, cabeza del Cartel de los Soles, mando en la sombra. Falanges armadas con filosos alfanjes que amedrentan y reprimen a sangre y fuego la protesta social, atribuida a los “escuálidos”.

Rufianes, propulsores de la criminalidad galopante, que registró el año pasado, una de las tasas de homicidios más altas del planeta, equivalente a casi cuatro veces la de Colombia. En lo económico, el cuadro no es menos desolador, la inflación -según el FMI- cerraría este año en 1.660%. Debacle atravesada por el hambre -repito-; la inseguridad jurídica; expropiación y nacionalización de empresas; la presencia del narcovicepresidente, Tareck El Aissami; del consentido matriarcado conformado por la tosca, Delcy Rodríguez -canciller-, y la grotesca, Cilia Flórez de Maduro, consuetas que fanfarronean, amenazan, desafían y le ladran al “Imperio” -perra que ladra no muerde-, crean “enemigos imaginarios”, responsabilizándolos del desabastecimiento, de la “guerra económica”. Sindican a las “casas de cambio de Cúcuta” del despelote cambiario. Boliburguesía que suplantó al expropiado, saqueado y robado empresariado, constreñido a expatriarse.

Canciller que amenazante le advirtió a Colombia hace poco en la OEA, que “evaluaría el proceso de paz”. Ante la pasividad del mundo, el gobierno censuró la TV y medios no afectos; confinó a Leopoldo López y otros líderes opositores. Impensable frenesí, físico y sicológico, excitado por los encubiertos “círculos bolivarianos”, motorizados que impunemente persiguen a quien se arriesgue a criticar y reñir la “revolución”, o recele de su “bondad”; expolió las facultades de los gobiernos locales (opuestos); suspendió las elecciones indefinidamente.

La aplaudida actitud de la OEA; el manifiesto desencanto de los organismos multilaterales; la presión universal -aunque tardías-  surtieron su efecto. Desazón que recogió el secretario general de la OEA, el romántico, Luis Almagro, serio y constructivo socialista -no de los taraos del siglo XXI- quien, en cumplimiento de su deber, propugnó la aplicación de la Carta Democrática, golpeando la legitimidad y reduciendo el margen de maniobra ante el mundo del régimen, al punto que llevó al cobarde Maduro, a recular, a solicitarle al TSJ la supresión de la escandalosa sentencia, referida a la cesación de la AN -elegida por 14 millones de venezolanos-, a la inmunidad  mutilada; a la suspensión de la espada de Damocles pendida sobre los 112 diputados opositores constreñidos a ser enjuiciados por “Traición a la Patria”.

Es ostensible la fractura y aislamiento de Maduro, hoy en fase terminal, resguardado en su olimpo de Miraflores. Con desfachatez inusitada, continúa arrojando diabólicos improperios, tomando medidas que han postrado al país y llevado a una crisis sin precedentes, pueblo cercado por el crimen organizado, la brutal delincuencia, el terrorismo, la intimidación, el hambre, la miseria, situación sin parangón que tocó fondo, por lo que será Maduro -más temprano que tarde- juzgado, con su cuadrilla de cuatreros, por delitos de lesa humanidad y narcotráfico, cometidos bajo la mirada cómplice -digo complaciente- de las serviles, escurridizas y feriadas Fuerzas Armadas que presienten que su libertad, patrimonio y vida, dependen del sostenimiento, a como dé lugar, del inepto comandante en jefe.

Bogotá, abril 05 de 2017

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