¡Un ‘golden boy’ del partido!
Encuentro de este lunes en Anserma. De izquierda a derecha Arturo Yepes, Efraín Cepeda, Elizabeth López y César Montoya.
Por: mario arias gómez
Con agrado registro el alistamiento del curtido general del conservatismo, César Montoya Ocampo, en las filas del movimiento que en Caldas orienta Arturo Yepes, heredero natural de la dinastía que presidió su hermano. Coincido con Montoya en la conjunta y samaritana convocatoria a unirse en torno al combativo Arturo, a quien le reconocemos méritos suficientes para asumir la jefatura conservadora, émulo del Mariscal, Gilberto Alzate, preocupado por la solución a las urgencias del departamento, de los municipios, defensor del medio ambiente, el desarrollo sostenible, los animales, los humildes, de los “atormentados de la vida que riegan su existencia con el invierno de sus propios ojos”.
Me ocupo hoy del ‘golden boy’ -chico de oro-, título que inspira el cálido, ferviente y maravilloso recibimiento que más de 300 líderes, llegados de los ocho Municipios del occidente caldense, a Anserma, le prodigaron al carismático e ilustre Efraín Cepeda, por invitación del diligente e incansable Arturo Yepes, jefe formado en las canteras del “Poder del Pueblo”. Excitante, impecable y seductor encuentro, encaminado a dialogar y socializar una jefatura para el partido, de talla nacional, que supla urgentemente la orfandad que una ilusa, equivocada, mezquina y pusilánime dirección, dejó, ejercida por un añoso y solapado jefe, que prorrogó un improvisado e insípido jefecillo, los que en mala hora llevaron al partido al despeñadero.
Descalabro del que difícilmente saldrá airoso, ahondado por el delirante, insólito, malévolo y soterrado acuerdo, orientado a afianzar al visceral, inmisericorde, canallesco, paranoico, rencoroso y vengativo Álvaro Uribe, lo que dividió, desfiguró y desnaturalizó al partido. Dolencias que los lúcidos Cepeda y Yepes -tándem imbatible de cara a las elecciones- se proponen encarar y aliviar, mediante una dirección limpia, transparente, honesta, sin cartas marcadas, que se sustente en los inmanentes principios del conservatismo.
Lastre que arrastra el partido, urgido de un cambio que lo sacuda y saque de la apatía, desánimo, marasmo, que por el contrario le inyecte ánimo, energía, fuerza, juventud, propósito que propicia Arturo, mediante el arraigo como jefe nacional, de Efraín Cepeda Saravia, un hombre de bien, pulcro, de conducta intachable, ejemplo de vida, de gran entereza y gran calidez humana, de decantada formación intelectual y empresarial, probado desinterés y señorío. Cambio de paradigma que suscitará alegría, aliento, brío, coraje, decisión, emoción, grandeza, hombría, optimismo, temple y la necesaria sangre nueva.
Apreciables fortalezas, valores y vigores que los avisados y fervorosos adalides y promisorios cachorros afines, pudieron valorar en los precitados jefes, al departir con ellos el pasado lunes, copartidarios que no se resignan a ser cola del furibismo, los que reprueban la desleal jugarreta oportunista del compañero de luchas, que abandonó al partido que lo sacó del anonimato e hizo dos veces alcalde. Inmolación que canjeó por un mísero puesto, qué por lo visto, lo dejará con los crespos hechos. Voltereta que lo marcará de por vida, quedando con el pecado y sin el género. Salto mortal idéntico -el mal ejemplo cunde- al dado por el conde de la Mina.
Defraudados copartidarios que condenan este acto de filibusterismo, perpetrado por un “gallo de veleta», apodo endilgado -en su tiempo- a Silvio Villegas, que más parece sacado de la novela, “La vida del Buscón”, del inmortal vate, Francisco de Quevedo -uno de los escritores más importantes del Siglo de Oro español- que relata las aventuras y peripecias de don Pablos, en su esfuerzo por sobrevivir y ascender social y políticamente.
Adelantado discípulo del atípico, asimétrico y confuso ex amigo, con vocación suicida, que por arte de birlibirloque llegó a la cima política, que lo enloqueció definitivamente. Arropado por la marea furibista -sin rehabilitarse- pontifica como gran gurú espiritual del otrora soberano partido, desnortado por su bifronte manejo que llevó al peor momento de su historia, luego de imponer -terca e irracionalmente- a la candidata ajena al partido, que entregó fracturado y maniatado al fatídico y avieso Álvaro Uribe, que entró en él a saco.
Le hubiera bastado escrutar el potencial histórico electoral, para percatarse que metafísicamente era imposible proyectar la presidencia, con una extraña, foránea, sosa y desangelada candidata, del cogollo furibista, enaltecida por el irrelevante Pastraña -imagen viva de decadencia- bodrio que dejó el pesado baldón de haber sido, “El peor presidente de la historia de Colombia”, partido que dejó sin la más remota esperanza de sobrevivir bajo el terrorífico, ambiguo y difuso paraguas del CD.
Enclenque legado, dejado por quien luego de su gestión y de notificar su retiro, aspira -sin querer queriendo- no propiamente por interés patriótico, a un cupo de relleno en la lista de la división -viaje a ninguna parte- que patrocinan: El diabólico, frívolo, maniqueo y superficial ex presidente, la mefítica ex candidata, el chisgarabís ex procurador, y el mismo, primario estafeta, defensor a ultranza de la incorrección política. Antediluviana cuarteta de idiotas útiles del furibismo, qué con sus amorales cipayos a sueldo, se arrogan -con la sombra negra que arrastran- el papel de “regeneradores”, sin recular en sus aceradas críticas al Gobierno, por lo acordado en la Habana.
Abominable descrédito, que asemejo al documentado y turbulento nido de descomposición, destapado por el “Robo a Caldas”, que permanece empolvado aún en las hemerotecas, a la espera que el paso del tiempo lo desaparezca del todo. Secretos que guardo bajo llave, lo que le salvó el pellejo. Corruptela que lo invadió todo y no cesó, mientras ejerció el injurioso tutelaje de los abatidos entes, convertidos en pedestres burdeles que la memoria histórica reclama a gritos desenmascarar.
Ni el cambio de ‘look’, ni el aparente pudor expuesto en Facebook -sin un acto de contrición y propósito de enmienda sinceros- servirán para enterrar el hecho, que los esbirros nos intiman a callar. Implacable veneno que intoxica y mata. Certezas sobre las cuales la gente se acostumbró -como quien oye llover- a oír hablar, sin escudriñar. Silencio que horadó la confianza en la dirigencia supérstite. Dijo Racine: “No hay secreto que el tiempo no revele”. Evidencias que por sabidas se callan y por calladas se olvidan, lo cual trae a la memoria la respuesta que Juan Gabriel dio a la pregunta sobre su homosexualidad.: “Dicen que lo que se ve… no se pregunta”.
Exordio para los famélicos mandaderos, «culturalmente atrasados», que ufanos inquieren: ¿Por qué no te callas?”, creyéndome hipotecado al penoso pasado de artimañas, que los anima a rotularme de ingrato y olvidadizo, a enrostrar, una y otra vez, lo recibido, ignorando que lo conquistado, se debe al ingente esfuerzo y trabajo, en favor de la porcelana azul, que se llevó parte de mi vida, como un futuro promisorio -quizás-, que no me permite hoy degustar el verso de Amado Nervo ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz! Parodiándolo digo: ¡Amigo todo lo debes! ¡Amigo, no estás en paz conmigo!
Dolida queja que en el trasfondo conlleva haber sido utilizado por el espantajo que fungió de amigo. Y del avaro alud de limosnas de las que tanto se habla y que las opaca, el munífico arqueo de los olvidados servicios prestados, compensados con ingratitud e improperios, lanzados por mano ajena -vieja costumbre-. A pesar de ello, no tiraré la toalla, no tomaré las de Villadiego. Como Samper digo: “Aquí estoy y aquí me quedo”. No pondré la otra mejilla. Retornaré apaleamientos, humillaciones, agravios. Airearé y pondré en blanco y negro el pasado. Replicaré uno a uno los ultrajes, desaires y conjeturas. Nada me arredra, ablanda, acojona.
Manizales, marzo 15 de 2017
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