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¡Grandeza pedida, poco practicada! (III)

29 de marzo de 2017
Por mario arias
Por mario arias
29 de marzo de 2017

Por: mario arias gómez

El extravagante y convulso escándalo de los dineros infiltrados por el gigante del soborno, Odebrecht, a las campañas presidenciales de 2010/2014, tiene aún mucha tela que cortar. Coletazo que alcanza las de gobernadores, alcaldes, congresistas. Aquelarre que investigan la Procuraduría, Contraloría, CNE y Superintendencia de Sociedades y la Fiscalía que vinculó a Roberto Prieto, Santiago Rojas y David Zuluaga mediante interrogatorio, a lo que se deben añadir los delictuosos cohechos concertados con funcionarios torcidos y venales -con contadas excepciones-, a objeto de obtener la adjudicación de obras. Desvergüenza que ha agitado y sorprendido a un país atónito, cuya metástasis alcanza los niveles más altos de los gobiernos Santos y Uribe, quien fustiga la corrupción ajena pero no percibe la propia como tal, personaje que lleva a cuestas 27 escándalos, cuyos siervos están en la cárcel o huyen de la justicia.

Antes de proseguir, evoco la patética carta abierta de Santos, dirigida en pleno proceso 8000, al muy fresco Samper, que tituló “Grandeza” y que publicó “El Tiempo”, en la que le pide la renuncia, pedido que le cae como anillo, por encontrarse en igual concurrencia por las que atravesó el “atornillado” Bojote. Dice el refrán: “El que escupe p’arriba a la cara le llega”. Escribió Santos: “Tienen toda la razón quienes hacen un llamado a la reflexión. Y yo agregaría que también a la grandeza”. “Así esté en paz con su conciencia. Hay ciertos hechos que por su contundencia se tienen que aceptar en la vida y en la política”.

Todos los colombianos comprendemos el laberinto en que se encuentra. Pero Ud. no es el primer mandatario que se enfrenta a esta situación límite: el momento en que confluyen la luz y la sombra en la vida de un hombre público. Otros hallaron la salida con decoro y dignidad. Y sus pueblos encontraron en ese acto, un punto de partida para construir un nuevo futuro. Sea leal con su patria que lo colmó de honores y con su estirpe de tan noble espíritu: retírese con grandeza y recibirá el reconocimiento de los colombianos y de la historia”.

Palabra llena de contenido que usó para invitar a su férreo crítico a reunirse: «Sin sacrificar nuestros principios ni nuestras convicciones, creo sinceramente que podemos trabajar conjuntamente en la construcción de un país mejor y en paz».

Elevación requerida en este crucial momento histórico por el que atraviesa. Los hechos son tozudos: Es evidente su incapacidad para sintonizarse con el país; sus erráticas políticas públicas; la pasividad con su íntimo, Roberto Prieto -conocido de autos-, hombre de su riñón, sin las excelsas calidades morales que demanda quien funge como persona de confianza absoluta del Presidente, quien lo manchó de modo irreversible y lo evidencia como alcahuete, llevándolo a una tenaz y firme impopularidad que marcan las encuestas, la mayor de los tiempos últimos, descrédito que sobrepasa -y eso es mucho decir- al frívolo, infecundo y desprestigiado, Andrés Pastrana, “el peor Presidente que ha tenido Colombia”.

De un gobierno falto de gobernabilidad nada bueno puede esperarse. De probarse el ingreso del millón de dólares a su campaña, le queda una gallarda renuncia, en los mismos términos que la pedida a Samper. Si tal hace, la historia, tal vez, lo recuerde benévolamente; de empeñarse en su “aquí estoy y aquí me quedo”, que Dios nos tenga de su mano, porque un outsider -demagogo u oportunista, con cara de Petro- acecha el establishment político. Aunque en este decepcionado país del corazón de Jesús no pasa nada, Las tortuosas impudicias del falaz “Montesinos” criollo, brotan hasta debajo de las piedras.

Mientras existan empresas qué tras beneficios ilegítimos, rivalizan en forma desleal por el portafolio contractual, mediante lobistas sin escrúpulos que corrompen burócratas al más alto nivel, como el audaz espécimen Prieto, granuja fullero, clave en la trama de corrupción, cuya astucia le permitió apoderarse del Presidente, para hacer -quizás con su anuencia- lo que hizo. Cercanía utilizada para intimar subalternos -faltos de carácter y cojones- que reverentes se plegaron a sus pretensiones.

Lo cual tiene asombrado e indignado al país, según la aplaudida eficacia, ritmo y vigor impresos a la Fiscalía, que tiene en ascuas al inasible e insaciable roedor de cuello blanco. “Más vale tarde que nunca”. Es ilimitado el daño causado por este fatídico chanchullero, miserable cuatrero que capa traje de rayas, pesados grilletes, y una gélida celda con barrotes, al tomarse en cuenta que lo saqueado concierne a la salud, educación y bienestar de los pobres.

Forajido -qué duda cabe- que aceptó haberse reunido con el director de la ANI, para intermediar grandes obras donde roer. Metió baza en la vía Ocaña-Gamarra con el “ñoño” Elías, Ciro Rodríguez, Alejandro Chacón, Alfredo Cuello, Guillermo Mora (congresistas) y el ex Otto Bula, que “estimuló” a los miembros de las C. Tercera, Cuarta y Sexta del Senado; hizo lobby a los encargados de la adjudicación de la ampliación de la Ruta del Sol -tramo dos-, (Otrosí 003 y 006). Ilícita faena disfrazada como “comisión de éxito”, que le reportó 4.6 millones de dólares, de los que salió el famoso millón para el rata en mención, a través del testaferro amigo.

Y no dejan de aparecer nuevos contubernios. Un informe de Contraloría da cuenta de las anomalías en la adjudicación y ejecución del contrato de la Cumbre de las Américas, en que la polémica, Marketmedios, hizo parte de la Unión Temporal, cogida in fraganti en sus malos manejos, por lo que tuvo que reintegrar $4.169 millones. Descalificada su inicial participación, pudo cambiar el Comité evaluador, de tres se pasó a uno, más un asesor externo que impuso la reevaluación. Fue así como Marketmedios (Prieto) continuó el “roberto”.

UT que gestionó la Representación Legal con NIT, solicitó numeración a la DIAN, incrementó y refacturó escandalosamente los costos de cada elemento comprado o servicio subcontratado, que intentó sumar a los $6.440 millones de honorarios. Le fueron glosados estos ítems: El arriendo del Centro de Convenciones, pasó de $4.000 a $4.898 millones. Comunicaciones de $393 a $1.154 millones. En los equipos de sistemas se embolsilló $762 m. Inmobiliario $523 m. Transporte $142 m. Alimentos y bebidas $111 m. Acreditaciones, $293 m. Sin estudio previo, los gastos administrativos se tasaron en 15 %; se aprobó una adición por $12.000 millones. Los sobrecostos en salud y comunicaciones pasaron por encima de $2.200 millones. La sola transmisión generó un incremento por $6.000 millones. Faltan datos de otras linduras.

La farragosa explicación de Santos -a lo Ernesto Samper-, 21 años después, fue la misma, todo sucedió a mis espaldas: “Lamento profundamente y pido excusas a los colombianos por este hecho bochornoso que nunca ha debido suceder y del queme acabo de enterar’ (¿?). No autoricé ni tuve conocimiento de estas gestiones, las cuales se hicieron en directa violación de las normas éticas y de control que exigíy no supervisése impusieran en la campaña. Pido aclarar a la brevedad esta actuación inaceptable”.

El clamor de la gente de bien, coincide con los Verdes. “Por ese fraude deben responder no sólo sus autores directos, sino también los partidos en aplicación de las leyes vigentes. Esperamos que las investigaciones y las sanciones sean concluyentes. Lo cual debe derivar -conforme a la ley vigente- en la pérdida de la personería jurídica del partido que lo avaló, a la espera que sus jefes tengan las sanciones penales y disciplinarias”.

Manizales, marzo 29 de 2017

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