La infancia marca efectos perdurables
Por: Jesús Helí Giraldo Giraldo*
Nos comunicamos a través de un lenguaje propio del hogar donde nacimos, identificado como lengua materna. Este es el medio de comunicación oral y escrito de la expresion perceptible del pensamiento y las ideas en forma de palabras. Las interacciones e intercambios de los seres humanos entre sí responden a ese lenguaje transmitido, por los padres y el medio, a todos los humanos en los primeros años de su historia vital.
Nuestros rasgos físicos, tradiciones y costumbres son la viva manifestación de la vida de nuestros antepasados y de la historia personal, la individualidad es una suma de influencias genéticas que se transmiten y heredan. La personalidad humana, considerada como la integración del cuerpo físico y el cuerpo emocional, es el resultado de las experiencias vividas desde el momento de la concepción hasta el presente. Heredamos y experimentamos los frutos del pasado y nos complementamos como hechuras del destino, cada instante aporta granitos de arena al edificio de la personalidad.
La arena, el agua y los ladrillos combinados con otros materiales, mezclados y estructurados en forma determinada, confluyen en una obra donde todos se integran en sólida unidad y, aunque sea difícil identificarlos individualmente, ahí están todos los elementos configurando la totalidad edificada. Los sucesos y experiencias de una vida van construyendo la obra que habrá de perdurar como una individualidad a pesar de ser el resultado de muchos elementos integrados, trabajando en auténtica sinergia. En el caso humano, durante el desarrollo formativo de la personalidad, la influencia es mayor en los primeros años ya que se trata de las grabaciones iniciales que penetran y se fijan, impresionando la pista de la vida, en un campo de pureza dispuesto al aprendizaje.
Los cimientos, la base, la estructura, la ética y la estética definen la esencia y apariencia, momento y lugar hacen su aporte al crecimiento continuo e integrador. La obra humana en toda su magnitud sólo se concluye con la muerte. Unos buenos fundamentos dan fortaleza y estabilidad a la edificación. Su crecimiento, utilidad y aplicaciones responden al suelo donde están anclados sus fundamentos y pilotes, la calidad de los materiales utilizados en la edificación y a la precisión de la ingenieria en los cálculos estructurales. Así mismo los pilares en los cuales se apoya la obra humana se establecen en la primera infancia.
Durante los primeros cinco años se va estructurando una personalidad que reflejará el tratamiento, las condiciones de vida y las respuestas y acompañamiento del medio. En todos estos sucesos el niño se ve involucrado, su mecanismo personal de acción y reacción crea respuestas en forma refleja. Así como la lengua materna, el lenguaje de gestos y actitudes emocionales se convierten en signo de identificación individual que acompaña a la persona y responde por sus comportamientos y reacciones. Estas réplicas instintivas, transmitidas y adquiridas en los primeros años, se identifican como instintos básicos y se agrupan en cuatro categorías: amor, supervivencia, comunicación y utilidad.
La información concreta recibida del mundo exterior en nuestro continuo interactuar con él es una corriente que después de pasar por los órganos de la percepción llega al cerebro y se transforma en ideas y conceptos dando origen a una actitud. Ésta configura las bases de la personalidad, representada en la vida experimentada en los primeros cinco años. Conceptos fundamentales, constitutivos de los instintos básicos del individuo, son estructurados en la etapa infantil sirviendo de base o parámetro para las etapas posteriores de la vida personal.
Desde el momento de la fecundación del óvulo materno hasta el nacimiento se desarrolla el instinto básico del amor. Después de cortar el cordón umbilical y durante el primer año, mientras el niño es capaz de sobrevivir por sí mismo, se conforma el instinto de supervivencia. Los primeros pasos y el desarrollo del lenguaje estructuran el instinto de la comunicación. El menor llega luego a una etapa caracterizada por el descubrimiento de habilidades y destrezas, expresadas en los deportes, juegos y manualidades, identificando el instinto de utilidad.
Las facilidades y obstáculos en cada etapa de la estructuración de los instintos básicos repercuten en las buenas o difíciles condiciones de vida del individuo de acuerdo al instinto en desarrollo. Las dificultades y los tropiezos bloquean el proceso y su repercusión se manifiesta de manera refleja hacia adelante.
El libre desenvolvimiento del amor se ve bloqueado por los malos tratos propinados a la madre durante los nueve meses del embarazo, repercutiendo, en el hijo, en la dificultad para expresar los sentimientos confundiendo este temor al amor con manipulacion y dependencia, influyendo en la soledad afectiva. A la capacidad de sobrevivir, cuando la supervivencia se ve afectada al momento de nacer o en las primeras experiencias de vida se oponen los temores a la vida, la timidez y el miedo. La comunicación es bloqueada por el complejo de inferioridad debido a los malos tratos y los sufrimientos de cualquier índole cuando empezaba a caminar y a desarrollar su comunicación verbal. El síndrome de inutilidad se surge de los tormentos, bloqueos e impedimentos surgidos alrededor del cuarto o quinto año de edad cuando sus habilidades y capacidades no recibieron apoyo cuando aparecieron por primera vez. A lo largo de la vida la personalidad expresa el reflejo de los primeros cinco años, somos el resultado de la primera infancia, su efecto es para siempre.