13 de junio de 2026

Salario mínimo

14 de diciembre de 2016
Por mario arias
Por mario arias
14 de diciembre de 2016

Por: mario arias gómez

Mario Arias def

El Gobierno y los representantes de los trabajadores dieron comienzo al tira y afloje -lleno de apariencias y juegos de palabras- por el aumento del salario mínimo que regirá en el 2017. El art. 53 de la C. incluye entre los principios mínimos fundamentales que la “remuneración mínima vital y móvil, (será) proporcional a la cantidad y calidad de trabajo”. A su vez el fallo C-815/99 determinó que el salario debe nivelarse con la inflación, a objeto de recuperar su capacidad de compra, lo que asiente que el salario crezca en términos reales, con el ítem, que el aumento afecta las finanzas del gobierno, dado que muchos de sus costos están atados al alza. Incremento que se difiere a la aptitud de patrones-obreros-gobierno en concertar el incremento salarial. De no, el Gobierno lo fija por decreto. Fue así como el salario vigente ($ 689.454) se incrementó en un 7% unilateralmente por este último.

La ministra del Trabajo, Clara López O., instaló el pasado lunes 05 de diciembre la Comisión Permanente de Concertación de Políticas Salariales y Laborales, con la presencia de voceros de los más importantes gremios de la producción -Fenalco, Asobancaria, la Sociedad de Agricultores de Colombia, entre otros- y la Confederación General del Trabajo. Habló de una nueva arquitectura de negociación, con base en el Índice de Precios al Consumidor, IPC, el Producto Interno Bruto, PIB y productividad.

Junto al ministerio de Hacienda, Planeación Nacional, Banco de la República y el Dane, delinearon el panorama económico del país. Se reveló el estimado de la inflación 2016, como la esperada para el 17, igual  se anunció el índice de productividad y crecimiento. El costo de vida a noviembre -se informó- llegó al 5,96 %, 0,43 puntos porcentuales por debajo del período 2015-2016 y 0,52 puntos a octubre del año en curso. La variación del IPC entre enero y noviembre/2016, fue de 5,31 %. El año anterior fue de 6,11 %. En julio/2017 la inflación alcanzó su pico más alto, 8,97 %, valor sustancialmente a la baja.

Las centrales obreras CUT, CGT y CTC, en forma unificada fijaron su ambición a un reajuste del 14%,  equivalente a un incremento de $96.000 mensuales, $3.200 diarios. El salario mínimo pasaría a $785.000. El presidente de la Andi, Bruce Mac Master, manifestó que trabajarán por lograr la mejor remuneración posible, al tiempo que pidió salvaguardar la mayor competitividad. Se cree que su propuesta rondará el 7% ($48.261), para un neto de $ 737.268.

La Ministra indicó: “Estamos empeñados en buscar el mayor número de espacios de entendimiento y una nueva metodología consistente en negociar en función de principios e intereses comunes y no de posiciones infranqueables, donde queden por fuera otros elementos que deben enriquecer la discusión”, agregó que el ajuste se dará en medio de un “panorama de complejidad e incertidumbre en las proyecciones internacionales” con máximo de justicia.

Especialistas indican que los trabajadores deben ser conscientes que si la aportación que efectúan a los ingresos de la empresa -llamada “productividad marginal del trabajador”- es inferior al salario mínimo legal, el empresario optará por despedirlos. Hipótesis bien discutible pues hay empresarios que prefieren aumentarles antes que liquidarlos. La esencia radica en conciliar el interés  recíproco, no sea que el alza, en lugar de contribuir a mejorar el salario de los sectores más débiles, termine por confinarlos al desempleo inmemorial del país.

Los que reivindican el aumento del salario, se basan en que: “1º-. Los operarios perciben un salario inferior a su productividad marginal. 2º-. Creen que el incremento del salario mínimo contribuirá a elevar la productividad del trabajo de manera endógena (Esto es, porque el mayor coste laboral inducirá a los empresarios a reducir sus ineficiencias organizativas internas; o porque el mayor salario actuará como un estímulo keynesiano sobre el resto de la economía; o porque el mayor salario estimulará a los trabajadores a volverse más eficientes; o porque el mayor salario desincentivará la alta rotación de empleados en un mismo puesto de trabajo). En principio, no cabe rechazar teóricamente de plano que un cierto incremento del salario, pudiera generar un incremento sostenible de la ocupación y de las remuneraciones.”

Estimaciones indican que, por cada incremento del 1% en el salario mínimo, el empleo se reduce un 0,19%. Otros encuentran estas consideraciones parcializadas, dado que “tienden a publicar en mayor medida análisis críticos con el salario mínimo, que análisis favorables al mismo”. Agregan que “la exoneración de los efectos destructivos del salario mínimo no se debe a que la evidencia disponible concluye que este es inocuo, sino a la presunción de que la evidencia disponible no es totalmente válida”.

En esta escuela se concluye: a)- “Ralentización (Imprimir lentitud a alguna operación o proceso, disminuir su velocidad) de la creación de empleo”: El incremento del salario mínimo no tiene por qué reducir el volumen de empleo, sino que bien puede frenar la creación de nuevos puestos de trabajo. b)- “Reducción del número de horas trabajadas”: Otros pueden no decidirse por despedir a quienes han sido beneficiados con el aumento del salario mínimo, pero sí a reducir el número de horas por las que han sido contratados (o sea, muda la jornada de tiempo completo por la de tiempo parcial), producto que si la hora de trabajo sale más cara, su demanda de horas decae. c)- “Reducción de los salarios en especie”: Lo cual se da cuando el  empresario subsana el mayor coste salarial con un menor importe no salarial (una menor inversión en formación interna), de modo que la remuneración absoluta del operario no cambiará pese al mayor salario mínimo legal. d)- “Reemplazo de operarios no capacitados por operarios más preparados o mejor capacitados”: Si la productividad de un operario no capacitado es 10 y la de un capacitado es 15 y si el costo de contratar al primero es 5 y el del segundo es 12, el patrón preferirá incorporar al operario no calificado (su margen de beneficio es mayor). En cambio, si se eleva el salario mínimo de 5 a 8, pasará a ser más rentable contratar al operario calificado, de modo que el empresario podría optar por despedir a los empleados no calificados para incrementar la contratación de los calificados (en ese caso el efecto del salario mínimo sobre el empleo total sería nulo, pero saldrían perdiendo aquellos a los que se quería beneficiar con el mayor salario mínimo). e)- “Aumento de precios”: Los empresarios que se ocupan de vender bienes o servicios con una demanda muy restringida o inelástica, el mayor costo salarial podrá repercutir sobre el precio final. Pero, infaliblemente, si los precios de los bienes de consumo aumentan, los salarios reales de los trabajadores en general se reducen. Es decir, el aumento nominal del salario mínimo de unos obrará en el recorte de otros. ¿Cuál es el balance neto de este efecto redistributivo entre los que ganan y los que pierden? De acuerdo con estudios recientes, el efecto es claramente perjudicial para las escalas sociales más bajas, pues son ellas las que consumen o emplean un mayor porcentaje de los productos y servicios que más se encarecen.”

Incrementar en forma desproporcionado el salario mínimo legal, dejando de mirar las dos partes inmiscuidas en la ecuación trabajo-beneficio, no debe ser el objetivo social, ni la premura sindical, sino que debe propenderse -en lo posible- por permitir significativamente la creación máxima de empleo que permita una menor tasa de desempleo, por ende, el mayor número de personas ocupadas a fin de que no se hundan los ingresos reales de las familias más pobres y sectores más desfavorecidos.

Lo justo -como en todo- está en el medio. Los más ortodoxos son partidarios de subir el salario, sin sobrepasar ciertos umbrales que minimicen considerables riesgos, cuyos efectos son siempre negativos. Un alza desmedida sería ruinosa, ya que multiplicaría los riesgos de destrucción de empleo en una economía -como la colombiana- que padece de una altísima tasa de desempleo estructural. Posición independiente alejada -aclaro- de todo populismo.

Bogotá, diciembre 14/ 2016