¡Pásela por inocente!
Por: mario arias gómez
Relata San Mateo en el Nuevo Testamento (Mt 2,16-18) -parte de la Biblia cristiana escrita después del nacimiento de Jesús de Nazaret- cómo el rey Herodes -“El Grande”-, encrespado por la traición de los sabios de Oriente, ordenó ejecutar a todos los niños de Belén (Judea) menores de dos años, para asegurarse de que el anunciado Mesías -futuro Rey de Israel- fuera asesinado. Origen del Día de los Santos Inocentes. Fiesta popular del siglo 19, en la que la gente aprovecha para recíprocas bromas -crueles a veces-, difundir falsas alarmas, quedarse con cosas ajenas bajo la premisa: «Inocente palomita que te dejaste engañar, sabiendo que en este día nada se puede prestar». Los medios de comunicación, aprovechan para publicar historias imaginarias.
Libertad que igual se dan los agentes mediáticos una vez al año para dar rienda suelta a la fantasía, sentido del humor y desvarío. Precursoras: La Fiesta Hilaria o Día de la alegría que desde hace más de dos mil años se celebra en Roma el 25 de marzo. Los hindúes durante 16 días tienen el Festival Holi -fiesta de los colores o del amor- que marca el comienzo de la primavera. La Purim se oficia el 14 del mes Judío de Adar -sexto mes del calendario hebreo moderno-. La “Fiesta de locos” se presenta en Francia el primer día del año, mudada al 1º de abril, lo mismo que en Italia, Bélgica, Países Bajos y zonas de habla francesa de Suiza y Canadá, en que honran el asno en que cabalgó Jesús el domingo de Ramos para hacer su entrada triunfal a Jerusalén, el mismo día, April Fools’ Day -«día de los tontos»- se solemniza en los países anglosajones (término utilizado para designar a Canadá y Estados Unidos, sin Hawái) y los países nórdicos: Daneses, finlandeses, islandeses, noruegos y suecos.
En el mundo hispanohablante, en el tradicional 28 de diciembre, los medios producen noticias cómicas, falsas, irónicas o irreales, el público además urde bromas, burlas, chistes, pegas, pullas, sarcasmos, tergiversan los reportes, los rumores de modo que parezcan actuales, hechos que se convierten -muchas veces- en virales. Como se ve la festividad tiene connotación universal.
“Eje 21” se anticipó al día, al ofrecer a sus fieles lectores una fresca columna, escrita por un espíritu burlón, el agrio, punzante y satírico “Diablo Cojuelo”, que no es amigo de nadie, cuyas cáusticas apostillas, leímos hace más de medio siglo en “La Patria”, adjudicándose -sin certeza- indistintamente a Rodrigo Ramírez “Gaspar”, Ovidio Rincón, Arturo Gómez, Uriel Herrera, Rafael Lema, Augusto Trejos, Hernando Salazar, César Montoya, Mario H. Gómez, Augusto-León, Augusto Gómez, Bernardo Cano, Telescopio Guarín, Jesús Jiménez, Alcibíades Días, Restrepo Arteaga, Guillermo Bullas, Jota y Pedronel Jiménez, Baltazar Ochoa, Hernando Henao, Mario Guarín y otros, todos con la solvencia del caso para reencarnar la creación literaria del dramaturgo y novelista español, Luis Vélez de Guevara (1579-1644), quien le insufló vida libresca a esta estrella del averno que vivió encerrado en una vasija de cristal.
Nunca se supo quién era al autor real. Su perfil es la de un pertinaz correveidile de mierda, que lleva y trae; entrometido infatigable; inagotable chismoso; impenitente espía. Escabroso belcebú de cacho y cola, oído de murciélago, ojos y antenas de búho; experto en rastrear escándalos de alcoba; diluente de honras; con larga y filuda nariz y olfato de perro, gemela a la de “Pluma blanca”, miembro que se me quedaba por fuera de la cofradía. Lince camuflado de “Bobo vivo”. Picaresco y rancio protagonista del “Robo a Caldas”, clausurado con un silencio cósmico.
El ponzoñoso y corrosivo “Cojuelo”, macerado sin duda en los bajos fondos, con su mordaz lengua de fuego, reparte arponazos envenenados, banderillas y rejones negros, amolda remoquetes a diestra y siniestra. En su nueva versión parece que se trata de un frustrado aspirante estruendosamente derrotado -resultó que tenía más corriente un lazo- luego de la faraónica campaña de corte presidencial que adelantó con ancha alforja paisa, que le aligeró el revivo que le vendió el aval y la quimera. “Señor del taladro” que se dice recuperó el billete en una oscura noche.
No puedo evitar sentir repugnante rechazo inmediato, automático, a los amargados dardos lanzados por el asimétrico cojuelo -no hay cojo, ni mocho, ni tuerto bueno- al “indio malicioso”, pues dice saber que es “más peligroso que un tiro en un oído”, que permanece con “los ojos encendidos” que producen “terror y miedo”. Mientras lo descubro, acudo al Mariscal Alzate para decir: “Meterse con mi honor es una aventura peligrosa y probablemente trágica”. Lo declaro desde ya, sin alinear la libertina “cabellera blanca”, con la “boina de luto” aún en la torre, candidato a un arcabuzazo. Más le vale que se resguarde en Toriles, bajo las enaguas de Belén Loaiza o más abajo, en las de la “Mona Mirian”, que según la “inteligencia” que lo busca, son sitios en los que deshace los pasos y lo están puesteando.
Demonio moralmente inferior, de mala leche, que sonroja. No adoba sus picotazos lo de la “chispa verbal”, los “ojos que danzan, escudriñan pensamientos, interrogan”, ni la “fuerza que concentra (como Rasputín el original) en la mirada”. Tras el “antifaz burlón” y las cicatrices del “sarampión”, este ‘peludo’ tiene “la rara capacidad para manejar títeres de opereta”, refiriéndose -imagino- al “Bobo vivo”. ¿De dónde es este lanudo? ¿De qué vereda recóndita lo sacaron con espejo? Respondo: Del amado San Félix-Salamina -la “Holanda de Colombia”-, sin cuna de oro, ni cucharita de plata, las que tuvo de verdad su padrino que adorna su partida de bautizo, don Eleazar Botero, patricio de los que ya no existen porque se extinguieron, sin ser posible clonarlos, Notable prócer niguatero, de “brazos abiertos y manos tendidas”.
Siguió el Torquemada: “Anónimo jefe” -burla burlando- pero de mí mismo; “diputado moscardón”; Presidente -varias veces- de la Duma que otros agrandaron; “habilidoso teatrero”; “Senador de la República”, “Cónsul” que casi hace presidenta del Perú a Lourdes Flórez, le consta a Juan Martín. Lo de alcalde de Lima o vicepresidente es una instintiva, irresponsable y senil exageración sin sustento.
Hoy día de los “Inocentes”, a propósito, le anticipo la coartada que el “abejorro picador” conoció del “Conde de la Mina”, pasaje de la novela -a puerta de horno- cuyo protagonista es el precitado “títere de opereta” de su escrito, al que parece conoce bien, aunque dudo que conozca que durante casi medio siglo ejercitó -para envidia- el “Derecho de Pernada” con sus huestes, disfruté con él la “Prima Nocte” con incontables siervas en trance de desposarse. Ley no escrita, herencia española, que parte -su vigencia- de la Edad Media. Costumbre que implantó el “Bobo vivo” en el terruño, como trasplantó otras linduras, los “diezmos y primicias” de la feligresía que ningún código recoge y sí prohíbe, socialmente admitidas por la costumbre, forma de imponer el poder a los súbditos que miraban (mos) para otro lado, dado la dependencia y temor que inspiraba. Cornudos que ponían a disposición hijas y esposas, tras un precario o cagado puesto a cambio.
La necesidad tiene siempre cara de perro. Siervos que no se atrevían, ni tenían forma de denunciar el abuso, aceptando -sin más- la deshonra. El poder todo lo permitía, se violaba con total impunidad. Vi muchas veces, cómo llegaban las acosadas quinceañeras en flor, con la cabeza gacha, a trabajar como asistentas del “jefe”. Tropelías de un “señorito” que sesudamente describe la novela, “Los Santos Inocentes”, de Miguel Delibes (1920-2010) publicada en 1981.
En México el Derecho de Pernada, consistió en que el “señor” pagaba los gastos a cambio del “gustico”, quien no dudaba en mandar al marido a la cárcel o a la guerra. Patraña que trastocó el deshonrado, José Doroteo Arango Arámbula, quien disparó contra Agustín López, después de violar a la hermana, para ocultarse en el monte y reaparecer como revolucionario, Pancho Villa (1878-1923) quien ajustició a los violadores de campesinas, creó conciencia social y propulsó el cambio. Práctica que los políticos y empresarios mudaron, ofreciendo trabajo o prometiendo conservarlo a cambio del virgo.
Dejo para después la lista de las desfloradas, no por miedo, sino por ser el día de los santos inocentes, pues muchos pensarán -con razón- que es una broma más, en que como siempre la realidad supera la ficción.
A los lectores, sin distingos, les deseo felices pascuas y un venturoso 2017.
Bogotá, 28 de diciembre de 2016
