13 de junio de 2026

¡El milagro que no se dio!

21 de diciembre de 2016
Por mario arias
Por mario arias
21 de diciembre de 2016

Por: mario arias gómez

Gran alborozo produjo el venturoso espaldarazo de la CC a la protección del bien supremo de la paz, encarnado en la luz verde dada al ‘fast track’ que permitirá expedir leyes y reformas constitucionales por la vía rápida, lo que hará sostenible en el tiempo el fin del conflicto. Decisión aplaudida por la gente de bien y opinión del mundo que reclaman del gobierno contrarrestar la feroz campaña adelantada en contra de lo acordado por la caterva de enemigos encabezados por los celosos e inescrutables, el codicioso Uribestia y el reciclado Pastraña, quienes luego del Nobel otorgado al Presidente, redoblaron los ataques en su contra y al acuerdo de paz.

Trago amargo que no pasan, ni soportan, al extremo de sugerir que había sido comprado por los intereses noruegos. Alusión respondida por Santos: “Me siento avergonzado de oír eso”.  Vergüenza y sonrojo que advierten quienes conocen de sobra que el escrutinio del ganador lo hace un comité autónomo, con altísimo nivel de  credibilidad e integridad, que es lo que les falta a los amargados del bien ajeno y destapa la sordidez y mala entraña. Inusitado agravio a Noruega que no ha hecho otra cosa que apoyar a Colombia, al propio gobierno del autor del infundio  agrandado por el defenestrado “don nadie”, el ex procurador, quien agregó: “Estamos ante una comedia que empezó en Cartagena y terminó en Oslo”. Ofensa amplificada por el neocolombiano, Pérez-Maura del diario ABC, consueta de Pastraña, quien añadió: ¿A Santos le premian por mentir en campaña?

¡Qué ponzoñoso veneno!, si no lo vomitan, su efecto los habría matado. Enfado que no tragan estos infectos, contagiados por la envidia, la ira, el odio y la venganza incontenibles, que soportan su plataforma política para el 2018, articulada a la disputa suscitada frente al acuerdo de paz. Ciega y sucia campaña en marcha que llevó a Uribestia a desairar al Sumo Pontífice, para desilusión de los asombrados colombianos, heridos en su religiosidad, amor y sentir patrio, que sienten vergüenza ajena, junto a la atónita jauría de alzafuelles que no salen del pasmo por el desplante e insolencia de su amo. Lo cual no nos sorprende pues desde hace tiempo invitamos a la gente a despojar el antifaz que cubre el perverso pasado del ex gobernante que hizo de la patria una pesadilla, que intenta prorrogar mediante las retóricas enmiendas imposibles al irreversible acuerdo de paz, en busca de interferirlo a ciencia y paciencia del quijotesco y soñador Presidente, a quien plurales fuerzas vivas del país le piden darle cara al indolente y villano aguafiestas, al que confusos  y despalomados ven como el bueno de la película y a Santos como el malo.

Conscientes de lo que es capaz el deslegitimado hipócrita, el inclasificable y omnisciente Uribestia, marrullero sin escrúpulos, con aires de grandeza, quien sabe mejor que nadie cómo manipular crédulos, a objeto de dar rienda suelta a su afán compulsivo-belicoso, para lo cual echa mano sin reato de su canallesco poder satánico de seducción, recogido con minuciosidad por su dilatado e impune prontuario, de curtido agresor moral, enemigo público número uno de la paz, quien tras el poder perdido, concita odio, rabia, crea y alimenta tensiones, sin remordimiento, ni sentido común, sin ‘fair play’, incita la confrontación entre hermanos en busca de demoler, destrozar, aniquilar el concertado acuerdo de paz.

Desbocado y tozudo malandro que vive en función, no de lo que le conviene al país, sino al ecléctico amasijo de renegados del gamberril CD. Tipejo que no se deja hablar, no sabe escuchar, no da el brazo a torcer, no cambia de opinión, no corrige  el rumbo, ni la dirección probadamente errada. Apóstata en mora de ser arrojado a una paila de aceite hirviendo. Amnésico que derrochó la inimaginada e histórica cita con el Santo Padre, para haber efectuado un acto de contrición, de examen de conciencia, de verdadero propósito de enmienda que ameritara el perdón a sus terribles culpas que lo liberaran del infierno que tiene bien asegurado.

No hay duda que el pírrico triunfo del NO fue obtenido a través de delictuosas mentiras que le sustrajo efecto jurídico, dado que el delito ni es fuente de derecho  ni los genera, produciendo únicamente nulidad plena. Nos enseñaron hace muchos años que el delito o el crimen son actos de corrupción que tienen la máxima sanción en el ordenamiento jurídico, que no pueden ser -bajo ningún pretexto, justificación o circunstancia- como pretende el paranoico furibismo, ser soporte para reclamar -con base al precitado acto sub judice- el ajuste unilateral del acuerdo de paz.

En un estado de derecho, es delirante argumentar el exabrupto jurídico y moral, que unos votos de más -aunque hagan mayoría- borren los delitos, saneen o depuren los presupuestos jurídicos y normativos que otorgan legitimidad a la democracia. No se olvida que fueron unas mayorías las que condenaron a Jesucristo y absolvieron a Barrabás Uribe, según la costumbre de la Pascua judía. Quien tenía la razón, la verdad y el derecho era Jesucristo, por lo que el argumento, repito, de la “mayoría” no desaparece la criminalidad, la ilicitud, la inconstitucionalidad, la ilegitimidad.

Como lo denunciamos atrás, el poder contencioso aceptó -por fin- la demanda contra el resultado del NO, por “violencia psicológica contra el elector”, pues reconoce que se mintió, engañó y emitió información falsa; se tergiversó y  publicitaron temas que no figuraban en el acuerdo. Uribestia insiste -carente de rigor jurídico- en exigir -con la mano en el pecho y el postizo blanqueo de ojos- con base al “rechazo de los electores”, la “apertura” para efectuar unos “cambios profundos”. Con lágrimas de cocodrilo masculla artificiosos puntos “sumamente delicados”, que no son el desprestigio que le infligió al proceso; ni el menosprecio de los logros; ni la difusión de las mentiras; ni la explotación del miedo de ir hacia al infierno castrochavista. Habla sí de la «elegibilidad para los cabecillas después de cumplir la pena»; “que los procesos de impunidad total dan mal ejemplo», etc. Sepulcro blanqueado que dice sentir fingida “pena y dolor” por el reclutamiento de menores, mientras ignora los muertos y el dolor causados por los falsos positivos, “muchachos que no andaban cogiendo café propiamente”. ¿Le suena a los electores?

Alzhéimer que olvida el asesinato de una mujer en el aeropuerto Olaya Herrera, que conocía al dedillo el presunto accidente de aviación donde perdió la vida Pedro J. Moreno (ver http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1929128), uno de sus hijos y la tripulación del helicóptero, asegurándose que quien lo mandó a matar  fue el mismo que ordenó dar de baja a César Villegas Arciniegas, (ver http://www.semana.com/nacion/articulo/rodrigo-lara-responde-uribe/120680-3) súbdito en la Aeronáutica Civil. Como se estila en los ambientes mafiosos, murieron porque sabían demasiado. Hipotéticos cómplices de oscuras maniobras, delitos y fechorías que empezaba a revelar LA OTRA VERDAD. Época en que más de uno no dormía por su cercanía a los secretos del capo de capos, pues suponían que la apuesta por borrar las huellas los haría correr la misma suerte. Cautela que no tuvieron los que desaparecieron en Córdoba por móviles y motivos ídem.

Etapa en la que también fue denunciado el presidente de la Corte Suprema, el enhiesto César J. Valencia, luego de admitir que el Presidente lo llamó desde Nueva York para averiguar sobre el proceso que la Corte adelantaba en contra de Mario Uribe, conminado a rendir indagatoria por nexos paramilitares. El sin prejuicios testificó que el ex magistrado mintió pues nunca había mencionado al pariente, exigiéndole se rectificara. No solo no se rectificó sino que se ratificó. Momento en que empezó a ser blanco de ataques verbales,  igual que el abogado, R. Bejarano,  víctimas ambos de rastreos ilegales por el DAS y la Uiaf, a sus vidas, bienes y comunicaciones privadas. Persecución similar sufrió Piedad Córdoba.

Uribito apareció con un cartel: “Sin justicia no hay paz”, que es lo que hace años gritan las madres de Soacha, los huérfanos, viudas y familias de los falsos positivos y perseguidos por el intemperante “angelito” del Ubérrimo -encarnación del mal- y  por el hermanísimo dueño de la franquicia de los “Doce Apóstoles”. Chato esbozo de la autoridad moral de quien dejó con la mano estirada al bondadoso Papa Francisco, además de dejar un penetrante olor a azufre en los recintos papales.

Feliz navidad a los lectores y amigos.

Bogotá, diciembre 21 de 2016