15 de octubre de 2021
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El difícilísimo arte del tuteo

Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
1 de diciembre de 2016
Por Óscar Domínguez
Por Óscar Domínguez
Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
1 de diciembre de 2016

 

Óscar Domínguez Giraldo

oscar dominguezUna de las grandes ventajas que tienen los españoles sobre el resto de los siete mil y pico de millones de mortales que contaminamos lo que queda del medio ambiente, consiste en que desde que la cigüeña los descarga en la tierra de la paella, tienen  resueltos algunos problemas ortográficos. Por un chip exclusivo que llevan en la garganta saben, por ejemplo, cuando una palabra se pronuncia con z o con c. Y así la escriben.

Los paisas se supone que nacemos con una virtud similar: «acigüeñizamos» con la habilidad de tratar de vos al prójimo. Desconozco si esa destreza nos viene de tanto escuchar música argentina. Al fin y al cabo, según el viejo tópico,  en todo tango no solo muere un argentino sino que se tratan de vos.

Costeños y bogotanos son duchos en el arte de tutear. Pero quienes desertamos durante años del terruño que nos vio berriar vivimos en una patria boba semántica que consiste en que se nos olvidó vosear y nunca aprendimos a tutear.

Y ustedear, o sea, tratar de usted al vecino del ascensor, es otro chicharrón imposible de manejar.

Alguna vez denuncié, sin éxito, que en Medellín e intermedias avanza una oscura conspiración contra el vos.

Para no gastar mucha ropa en la explicación, esa conspiración consiste en enseñarle a los niños a tutear. Quienes impulsaron el tuteo consideraban que el vos era algo de menor cuantía desde el punto de vista cultural. Y a tutear se dijo.

Por eso, en la Chibchombia de hoy cualquier paisa nos va bajando la caña y nos tutea como cualquier rolo de la Sabana. El vos de los paisas, en gran medida, ha dejado de ser un atractivo turístico más.

Mis hijos, bogotanos ambos, me tutean con destreza hasta rara. En casa jamás se nos habría ocurrido tutear a nuestros taitas. Corríamos el peligro de que nos suspendieran el huevo entero que nos daban el día del cumpleaños.

De mi parte, confieso que cuando mis vástagos ejercían el lúcido oficio de niños, hice el esfuerzo de tutearlos para no crearles el conflicto de tener que escoger entre el tratamiento que oían en casa y el que recibían en el colegio, o en la universidad de la calle.

Pasado el tiempo y liberado de la obligación de tutear por convención, no por convicción, confieso que quedé impedido de por vida para tutear a nadie por física ignorancia.

Como me enredo, decidí irme por la nave del centro  y entonces utilizo una babel idiomática en la que se confunden el tú con el usted, el usted con el vos y  el vos y con el tú. Y todos con todos. Hombre con hombre, mujer con mujer…

El ustedear merece plato aparte porque ese género es todavía más difícil de batutear (=manejar). Muchos paisas que roncamos en Bogotá buena parte de nuestras vidas, somos apátridas en nuestro propio patio pues nos quedamos  sin saber cómo tratar al otro.

Con Dios el asunto ya está  resuelto: le decimos “en vos confío”, y despachado el asunto.