20 de octubre de 2021
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Cualquiera-cualesquiera, agresor, emprendimiento, en aras

Profesor y catedrático, algunos años; rebuscador, otros tantos, y hoy, escritor y defensor ferviente de nuestro hermoso lenguaje castellano.
13 de diciembre de 2016
Por Efraim Osorio
Por Efraim Osorio
Profesor y catedrático, algunos años; rebuscador, otros tantos, y hoy, escritor y defensor ferviente de nuestro hermoso lenguaje castellano.
13 de diciembre de 2016

QUISQUILLAS DE ALGUNA IMPORTANCIA

efraim osorio

Del segundo ejemplo, no menciono la tilde del adverbio de modo ‘aun’, que no la lleva, porque ¿para qué? 

Las coincidencias, ¿o casualidades?, se presentan muy de tarde en tarde. Una de ellas se dio hace poco en nuestro periódico, en la misma semana, con el empleo desacertado del adjetivo indefinido plural ‘cualesquiera’ y de su apócope, ‘cualesquier’ –muy usado en el lenguaje folclórico– por el singular ‘cualquiera, cualquier’.  Los culpables de este desatino fueron, respectivamente, Jorge Eliécer Zapata y el Fraile, que así se despacharon: “…en la pequeña calle casi olvidada de un pueblo cualesquiera…” (Antología de papel, 24/11/2016). “El público traga y le da, indulgentemente, el carácter de ‘hazaña histórica” a  cualesquier actuación aún cuando…” (El Fraile, 27/11/2016). En las dos muestras, el adjetivo se refiere a sustantivos singulares, por lo cual tienen que concordar con él en el mismo número: “…un pueblo cualquiera”, en la primera: “…a cualquier actuación…”, en la segunda. Que recuerden estos columnistas los dos versitos: “No es una vaca cualquiera, es una vaca lechera”. La apócope se usa cuando va antes del nombre, por ejemplo; ‘cualquier vaca, cualquier ternero’. Nota: del segundo ejemplo, no menciono la tilde del adverbio de modo ‘aun’, que no la lleva, porque ¿para qué? ***

El columnista César Montoya Ocampo olvidó que existe el sustantivo ‘agresor’, y sustantivó el adjetivo ‘agresivo-a’ en la siguiente oración: “Vivimos en una legítima defensa permanente. Los agresivos nos cercan, los bandidos…” (LA PATRIA, 24/11/2016). Al sustantivar un adjetivo se altera su categoría gramatical de tal manera que se convierte en sustantivo, por ejemplo, en la frase consagrada de Chespirito “síganme los buenos”. Sin adentrarme en los vericuetos de la sustantivación, diré solamente que en la frase del columnista no cabe esta acción, pues no solamente existe el sustantivo correspondiente, sino que no hay un elemento anterior que la justifique, por ejemplo, cuando decimos “de los asistentes, los agresivos eran los más bullosos”. En la frase del columnista debe usarse el término ‘agresor’, que, aunque es adjetivo (‘agresor-a’), tiene también la naturaleza de sustantivo. O echar mano de un sinónimo como ‘matón’, muy nuestro y muy expresivo. Nota: el adjetivo ‘agresivo-a’ califica también discursos y escritos y frases que implican provocación y ataque, verbigracia, algunas columnas de periodistas –de ambos lados de la barda– que pretenden que todo el mundo piense como ellos. ***

Primero fue ‘emprenderismo’, palabreja a la que me referí en el 2007. Hoy tropecé con su hermanastra ‘emprendedurismo’ (traducción del inglés ‘entrepreneurship’, dice Google) en la siguiente frase del rector de la Universidad de Manizales, el señor Guillermo Sierra S.:“…teniendo en cuenta los propósitos de un emprendedurismo altamente creativo…” (LA PATRIA, 2/12/2016). Ninguna de las dos es castiza, no sólo por su construcción, pues la desinencia ‘–ismo’ no denota la ‘acción del verbo’, sino también por su cacofonía. La palabra apropiada es ‘emprendimiento’. Pero esto lo sabemos todos, menos los ‘innovadores’. En mi nota del 2007 afirmaba que este vocablo, a pesar de ser castizo en un ciento por ciento, no se hallaba en ningún diccionario. Únicamente en la Enciclopedia Espasa-Calpe. Pues bien, hoy ya se encuentra en la última edición de El Diccionario (2014) con esta definición: “1. Acción y efecto de emprender (acometer una obra). // 2. Cualidad de emprendedor”. Por ejemplo, “fulano de tal (se) destaca por su emprendimiento y capacidad”. ‘Emprendimiento’, ¿para qué más? ***

Del mismo columnista, en el mismo artículo, leí esto: “…deben ser acompañados por los gobiernos (…) en aras de que con nuestros proyectos de investigación…”. ¿Por qué o para qué complicar la redacción y su lectura con una locución que, ahí, está desubicada? ¿Por qué no echar mano de la humilde preposición ‘para’ o, si lo prefiere, de la locución ‘con el fin de’? La locución ‘en aras de’ viene de la palabra latina ‘ara’, el altar pagano o piedra en donde se ofrecían los sacrificios a los dioses, por lo cual su significado es ‘en honor o en interés de’, también ‘en beneficio de’, y debe usarse sólo cuando lo que se hace en favor de algo o de alguien entrañe devoción, esfuerzo, sudor, valor, sacrificio, por ejemplo, “todo lo que hizo lo llevó a cabo denodadamente en aras de la patria”. Emplearla de otra manera es pordebajearla. ***

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