Alegato por James
Óscar Domínguez
Señor Zinedine Zidane, técnico del Real Madrid, salud y pesetas, así no le quepa una más.
Usted no sabe quién soy yo. Yo tampoco, pero le quiero hablar de mi paisano James Rodríguez, el apellido más común en Colombia. Recuerde que cuando juega JR jugamos 48millones de colombianos, sin contar los que fueron hechos anoche con pasión y pulso de relojeros. Desairarlo a él es hacerlo con todos nosotros.
Ya me está sacando la piedra con tanta banca para el hombre 10 de Macondo cuya presidente recibirá el Nobel de paz en breve (que la paz no haya llegado es otro cantar). En el partido del sábado contra el Barcelona, vimos a un JR cariacontecido, sin norte, sur, oriente, ni occidente, más aburrido que una cacatúa. De aquello, saltar de cortos al gramado, nanay cucas.
Su persona prefiere a Lucas Vásquez, Isco, Asencio o al juvenil Mariano, que al colombiano. Esto está pasando de castaño a oscuro, Monsieur doble ZZ.
De pronto le permite entrar faltando diez segundos para terminar la jornada balompédica. Tiempo suficiente para que Ronaldo salga aplaudido. James no alcanza a persignarse y ya está de regreso al anonimato del camerino.
Le exijo, don Zizou, como le dicen desde que pateaba el cuero en su Marsella del alma, que deje el “bullying” contra el jugador colombiano más costoso desde que Colón parqueó por equivocación sus carabelas y sus hambreados marineros en playas de San Salvador. En esta moderna trata de blancas que es el fútbol, solo Neymar, Ronaldo y Messi, ganan más que JR.
Me alegró cantidades que hubieran pagado 80 millones de euros por él. Es como si me los hubieran consignado a mí que nací para ser rico sin plata para evitar el estrés.
Mientras le siga decretando el olvido al arte de JR, las arcas del Real no recibirán un solo euro mío por concepto de compra de camisetas, llaveros, medias o condones con la foto del equipo para alebrestar la libido.
Es más, si insiste en ninguniar a JR podría perder a un hincha del Real desde que alineó así en una visita a Colombia: Domínguez (nada tengo que ver con el hombre, mi padre nunca salió del país), Marquitos, Santamaría y Casado, Santiestéfan y Zárraga, Herrera, Rial, Di Stefano, Puskas y Gento.
Por lo pronto, no más contentillo, señor desentejado. Eso de decir que el cafetero es muy bueno, que le aconseja que siga, que es un honor seguir en el Real así sea para irse de tapas en las noches madrileñas, es paja. Fuera adjetivos laudatorios. Más minutos de fútbol, menos piropos inútiles, es la consigna. (Le encimo mi foto en el Maracaná de Rio, para que vaya viendo con quién se está metiendo).
Decía una candidata presidencial, Noemí Sanín, casada con el chapetón (español) Javier Aguirre, que en Colombia a las mujeres les exigen ser vírgenes pero con experiencia. Algo similar está sucediendo con nuestro crac. Si solo lo pone a jugar en los entrenamientos para que haga goles anodinos y se tome selfis con su amigo Ronaldo, ¿cómo quiere?
Su falta de ritmo se viene notando en los juegos de la selección Colombia, donde ha pasado inadvertido. Ha sido uno más. Lo habrían podido cambiar ¿pero quién le pone el cascabel a ese gato de 80 millones? Solo mostró rabietas del niño al que le quitan su juguete. Su fútbol de hoy, y en general el de la selección de Pékerman, no nos llevará a ningún Pereira.
Mejor dicho, a ninguna Rusia donde se jugará el próximo mundial. Si no nos pellizcamos, nos tocará ver el campeonato por televisión mientras acariciamos el felino.
Ahora voy con James: Paisano, ¿usted se embobó o qué? Sus problemas de chequera hasta la vigésima encarnación están resueltos. Coja oficio y dígales a su sacamicas o manager de turno que le busque destino en otro club.
Esa solución la ve hasta un cura ñato y pedófilo. Imite a Falcao que se salió de donde no lo querían y ha retornado a lo que sabe hacer en el Mónaco donde ha vuelto a ese orgasmo del balompié que es el gol (=Eduardo Galeano). Pilas gaguito James, avispate, negro, no jodás.