17 de octubre de 2021
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¡Si se pudo…!

25 de noviembre de 2016
Por mario arias
Por mario arias
25 de noviembre de 2016

Por: mario arias gómez

Mario Arias defUnánime pregón que sirvió de armoniosa cortina a la firma del Acuerdo definitivo de Paz, con base al suscrito el 26 de septiembre, entre el Presidente Santos y el comandante de las Farc, Rodrigo Londoño, alias Timoleón Jiménez, luego que el gobierno resolvió plantar cara -por fin- a los desahuciados: Uribe, Pastrana, Pachito, Ordóñez y Martha Lucía, enemigos acérrimos de la paz, que escamotearon la vocería de 6’422.136 de votantes que se definieron por el NO, y excluyeron los 6’361.762 que se decidieron por el SI. Mentiroso resultado obtenido mediante la alteración y deformación del Acuerdo, de la distorsión de la intención y realidad, de verdades a medias, advertido por tirios y troyanos. Perversión aceptada por el mendaz, Juan C. Vélez, gerente de la sucia estrategia que con total desenfadado reveló sin sonrojarse, paso a paso, mostrándose orgulloso de su hazaña. Autoincriminación en manos de las autoridades, penales y electorales que deberán pronunciarse al respecto.

Viciado logro, carente de legitimidad impulsado por la insolvente cuadrilla de bufones, que la reclaman, para sustentar un supuesto “conejo” al mandato  originado en la reprobación del Acuerdo. Término usado en las casas de lenocinio para señalar a quien se escapa sin pagar los “servicios” de la ajada putica, que en el caso de los caducos vejestorios en comento -faltos del vigor-, salieron de circulación por ausencia de votos. Por extensión  “conejero” se utiliza contra quien engaña o deja con los crespos hechos a quien prometió algo; debió cumplir un compromiso de dar; o no honró un mandato, caso “San Uribe”, que fue elegido para liquidar a “lafar”, luego de reformar el “articulito”, para completar la tarea, y de no haber sido por la valerosa CC de entonces que se enfrentó al ogro chuzador, el pueblo estuviera aguantándose aún al judas de marras.

Su posición no se compadece con la urgencia de atender el llamado de la juventud que solicitó ¡Acuerdo Ya! Dado el enfoque de guerra que el ex mandatario defiende, a luz de la razón, la lógica y a la necesidad inaplazable de reconciliación, no es sostenible, máxime, cuando se trata de la colisión entre hijos de la misma madre patria, desencuentro que exige hacer el máximo sacrificio, a fin de dejar a las nuevas generaciones un país distinto y en paz. Insistir en los ajustes, inviables, por demás al Acuerdo, reclamados sin más, los que -en gracia de discusión- fueran justos, serían inoportunos y dilatorios.

La obligación ética, política y constitucional del Presidente, era y es buscar la paz, que es lo que ha hecho al renegociar -según su leal saber y entender- el nuevo Acuerdo, sin más preámbulo, sin pérdida de tiempo, sin esperar más al testarudo “San Uribe” -ni más faltaba-. «Como jefe de estado -dijo Santos- soy el garante de la estabilidad de la Nación, y mi decisión -firme y democrática- de buscarla, es imparable”. “Como presidente -agregó- conservo intactas mis facultades”, aclaración que hizo la misma noche del dos de octubre.

El maniqueo comportamiento del mesiánico opositor, desmiente sus palabras dichas luego del escrutinio: “Con el resultado de hoy, sabemos que nuestro reto como movimiento político es más grande, y nos requiere más fuertes para construir una paz estable y duradera”. Agregó el muy mentiroso -especie de Anticristo- “estar dispuesto a participar en un gran pacto nacional”, dedicándose enseguida a crear una diabólica atmósfera de pesimismo. “Ángel de la guarda”, que ya triunfante solicitó afanoso,  “protección para ‘lafar’ pidiéndoles cesar todos los delitos”. Quién lo entiende.

Luego de nueve días de intensísimas reuniones, entre Gobierno y las Farc, acordaron este comunicado: «Atendiendo el clamor de los colombianos por concretar su anhelo de paz y reconciliación hemos alcanzado un nuevo acuerdo final«, con el fin de «alcanzar una paz estable y duradera«. El acuerdo «integra cambios, precisiones y aportes de los más diversos sectores de la sociedad y que revisamos uno a uno«. El jefe negociador del gobierno, H. De la Calle, reconoció que, a pesar que anteriormente afirmó que el Acuerdo sometido a plebiscito había sido el mejor posible, “este Acuerdo es mejor en cuanto resuelve muchas críticas e insatisfacciones”. A su vez, el jefe negociador de la guerrilla, Luciano Marín Arango, alias Iván Márquez, agradeció a los países garantes y denominó el nuevo acuerdo como “el Acuerdo de la esperanza” puesto que -afirmó-, “es un poderoso instrumento para la democratización del país”.

Hay que remontarse a la historia para entender la magnitud de la cínica metamorfosis del pérfido belcebú del Ubérrimo, frente a la paz, la que buscó a cualquier precio, la misma que hoy le niega a Colombia, para lo cual, aduce un sinfín de pretextos. El plebiscito fue malo hasta que lo ganó tramposamente, pidiendo ahora se repita y se respete el resultado. El Congreso fue bueno, hoy lo descalifica para aprobar el Acuerdo. Repito, le pasa lo del entusado, no hay disco que le sirva. Farsa que denuncié desde el primer Acuerdo inscrito.

Acuerdo que para satisfacción y beneficio de todos, concluyó el Presidente: «Con este acuerdo logramos poner fin al conflicto armado con las Farc y sentar las bases para la construcción de una paz estable y duradera, más amplia y más profunda. Obtuvimos con la justicia transicional, ajustada y articulada con nuestras instituciones y con el derecho internacional, que las víctimas puedan hacer valer sus derechos a la verdad, reparación, justicia y la no repetición… tendremos garantías más claras para quienes hagan oposición. Les daremos representación en el congreso a las comunidades de las regiones más afectadas por el conflictotener un mejor vivir para nosotros y nuestros hijos. Recalcó que durante los últimos seis años ha estado, incansable, buscando la paz para el país y que hace dos años, en la elección presidencial, los colombianos reafirmaron su decisión de hacer de la paz una prioridad nacional”.

Culminó: «Quiero invitarlos a que dejemos atrás definitivamente décadas de violencia para unirnos, por nosotros, por Colombia, por esta patria querida, y trabajar juntos por la reconciliación, alrededor de ideales compartidos de paz, de convivencia y de respeto. Quiero invitarlos a que veamos en este momento un relámpago de cambio, de transformación que nos permita creer en un mejor mañana, no con la exigencia de lo inalcanzable, sino con la certeza de lo posible. “Recordemos como en la gran obra de Bertolt Brecht queun hombre es un hombre’, que cada vida es sagrada y que toda guerra es una derrota.”

Emocionante, austero e histórico acto que terminó apropiadamente con la interpretación de la cumbia, “VIOLENCIA”, del compositor José Benito Barros Palomino, de El Banco-Magdalena, que cayó como anillo al dedo:

Se oye un llanto que atraviesa el espacio / para llegar a Dios / es el llanto de los niños que sufren / y lloran de temor. / Es el llanto de las madres que tiemblan  desesperación / ese llanto es el llanto de Dios. / Violencia / maldita violencia… / porque no te empeñas / en cultivar la tierra de Dios / porque no permites / que salga nueva oración. / Violencia / porque no permites que reine la paz / que reine el amor, / recuerda que duerman los niños / en cunas sonriendo de amor. / Violencia / porque no permites / que reine el amor…” Que así sea. Amén

Bogotá, noviembre 25 de 2016