19 de octubre de 2021
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¡Cuando el Amor desnuda las Palabras”!

13 de noviembre de 2016
Por mario arias
Por mario arias
13 de noviembre de 2016
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De izquierda a derecha Hernando Salazar Patiño, Jaime Ramírez Rojas, Augusto León Restrepo Ramírez y señora Sonia Londoño, durante una reunión de alto turmequé intelectual en La Suiza de Manizales.

Por: mario arias gómez

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Luego de abrevar los densos y refrescantes versos del sibarita y epicúreo poeta, JAIME RAMÍREZ ROJAS, editados bajo el seductor título, “Cuando el Amor desnuda las Palabras” -cantor nacido en el municipio de Santa Ana de los Caballeros, en la vereda Alsacia, fecundo rincón de bardos-, atractivo poemario, pulcra y hermosamente ilustrado por el sobresaliente delfín, Juan Pablo Ramírez López, -hijo de tigre sale pintado- del que emerge un grito de soledad empollada desde la infancia, incubada en los frenéticos y volátiles años juveniles, anclados en la adultez al lado de la impensada y temida derrota que depara el tiempo.

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Jaime Ramírez Rojas y Augusto León Restrepo

Depurado epítome -para regusto- en su fértil y tranquila tercera juventud, insuflada por la campanuda Divinidad -Elizabeth-, robada de la mitología griega, pródiga y exuberante fuente de inspiración del jovial y exultante vate, la que se entrevé en cada una de las líneas en que perfila su esbelta figura, concatenada a cada uno de los versos sacados del apolillado baúl del olvido, y que luego de pasar por el concienzudo tamiz del tiempo, aparecen rejuvenecidos para que la implacable crítica se ocupe de lo suyo,

Prueba de fuego que dejo a los expertos, lo que le permite a este humilde profano y espontáneo novicio, barruntar con libertad mi profunda emoción, impresión y percepción, inmersas en esta merecida nota lisonjera, referida al bucólico y plácido esfuerzo poético, puesto en mis rugosas manos para deleite. Dulce, encomiástica e idílica obra que expele un resguardado azahar mañanero, que no dudo en calificar de extraordinario, de fina orfebrería, preparado por cotizado artesano que sin simulación acopia su perenne trasegar, suceder y ocultos amores de indistintas etapas de su vida, transcritos lejos del distractor bullicio, de los reflectores mediáticos, hechos e instantes recogidos en silencio, de angustia, de tiempos de congoja, de relámpagos de desconsuelo, de soplos de desazón y desolación, de euforia, gozo y júbilo; de enfermedad o vigor, todo lo cual nutre esta reposada y sazonada recopilación, radiografía de un cultivado, delicado, exhausto, fiel, mimoso y ñoño corazón, que apoya y sostiene a un brillante, excepcional e iluminado amigo-poeta.

Endulzado, pero franco, sincero y veraz prefacio que emocionado hago a la presente antología, luego de diseccionar cada verso, en que aparece gotas de vida, repujadas por la refinada, exquisita e infatigable pluma del admirado y radiante bardo ansermeño, cuya injusta, improcedente e inmerecida  dedicatoria, me sonrojó y ensanchó -lo confieso- el ego, el que al decir de, Jorge Iván Mora: “un aire vertiginoso (me) subió del estómago hasta inflar el pecho”.

Inestimable brindis que a este pobre, senil y humilde provinciano aplasta-teclas, llenó de satisfacción y simpatía, homenaje a quien sin pretensión se esfuerza por registrar su árido paso por un mundo de mierda, de ilusiones fallidas, de amores inconclusos, de tusas, de ingratos amigos. Obcecación que presta de Pablo Neruda, juglar chileno, el título de sus ensalzadas memorias para decir con él, “Confieso que he vivido”. Ya lo dijo G. Marañón: “Vivir no es solo existir, sino existir y crear, saber gozar y sufrir y no dormir sin soñar”. Sueño que en mi caso avanza, sin saber ni preocuparme cuánto tiempo más nos dará la vida, en la certeza -eso sí- que este se agota, razón para tener como único afán, lo dicho por Machado, con la conciencia de que “hoy es siempre todavía».jaime-ramirez-rojas-editado

Cuando el Amor desnuda las Palabras”, paráfrasis que con lenguaje simple y persistente, rigurosidad y visión poética -cual Prometeo encadenado- nos devuelve el ardiente fuego que creímos extinto, al pensar que nadie arde dos veces en el mismo fuego, como igual nadie se baña dos veces en el mismo río, pues todo cambia. Ardor y pasión reencarnados en un profético sentimiento que ronda las intrincadas espesuras del alma, lo cual hace mucho rato nos acosa, siempre en la búsqueda de lo aleatorio, lo incierto, lo inútil, lo negado.

Introspectiva razón que se refugia en el enfoque que da en forma acertada -en mi concepto-, Vicente Huidobro, escritor chileno, pequeño Dios que dice: “Toda poesía válida tiende al último límite de la imaginación. Y no sólo de la imaginación, sino del espíritu mismo”. “Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra; / El adjetivo, cuando no da vida, mata”. “Nuestro cuerpo cruje en el silencio / Como el esqueleto en el aniversario de su muerte / Es para llorar que buscamos palabras en el corazón / En el fondo del viento que hincha nuestro pecho / En el milagro del viento lleno de nuestras palabras.”

Cuando el Amor desnuda las Palabras”, es una provocativa, erótica e incisiva sinopsis de afinadas tonadas, que hurgan y pulsan recónditas fibras; desnudan el espíritu desfalleciente en donde anidan los sentimientos; despiertan la lasitud del ánimo que al decir de Ciorán: “La fatiga conduce a un amor ilimitado al silencio” y “Trémulo de locura, sed de amor en sequía”, avivan imborrables recuerdos de infancia y vivencias de juventud, que dejaron hondas -pero significativas- heridas ancladas en la nostalgia, tatuadas en lo más íntimo del ser y evocadas en la tercera edad, como lo registran los versos del jovial rapsoda, heraldo de nuestro tiempo pretérito, cuyas huellas espero que nunca se borren. Poemas cuya lectura dejó absorto a este abuelo cano, forzado al reino del olvido, llevándolo a inquirir -sin falsa neutralidad-  “por todo lo nuevo que ya no hay”. “¿Quién seré cuando amanezca? “¿Seguiré siendo libre como los pájaros?”

Cuando el Amor desnuda las Palabras”, permite retocar el pasado, “con la complicidad de un sol rojo de verano”, que “aedas exhaustos”, disfruté en su compañía en la Francia, germen de las añoranzas presentes, milagroso bálsamo alivio de abandonos, aislamientos, ingratitudes, penas, soledades y tristezas, catarsis purificadora de un alma rota, de la que para solaz laborioso extraigo de su texto estas cultivadas perlas: “Por la desolación que estoy pasando”. “Amo lo elemental: amo las cosas /de pretérita infancia, alucinada”. “Mi alma es un desierto sin tu amor vida mía /y mis arterias rotas son túneles de espanto: /me he sentido tan solo sin tu voz, sin tu risa… /sin ese aliento tuyo que es fuerza de mi canto…”, “parece que mi alma fuera  un fardo vacío”… “hasta el fuego que arde  en mi alma sensitiva”/me dictan estas palabras para el amor incierto /que ha llegado en tus pasos llenándome la vida”. “Has llegado como te esperaba: / serena, elemental y delicada /para darte mi amor inusitado”. “Para llenar tu espejo de ternura /tiendo mi piel sobre tu piel dorada /agitando mi sangre de guerrero /en tu arena de mar y tu boca de agua”. “Estaré en ti como tú estás conmigo /cuando el amor desnuda las palabras. /“Estos serán los últimos versos de mi vida”, “sueños oceánicos”. Lectura que es una verdadera delicia para los amantes de la poesía, porque al adentrarse en su esencia parece que saliera de su núcleo una refrescante bocanada de aire del terruño entremezclado con olores de azalea y sabores de dulces de la abuela cargados de aromas de la patria chica. Arte máximo que es el de la poesía, musicalizada con la maestría del manejo de la palabra, afinada con el contacto con la vida, savia que la enriquece tal como a los árboles que la extraen de la tierra.

Felicitación poeta por el empenachado regalo que le entregó a la sociedad inquieta y sensible, testamento de una vida tejida con frenesí, con “lazos de utopías en largas jornadas de bohemia”, de tertulia filosófica, literaria y política, a la luz de la luna, siempre al calor de espirituosos vinos en que compartimos “goces sublimes de amores precisos, unos, y eternos otros” y “dejos melancólicos enaltecidos en el acierto del verbo, en el uso musical del adjetivo, y en la inspiración de esa belleza instigadora de los sentidos” que nos permitieron, ”amar retratos desnudos bellamente codiciosos”, hoy “con mirada de cansancio”, ya como tortura, ya como aventura, como bien los dices.

Bogotá, noviembre 13 de 2016