Los enemigos de la paz no duermen
Por: Jesús Helí Giraldo Giraldo
El 2 de octubre de 2016 pasará a la historia como otra frustración para la paz de Colombia. Primero fue en 1982 cuando el presidente Belisario Betancur trató de iniciar un proceso de paz, y llevar a cabo reformas de carácter político para realizar diálogos con las guerrillas y otros grupos ilegales, con el fin de alcanzar una paz negociada y ponerle fin al conflicto armado.
Para ello nombró a Otto Morales Benítez como presidente de la Comisión Nacional de Paz. Al aceptar el cargo, Otto manifestó: “La paz es obligación de todos los colombianos y por alcanzarla debemos luchar sin que nadie se sienta al margen. No solo es un deber del gobierno. Es también una tarea de todos”.
Sin embargo, después de reunirse con las Farc se presentaron las dificultades para la implementación de los acuerdos. Los enemigos de la paz estaban vigilantes y no le permitieron seguir adelante, por lo cual el Dr Otto Morales tuvo que renunciar expresando “los enemigos de la paz están agazapados por dentro y por fuera del gobierno” y añadía que “esas fuerzas reaccionarias en otras épocas lucharon como hoy contra la paz”.
Yo recuerdo experiencias personales en esa época, por ejemplo al visitar una zona ganadera, el propietario de la finca me advirtió, al llegar a la zona, que si era amigo del gobierno de Belisario Betancur no fuera a hablar nada por allí porque le gente odiaba al presidente al cual calificaba de comunista.
Y la paz de promovida por Belisario se frustró.
Más tarde vino otro proceso de paz en el gobierno de Andrés Pastrana. Este diálogo avanzó demasiado con las Farc. Y también fueron señalados el presidente y el negociador, como amigos del comunismo, encontrando enfrentamientos y rechazos de toda índole, manifestados principalmente cuando intentó negociar, simultáneamente con el ELN. A esto se sumaron los errores de las Farc al no cesar sus ataque a la población civil y continuar con todo su accionar guerrillero
Y la paz promovida por Pastrana se frustró.
Y ahora, el 2 de octubre de 2016 asistimos a otra frustración. Después de 4 años de diálogos en la Habana entre los comisionados del gobierno y de las Farc, después de alcanzar la disposición por parte del grupo armado de dejar las armas y someterse a la vida civil, firmar entre las partes un convenio, en el cual es digno de resaltar el plan para desarrollar las zonas campesinas, aplicando una reforma rural integral con un enfoque territorial, es decir beneficiando a las zonas más deprimidas, azotadas por la violencia, el narcotráfico o la pobreza extrema, se despertó de nuevo la esperanza.
Luego viene la aprobación final el 26 de septiembre, al ser firmados los acuerdos entre el Presidente de Colombia y el Jefe máximo de las Farc, en Cartagena, ante representantes de la comunidad internacional y de las víctimas.
Faltaba la refrendación definitiva en el plebiscito del 2 de octubre. Pero los enemigos de la paz seguían despiertos y al acecho. Ya no fue el comunismo el enemigo sino el “socialismo del siglo 21” y “el castrochavismo”, con esos sofismas de distracción se asustó a las masas y, convencidas y temerosas, éstas salieron a oponerse al Sí al plebiscito.
Y la paz promovida por Santos se frustró.
Bogotá, octubre 3 de 2016.