19 de junio de 2019
Aguas de Manizales. Banner junio de 2019

Educación superior: motor del posconflicto

Ingeniero electricista y abogado, vicerector de la Universidad Nacional de Colombia Sede Manizales.
30 de octubre de 2016
Por Camilo Younes Velosa
Por Camilo Younes Velosa
Ingeniero electricista y abogado, vicerector de la Universidad Nacional de Colombia Sede Manizales.
30 de octubre de 2016

Camilo Younes Velosa

camilo-younesEn relación con el álgido debate sobre los acuerdos de paz con la guerrilla de las FARC y su eventual modificación, a raíz de la debacle del plebiscito, hay un asunto que no se escucha ni por parte de los amigos de lo pactado, ni por los partidarios de modificarlo y está relacionado con un fundamental derecho y es el acceso a la educación superior de calidad (ESC).

El acceso a la ESC ha sido remarcado permanentemente por diferentes analistas y estudiosos de los fenómenos económicos y del progreso social como uno de los más importantes impulsores del desarrollo, herramienta para recortar las brechas sociales y dinamizador como ninguno de los procesos necesarios para salir del subdesarrollo.

Es por lo menos paradójico que permanentemente estemos invocando (TODOS) la necesidad y la voluntad de construir una paz estable y duradera, pero en ningún escenario se aborda el problema de la educación superior como catalizadora de este anhelo que tenemos los colombianos.

Por esto quisiera resaltar un ejemplo a propósito del sesquicentenario de mi Alma Mater, la Universidad Nacional de Colombia, de cómo el apoyo político y decidido al fomento de la educación superior de calidad puede ser verdaderamente la locomotora que nos permita salir del conflicto y entrar finalmente a la modernidad, con 200 años de atraso.

En 1859 el Congreso de los Estados Unidos de América aprobó la llamada Ley Morrill que fue vetada en su momento por el presidente James Buchanan; después de unas enmiendas fue nuevamente aprobada en 1861 y firmada por el presidente Abraham Lincoln el 2 de julio de 1862.

Esta Ley creó las llamadas Land-Grant Universities, con la cual el Gobierno Federal le entregaba a los Estados elegibles 120 km2 de tierras para constituir universidades donde se enseñara principalmente ingeniería y agricultura. La gran mayoría de universidades fueron creadas en las bien conocidas ciudades universitarias que, además, dinamizaron económicamente ciertos lugares del país y le entregaron educación superior de calidad a los habitantes de los Estados beneficiarios, principalmente los más apartados y marginados.

Fue precisamente en ese entonces que se desató la famosa guerra de secesión de los estados confederados; la posguerra de esta confrontación que enfrentaba dos modelos económicos: feudal-esclavista vs capitalista-libertario (parecida a nuestra actual realidad), fue precisamente esta última la receptora y beneficiaria de dicha Ley que dinamizó como ninguna otra política pública el desarrollo social y económico del país del norte.

Podemos afirmar que los avances que tienen los Estados Unidos de América en aspectos relacionados con su liderazgo indiscutible a nivel mundial es en gran medida gracias a que son una potencia agrícola y de desarrollo tecnológico basada en ESC. Hoy hay 106 instituciones bajo esta categoría en Estados Unidos, la mayoría adquirieron la categoría de públicas, pero también hay instituciones privadas beneficiarias tales como Cornell o MIT.

Hoy que estamos en la discusión más importante de nuestra historia reciente, quienes aún creemos que el proceso de paz puede terminar con un acuerdo a pesar de las mezquindades de muchos y que por fin podremos entrar a la modernidad social, política y económica, debemos reflexionar y aprender de ejemplos desarrollados en otras latitudes.

Hay muchos lugares apartados y carentes de educación superior y mucho menos de calidad, donde se desarrolla principalmente el conflicto armado, que merecen ser receptores de políticas públicas serias de educación, pero de la manera más increíble las discusiones de hoy giran sobre los problemas del pasado y no se plantean políticas con miras al futuro.

Una Ley Morrill a la colombiana debería ser implementada como eje central y estratégico para el desarrollo tecnológico y agropecuario de Colombia y para la construcción de una verdadera paz estable y duradera.

 

Profesor Titular

Universidad Nacional de Colombia

@CamiloYounes