19 de junio de 2026

Codicia de los mayores interfiere libre desarrollo de la personalidad de los niños

13 de septiembre de 2016
Por Jesús Helí Giraldo Giraldo
Por Jesús Helí Giraldo Giraldo
13 de septiembre de 2016

Jesús Helí Giraldo Giraldo

jesús heli giraldo“Debemos negarnos a ser esclavos de la codicia que nos impulsa a dominar a los demás. Debemos estimular en nosotros el arte de dar, y desarrollarlo hasta que con su sacrificio lave cualquier huella de acción adversa.”  Dr. E Bach

“Toda interferencia en el desarrollo de la personalidad es un atentado a la individualidad”, decía el Dr. Bach. Por esta razón creyó que la labor encomendada a padres y educadores era una misión muy delicada. El papel de orientadores y conductores puede adquirir matices perjudiciales que marcan a las jóvenes personalidades para siempre, sin olvidar que ambos son capacitadores de la niñez y la juventud en su proceso evolutivo durante sus primeros años en la tierra.

Los mayores debemos entender que el niño es un alma individual venida al mundo a adquirir su propia experiencia y conocimientos a su manera, necesitando toda la libertad posible para seguir los dictados de su ser superior. Los padres y educadores deben estar dispuestos a cumplir el papel divino que les ha sido asignado, comprometiéndose a ofrecer a los niños sólo amor, cariño, guía y respeto, sin esperar retribución alguna. Enseñarles el amor y cuidado de la naturaleza, a ser sinceros, responsables y solidarios, a cultivar valores como la paz, el cuidado del medio ambiente, a ser considerados con los demás, no hacer trampas y estar ocupados siempre en algo útil.

Sobre todo, hay que propiciar en los niños la independencia, la libertad y la individualidad para que puedan ser ellos mismos, sin imposiciones que tergiversen los dictados de su alma, los cuales en el ser infantil son únicos y personales, establecidos por el Creador para identificar una personalidad y justificar la creación de un nuevo ser.

A los niños no debemos obstaculizarles su trabajo ni la forma de vida que a su alma individual han sido asignados. El amor y la libertad son los mejores instrumentos de la formación infantil y deben reflejarse en todas las experiencias, principalmente en el juego, el cual es la constante en los primeros años.

En las actividades lúdicas, el niño, pone toda su pasión, por tanto debe valorarse y estimularse para encender el fuego que incentivará posteriormente su proyecto de vida. Si el niño sabe que en el amor, en la libertad y en los juegos tiene que sujetarse a unos límites propios de la vida, no impuesto por nadie, sino que son implícitos a la convivencia, crece en armonía, y la convivencia será más positiva.

El niño, una vez adquiere la capacidad de avanzar por sí mismo, requiere de la comprensión y aceptación por parte de sus progenitores y maestros para cumplir libremente su misión. Así, los adultos aprenderemos de la enseñanza que la sabiduría infinita nos envía a través de él y entenderemos que el niño vive un proceso de cambio constante. A medida que crece, el niño, necesita más libertad para desarrollar su tarea con su propio juicio, inteligencia y discernimiento, sin interferencias ni restricciones. Éstas sólo buscan, en forma egoísta, moldear una personalidad repetidora de conductas ajenas, copias humanas hechas a imagen y semejanza de los mayores, quienes imponen deseos e ideas en un afán egoísta y controlador, impidiendo a la joven personalidad su contacto auténtico y personal con el mundo.

Los jóvenes necesitan sólo consejo y protección para aprender las cosas del mundo y de la vida, luego hay que dejarlos avanzar por sí mismos sin la codicia que nos lleva a querer controlarlos y manipularlos, irrespetándoles la libertad de escoger lo que más conviene a su dinámica vital. La actitud codiciosa nos hace esclavos del poder y subyugamos con ella a los demás, generalmente a seres impotentes que sufren el exceso de autoridad.

Lo más grave es que estos modelos de conducta codiciosa se aprenden y replican, los niños adquieren esta manera de proceder y empiezan a ejercerla contra sus hermanitos menores o sobre los más débiles, generando un ambiente social nefasto para la convivencia por las discrepancias hostiles, enfrentamientos y peleas que provocan las actitudes codiciosas y el afán de poder.

Maestros y padres debemos recordar que somos agentes temporales, a quienes la vida asignó la más digna misión pero la mayor responsabilidad, consistente en el privilegio divino de ayudar a las nuevas personalidades en el tránsito de sus almas por la tierra.

La equivocada interpretación del papel de padres, incluidas también las madres, convierte a los hogares en campos de batalla y sufrimiento donde se impone la ley del más fuerte. Múltiples hogares viven las injusticias, los atropellos y el sufrimiento callado de la madre e hijos, sometidos a la dictadura y tiranía impuestas por un déspota, codicioso y enfermo de poder que hace del hogar una cárcel de maltrato. En algunos casos es la madre quien también actúa en forma codiciosa.

La falta de libertad en la casa impide el desarrollo natural de la vida y bloquea la inteligencia, generando enfermedades físicas, mentales y emocionales, que afligen y hacen infelices a sus moradores.

Las batallas al interior del hogar hay que librarlas con inteligencia y estrategia defensiva, con técnica creativa, como los buenos jugadores de fútbol que saltan al campo de juego con la intención de ganar el partido haciendo esguinces y anotando goles, compartiendo con el resto de compañeros la pelota con el único objetivo de salir felices por hacer parte de un equipo victorioso.

Este es el tipo de batallas que puede librarse en un hogar sano, evitando cada uno el dominio adverso y el control de sus parientes, mediante un tipo de juego técnico, creativo, inteligente, estratégico y constructivo en un proceso amoroso de aprendizaje y enseñanza constante. Escudados en el valor y la fe, ajenos a toda clase de temores, completamente confiados en la victoria, los integrantes del hogar se convierten, de esta forma, en constructores de bienestar y la vivienda familiar en un ambiente de armonía.

“Aquellos que son dominantes requieren mucha ayuda y consejos para poder realizar la gran verdad universal de la Unidad  y para entender la alegría de la Hermandad”.  Dr. Edward Bach.

Libro: Flores de Bach y equilibrio emocional, Jesús Helí Giraldo Giraldo